Quibdó no puede reconstruirse para volver al pasado. Del terremoto del Eje Cafetero al Plan Marshall del Chocó: una oportunidad para volver a planear la ciudad. Por: Andrés Mauricio Palacios Rivas


El terremoto del 10 de agosto dejó al Chocó frente a una de las mayores tareas de reconstrucción de su historia reciente. Pero también nos puso frente a una pregunta que no podemos evadir:
¿Vamos a reconstruir lo que teníamos o vamos a aprovechar esta oportunidad para construir el territorio que necesitamos? Una pregunta que hemos insistido en varios escritos, pero que aún no encontramos respuestas de fondo. La diferencia parece sencilla, pero es enorme. Reconstruir significa reparar viviendas, vías, escuelas, hospitales y equipamientos afectados. Mientras transformar significa preguntarnos por qué llegamos hasta aquí y qué debemos cambiar para que, dentro de algunos años, no estemos enfrentando nuevamente los mismos problemas.


Por eso creo que Quibdó necesita recuperar algo que durante años hemos ido perdiendo: la cultura de la planeación. Y para hacerlo tenemos experiencias de las cuales aprender.


El Eje Cafetero nos dejó una lección
Cuando ocurrió el terremoto del 25 de enero de 1999, el Eje Cafetero enfrentó una emergencia de enormes dimensiones. El desastre afectó varios departamentos, decenas de municipios, más de cien mil inmuebles y cientos de miles de personas. algo muy parecido con la realidad de hoy, la respuesta del Estado no se limitó a reparar viviendas, se creó el Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero –FOREC, con un esquema institucional especial para coordinar la reconstrucción física, social y económica.

El Plan de Reconstrucción del Eje Cafetero planteó desde entonces algo que hoy debería ser una referencia para el Chocó: la reconstrucción debía tener integralidad, coordinación entre los niveles nacional, regional y local, participación de actores públicos y privados y una orientación hacia el desarrollo sostenible.

El caso de Pereira resulta particularmente interesante. La reconstrucción no terminó simplemente en volver a levantar edificios. Con el paso del tiempo, la experiencia dejó importantes aprendizajes sobre gestión del riesgo, planificación, fortalecimiento institucional y necesidad de incorporar la reducción del riesgo a los procesos ordinarios de desarrollo municipal. Una investigación sobre la experiencia de Pereira entre 1999 y 2009 precisamente estudió los avances, dificultades y aprendizajes institucionales derivados del proceso de reconstrucción. Y algo que está ocurriendo hoy en Pereira resulta todavía más revelador. Después de su propio terremoto, la ciudad está discutiendo nuevamente cómo reconstruir sin sacrificar la planeación: actualización del POT, control urbanístico, seguridad de las edificaciones, protección ambiental, manejo del suelo y participación ciudadana.

Incluso desde el Concejo de Pereira se ha planteado expresamente que la coyuntura debe servir para construir una ciudad diferente y no limitarse a reconstruir lo que existía antes del terremoto. Hoy también grave mente afectada y que poco a poco se levanta, en una conversación con habitantes de Pereira manifestaba “aunque fuimos gravemente afectados especialmente en el centro de la ciudad, nosotros confiamos en el liderazgo de nuestro alcalde y el sector empresarial, estaremos mucho mejor que antes”. Esa debería ser una lección para Quibdó.


No podemos volver al 9 de agosto
Quibdó ya tenía problemas antes del terremoto, los cuales eran imposibles de ignorar como son: Déficit de vivienda, Déficit de infraestructura, Problemas de servicios públicos, Crecimiento urbano desordenado, Ocupación de zonas vulnerables, Debilidad institucional, Pobreza, Desempleo, Problemas de movilidad, Dificultades en la prestación de servicios, Vulnerabilidad ambiental. Entre otros, el terremoto no creó esas dificultades, las hizo más visibles y, en algunos casos, las profundizó.


Por eso reconstruir exactamente bajo las mismas condiciones sería desperdiciar una oportunidad histórica. La propia gobernadora del Chocó Nubia carolina Córdoba, ha planteado públicamente que el departamento no puede volver al 9 de agosto y que la reconstrucción debe superar los déficits que ya existían antes del terremoto. Ese debería ser también el principio para Quibdó.

El Plan Marshall es una oportunidad, pero necesita territorio
El Gobierno Nacional ha anunciado un denominado Plan Marshall para el Chocó, con una apuesta por concentrar esfuerzos en grandes proyectos de infraestructura, conectividad, energía, actividad económica y generación de empleo. El Gobierno ha dicho expresamente que no quiere multiplicar pequeñas iniciativas dispersas, sino establecer grandes prioridades, asegurar recursos y hacer seguimiento a su ejecución. Esta orientación es importante. Pero precisamente por eso debemos hacer una pregunta:

¿Cuál es la visión territorial que articula esas grandes inversiones?
Porque una cosa es tener grandes proyectos y otra muy diferente es tener un modelo de desarrollo territorial en el que esos proyectos tengan sentido.
El anuncio del Plan Marshall contempla, entre otras iniciativas, el Malecón de Quibdó y un programa de capital semilla para 1.000 emprendedores afectados por el terremoto. Son iniciativas importantes, pero Quibdó necesita saber cómo se conectan con su ordenamiento territorial, con la vivienda, con la movilidad, con los servicios públicos, con la economía local, con el río Atrato, con el turismo, con la protección ambiental y con la generación de empleo. Una obra no transforma por sí sola una ciudad. La transforma el sistema de decisiones que existe alrededor de ella.

¿Dónde está Quibdó en esta gran apuesta?
Esta es una pregunta que debemos formular con respeto, pero también con claridad. Quibdó es la capital del departamento, concentra buena parte de la población, las instituciones, los servicios, la actividad económica y la conexión territorial del Chocó.
Sin embargo, en una estrategia que pretende transformar estructuralmente al departamento, Quibdó necesita tener un mayor protagonismo como ciudad y como territorio de planificación. No se trata de reclamar más obras para la capital por encima de los demás municipios. Se trata de reconocer que transformar el Chocó también exige transformar estratégicamente a Quibdó. Y para ello necesitamos definir qué ciudad queremos construir. ¿Queremos que Quibdó siga creciendo de manera horizontal y desordenada?, ¿Dónde vamos a ubicar la nueva vivienda?, ¿Dónde estarán las zonas de expansión?, ¿Qué sectores deben ser protegidos?, ¿Qué barrios requieren renovación urbana?, ¿Cómo vamos a resolver los problemas de movilidad?, ¿Cómo vamos a garantizar servicios públicos adecuados?, ¿Qué infraestructura necesita la ciudad para convertirse en un centro de servicios del departamento?, ¿Cómo aprovecharemos el río Atrato?, ¿Cómo conectaremos la ciudad con la economía regional?, ¿Cómo convertiremos la biodiversidad en oportunidades económicas?. Estas preguntas no pueden responderse proyecto por proyecto. Necesitan planeación.

La Ruta Q nos dejó una base que no deberíamos olvidar

Hace más de una década, Quibdó tuvo una experiencia de planeación que merece ser recuperada y actualizada: la denominada Ruta Q, formulada durante la administración de Zulia Mena. Aquella visión hablaba de Quibdó MIA, Ciudad ECO y Economía BIO. Era una propuesta que buscaba reconocer la identidad cultural, proteger el ambiente, aprovechar la biodiversidad, fortalecer la educación y construir una economía relacionada con las potencialidades del territorio. Hoy no necesitamos copiar aquella propuesta. Necesitamos evolucionarla. Porque el Quibdó de hoy enfrenta desafíos diferentes y, después del terremoto, tiene una oportunidad que no existía hace algunos años.


Podríamos hablar entonces de una:
Nueva Ruta Q 2040 – Reconstruir para transformar
.
Una visión de ciudad que combine:
Quibdó MIA + Ciudad ECO + Economía BIO + Territorio Planificado + Ciudad Resiliente.

Mi investigación también plantea una respuesta
En mi investigación de maestría sobre una propuesta metodológica para un Plan de Ordenamiento Territorial Sostenible de Quibdó planteé precisamente la necesidad de fortalecer la capacidad institucional, construir información confiable y desarrollar herramientas que permitan tomar mejores decisiones sobre el territorio.
La investigación propuso, entre otros elementos, un sistema de información territorial y un observatorio de planificación y ordenamiento sostenible. Hoy esos planteamientos cobran mayor importancia. Porque la reconstrucción necesita saber: qué se dañó, dónde se dañó, por qué ocurrió, qué puede reconstruirse, qué debe reforzarse, qué debe reubicarse y cómo esa decisión se conecta con la ciudad que queremos construir. No podemos tomar esas decisiones sin información.

La reconstrucción necesita una hoja de ruta
Por eso considero que Quibdó debería construir un Plan Maestro de Reconstrucción y Transformación, articulado con el Plan Marshall del Gobierno Nacional, el Plan de Desarrollo Municipal, el POT y los instrumentos departamentales.
Ese plan debería establecer:

  1. Un diagnóstico integral del territorio.
  2. Un mapa de afectaciones y riesgos.
  3. Una estrategia de vivienda y reasentamiento.
  4. Una estrategia de infraestructura pública.
  5. Una estrategia de servicios públicos.
  6. Una estrategia de movilidad y espacio público.
  7. Una estrategia de recuperación ambiental.
  8. Una estrategia de reactivación económica y empleo.
  9. Una estrategia de educación y formación para el trabajo.
  10. Un sistema público de seguimiento de recursos, proyectos y resultados.
    Y todo esto con participación efectiva de las comunidades.
    No necesitamos más improvisación
    La emergencia exige rapidez. Pero rapidez no significa improvisación.
    De hecho, una emergencia es precisamente el momento en que más necesitamos planeación.
    Pereira nos enseña que reconstruir después de un terremoto puede convertirse en una oportunidad para revisar el modelo de ciudad, fortalecer la gestión del riesgo y actualizar los instrumentos de planeación.
    El Chocó tiene ahora su propia oportunidad. El Gobierno Nacional ha puesto recursos y ha planteado una estrategia de reconstrucción. El sector privado ha comenzado a participar. Las instituciones territoriales están enfrentando uno de los mayores desafíos de su historia reciente. El país está mirando nuevamente hacia el Chocó. Pero debemos tener claro algo: los recursos no reemplazan la planeación. Una gran inversión mal localizada puede convertirse en un problema, una buena obra aislada puede perder impacto, un proyecto sin articulación puede convertirse en otro esfuerzo que no transforma estructuralmente el territorio.
    El alcalde cambia, la ciudad permanece
    Esta debería ser una regla de oro, Los gobiernos pasan, Los alcaldes pasan, Los secretarios pasan, Pero Quibdó permanece.
    Por eso necesitamos una visión que vaya más allá de un período de gobierno. Una visión que permita que cada administración aporte a una construcción colectiva y no empiece nuevamente desde cero. El Plan Marshall puede ser una oportunidad para financiar grandes transformaciones. La reconstrucción puede ser una oportunidad para corregir vulnerabilidades.
    La Ruta Q puede aportar una visión de ciudad, y la planeación territorial puede convertirse en el puente que articule todas esas oportunidades. Así que debemos plantearnos esta pregunta ¿Cómo queremos que sea Quibdó dentro de 10, 15 o 20 años?

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