BOGANDO POR EL MALECÓN QUE QUEREMOS. Por: Fundación Beteguma

Después del desastre causado por el sismo ocurrido el pasado 10 de agosto, cuando lo mediático baja de intensidad, llega un espacio de tranquilidad donde se hace necesario evaluar las soluciones planteadas como alternativas para dinamizar la economía de la ciudad, entre las que
se propone la construcción del “Malecón gastronómico” o “Malecón espejo” ubicado en la ribera occidental del rio Atrato aguas abajo del barrio Bahia Solano, idea que sin estudios previos, diseños urbanos y arquitectónicos, gestión ambiental, diseño de manejo de residuos sólidos, medio de transporte o propuesta paisajística, se convirtió, por los afanes que generó el desastre en un proyecto que pretende impulsar el turismo, el empleo y la economía local. Es importante y muy necesario que la planificación se realice acorde con las dinámicas propias de la gente y del agua, una buena gestión depende de no desconocer la historia, comprender las realidades socio-culturales y las dinámicas ecosistémicas.

Los Quibdoseños, por temor a la crítica, hablan de este tema de dientes para afuera y no quieren comprometerse en la discusión de un proyecto que es de especial importancia para la ciudad, postura que no comparte la Fundación Beteguma que considera necesario abrir el debate visibilizando su inconveniencia y recordando las bondades de una idea jalonada por la Fundación, que después de estudios –diseños, socializaciones y construcciones de las Etapas 1 y 2 de la obra, se convirtió en uno de los proyectos de mayor importancia para el desarrollo de la ciudad, “EL MALECON DE BOCA A BOCA”, que concibe un espacio como una iniciativa de desarrollo e infraestructura comunitaria articulada con las comunidades locales, particularmente
ligada a la renovación urbana de la ciudad partiendo del río Atrato.

“El Malecón que Queremos” es una iniciativa ciudadana que surgió en octubre de 1999, con doce organizaciones de la sociedad civil, en una propuesta para generar identidad y autonomía cultural; desde su diseño urbano con su Plaza de San Francisco, mirador turístico y centro
artesanal (Mercado), plazoleta de la palabra y escultura a la Paz, la gestión de recuperación de La Yesca y El Caraño y la Rehabilitación espacial de dos barrios San Vicente y Kennedy. La misma que logró la declaratoria de patrimonio paisajístico de Quibdó en el POT, Acuerdo 09 de
2002, artículo 376 y 387 y que soportamos durante 20 años en tres Encuentros Ciudadanos.

Este Malecón tiene tres intervenciones a lo largo de sus 1320 metros diseñados de Boca a Boca, por el Proyecto de renovación urbana Malecón – Alameda Turística y su área de influencia del Parque Centenario y el Manuel Mosquera Garcés, realizado por FONTUR y la firma Cabal Arquitectos en el año 2013. Igual, se complementa con las disposiciones del Plan Parcial formulado por la Sociedad de Arquitectos. Todos estos son motivos para invocar se cumplan “los
principios del ordenamiento físico, en cuanto al fomento de la concertación de los intereses sociales, culturales, económicos y ambientales, mediante la participación de los pobladores y sus organizaciones” (Artículo 4, ley 388 de 1997).

El presidente de la República se ha comprometido en saldar la deuda social que tiene la nación con el Chocó y en este contexto es conveniente recordar lo establecido en la Ley 31 de noviembre
3 de 1943 expedida en la segunda presidencia del doctor Alfonso López Pumarejo “Por la cual se asocia la Nación a la celebración del tercer centenario de la fundación de la ciudad de Quibdó, capital de la Intendencia del Chocó” que establece en su artículo 2 “Con ocasión de la mencionada efemérides, la Nación asume desde ahora el acondicionamiento del puerto de Quibdó y la construcción del malecón a que haya lugar; el costo total del alcantarillado y de las obras de relleno o desecación de la misma ciudad; la construcción del aeródromo y la de
una central hidroeléctrica que suministre fuerza y luz a la ciudad y a las poblaciones vecinas”.
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Y que mejor obra para iniciar a saldar la deuda social que continuar las construcciones del Malecón de Quibdó, el puerto multimodal, e iniciar el traslado de la plaza de mercado al barrio Los Álamos como se tiene contemplado, como primera etapa de la Central de abastos, proyecto
que cuenta con estudios de la administración municipal y obliga a la terminación del puente sobre la quebrada el Caraño (ya financiado) y construcción de las vías de acceso incluyendo la más
importante, la vía circunvalar que permitirá organizar el tránsito pesado en la ciudad.
La reubicación de la plaza de mercado le dará la dignidad negada y que tanto merecen las vendedoras, al permitirles ofrecer sus productos en condiciones higiénicas implementando un plan integral enfocado en la adecuación de la infraestructura, la ergonomía, la capacitación continua y la correcta gestión de los residuos y viabilizará que en el espacio actual se construya un mirador turístico y centro artesanal, que podría incluir una plaza gastronómica (POT- artículo 415, numeral c, un nuevo tipo de comercio).

La construcción de esta etapa de “El Malecón que Queremos” arrancaría desde el llamado puerto platanero y llegaría hasta las vecindades del puerto arenero, bordeando el rio detrás de la actual
plaza de mercado por el relleno que se realizó para la reubicación de los venteros de plátano, con lo cual se integraría y se renovaría urbanísticamente el sector de San Vicente (área de Rehabilitación por el POT) y se recuperaría buena parte del espacio público de la ciudad.

Como uno de los beneficios colaterales, el ministerio de minas y la Agencia Nacional de Minería,
podrían adelantar un proceso de formalización de las personas que extraen material de playa
(construcción) y lo comercializan en el puerto arenero, organizándolos y adecuándoles una planta
de trituración y clasificación que les permita ofrecer los materiales (arena y grava) que exige la norma NSR-10 (Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente).

Así, consideramos que la propuesta de construir un Malecón espejo en el Barrio Bahía Solano debe evaluarse a la luz de la conveniencia ambiental, social y económica teniendo en cuenta propuestas que cuentan con los respectivos estudios.

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