Luis Gilberto Murillo: un hijo del Chocó que Colombia aún no termina de comprender. Por :Olga Garcés |

Olga Garcés | Analista Política
Mayo 13, 2026

Resulta profundamente asombroso ver cómo algunos chocoanos lanzan ciertas expresiones sobre Luis Gilberto Murillo. Asombra porque esas palabras suelen venir precisamente de quienes deberían sentirse orgullosos de que un hombre nacido en el Chocó haya llegado tan lejos, con dignidad e inteligencia.

A veces pienso que Murillo nunca debió ser gobernador del Chocó. No porque no tuviera las capacidades, sino porque atreverse a soñar con transformar una tierra históricamente abandonada terminó convirtiéndolo en blanco de críticas desmedidas, juicios permanentes y exigencias que jamás se les hicieron a muchos otros.

Y es ahí donde cobra sentido aquella frase que atraviesa generaciones: nadie es profeta en su tierra.

Porque en Colombia, y particularmente en nuestras regiones, todavía existe una enorme dificultad para reconocer el mérito cuando nace cerca de nosotros. Nos cuesta celebrar al que sobresale. Nos incomoda el liderazgo cuando rompe los límites que históricamente nos impusieron.

Quienes conocemos a Luis Gilberto Murillo sabemos que detrás del funcionario y del diplomático existe un ser humano excepcional: sencillo, amable, disciplinado y profundamente preparado. Murillo no improvisa el país; lo estudia, lo entiende y lo camina. Es de esos hombres que hablan con conocimiento, pero también con experiencia de territorio.

Hay líderes que hacen ruido y otros que construyen. Murillo pertenece a los segundos.

Camina con serenidad, pero también con firmeza. Tiene la tranquilidad de quien no necesita demostrar nada y la determinación de quien sabe exactamente hacia dónde va. Los años no parecen pesarle porque hay personas a las que el tiempo no envejece: las fortalece.

Como afrocolombiana y chocoana, siento orgullo cuando veo a Luis Gilberto Murillo ocupar espacios de representación nacional e internacional. Porque cuando él aparece en esos escenarios, no llega solo. Con él llegan décadas de lucha de comunidades afrodescendientes que han tenido que abrirse paso en medio de la exclusión, el racismo y el olvido estatal.

Por eso Murillo no puede reducirse únicamente a un nombre propio. Él representa una generación de afrocolombianos preparados, capaces y comprometidos con transformar este país desde el conocimiento y no desde el resentimiento.

Resulta injusto, además, que sobre sus hombros quieran depositar toda la deuda histórica que Colombia tiene con el Chocó. ¿Acaso el abandono comenzó con él? ¿Dónde están las responsabilidades de tantos dirigentes que pasaron sin dejar huella? La severidad con la que algunos juzgan a Murillo rara vez se aplica a otros actores políticos.

Hoy algunos intentan descalificarlo llamándolo “conveniente”. Lo criticaron cuando aspiró a la Presidencia y muchos guardaron silencio cuando más necesitaba respaldo. Ahora lo cuestionan por tomar posición política y respaldar un proyecto que considera coherente con su visión de país.

Pero en política también hay algo llamado coherencia.

Y un hombre que viene del territorio, que conoce las heridas profundas de Colombia, entiende que este no es tiempo para egos ni fragmentaciones. Es tiempo de construir consensos, defender la vida y apostar por una nación más unida.

Tal vez el problema de Luis Gilberto Murillo es que Colombia aún no termina de comprender la dimensión de lo que representa: un hombre negro, del Chocó, preparado, respetado internacionalmente y con la capacidad de pensar el país más allá de las pequeñas disputas regionales.

Y eso, para muchos, sigue siendo incómodo.

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