El accidente aéreo del sirio libanes Wasfi Mabardi, cuando transportaba 30 libras de platino de Andagoya a Buenaventura. Por : Gonzalo Díaz Cañadas

Fotos Archivo Sacdta

Wasfi Mabardi, fue un comerciante de origen sirio libanes que, en la época de la bonanza minera, estuvo dedicado a la compra de oro y platino y estuvo entre los comerciantes que en 1933 enviaban remesa de oro a la casa de la moneda en Medellín para su fundición y compra. Estuvo radicado en Condoto donde tuvo 

«El Chuzo” su establecimiento comercial, el cual se surtía e intercambiaba con Buenaventura a través del río San Juan. 

Wasfi Mabardi era hijo de José Mabardi un sirio llegado al Chocó en 1930, padre de Rosa. De esta familia quedaban en Condoto como descendientes Emir Mabardi quien era miembro del partido conservador y durante el incendio de Condoto en 1975 se desempeñaba como despachador de Avianca. Durante el incendio de Condoto de 30 de marzo de 1975 falleció la señora Rosina Lozano madre de Emir Mabardi despachador de Avianca en Condoto y abuela de Luis Camacho alcalde de Condoto, quien murió de infarto.

Para enero de 1924 en el comercio local de Condoto se movían mensualmente ocho mil doscientos castellanos según el señor Guillermo Botero, Interventor del Impuesto de Platino en el Chocó. 

Hizo parte de la empresa Manasseh, Habardi & Cia, fundada por Miguel Saihali, Edmond Manasseh y Wasfi Mabardi en 1928, casa comercial con sede en Quibdó y Condoto, involucrada en la comercialización del platino, la cual realizaban por Cartagena. 

Estas sociedades operaban solamente en Quibdó y se abastecían de mercancías de los paisanos mayoristas, por lo que ayudaron a distribuir las mercancías de las grandes casas a la vez que se beneficiaban con créditos para el mantenimiento de sus propios negocios.

Sirio libanes en Condoto 

Para el año de noviembre 1928 según el Censo de extranjeros en Condoto, habían 59 extranjeros, 10 de ellos ciudadanos sirio libanes, dedicados a actividades comerciales en la región del San Juan, alrededor de la explotación minería industrial liderada por la Compañía Minera Chocó Pacífico, en su época de esplendor[1]. 

En Condoto tenían presencia filial de importantes casas comerciales como Rumie Hermanos con filiales en Cartagena, Bogotá, Quibdó, Istmina y Condoto. 

Zacarías Cassab figura sobresaliente del comercio del Chocó, por cuyas manos pasaron las grandes exportaciones de platino en los últimos tiempos, y gracias a sus ejecutorias esta actividad adquirió alguna preponderancia cuando la depresión económica enrumbaba hacia puertos de poca ventura.

Abraham Hauad, súbdito libanés radicado en el Chocó desde hace más de treinta años en Condoto, con la Farmacia Cruz Roja. El señor Hauad era muy estimado en la ciudad por su generosidad y caballerosidad.

A. ELJURE &CO dedicado a negocios de compra y venta de platino y oro en polvo por moneda corriente y cheques, venta de cheques sobre Cali y Cartagena a 0.835.

FUAD HAZZI dueño de grandes almacenes en Condoto -Istmina, compra de oro en polvo, venta de cheques bancarios, surtido de abarrotes víveres y drogas frescas, venta al por mayor a los más bajos precios de la plaza. Tenía un aviso de media página permanente en el periódico El Heraldo de Istmina en 1932

ZAER HERMANOS dedicado a diversos negocios, incluyendo la compra toda clase de monera antigua de plata, Juan Abdalá y Manuel Ibáñez, entre otros. 

Dos accidentes en aviones de Scadta 

Wasfi Mabardi quien hacia parte activa de esta comunidad donde gozaba de reconocimiento y aprecio, radicado en Condoto, la capital mundial del platino, tuvo el infortunio de sufrir dos accidentes aéreos en un lapso de dos años, siendo el segundo en el que perdió la vida. 

El primer percance ocurrió cuando volaba a bordo del hidroavión de la Scadta » Pacífico» en la ruta de Buenaventura – Istmina – Quibdó. Media hora después de haber salido de Buenaventura, la densa niebla obligó a un aterrizaje de emergencia. El anfibio «Pacífico sufrió averías, pero tanto el piloto como los pasajeros resultaron ilesos. 

Según el corresponsal del periódico El Tiempo en Buenaventura » El avión salió de aquí a las siete de la mañana, con rumbo al Chocó, llevando como pasajeros a los señores Wasfi Mabardi, Amín Hazzl, presbítero Francisco Sanz, prefecto apostólico del Chocó y una señora. Piloteaba la máquina, el señor George Klelh.

Debido a la oscuridad, producida por la densa neblina, cerca de las bocas del rio San Juan, intentó el piloto hacer un acuatizaje, pero tuvo la mala suerte de chocar contra un arbusto, viniéndose al suelo. El sitio del accidente fue a cinco kilómetros adelante de la Playa de Bazán, cerca de las Bocas del Río San Juan, en el punto denominado “La Barra «, todos salieron ilesos, salvo ligeras contusiones de escasa significación. El aparato resultó con alas rotas y el timón desconcertado. El copiloto Joseph Hengler también falleció y el piloto resultó levemente herido. 

Los pasajeros permanecieron 20 horas en la playa, hasta que a las cinco de la mañana los recogió el remolcador facilitado por la empresa del ferrocarril, trayéndolos a Buenaventura, de donde salieron nuevamente, al lugar de su destino[2].

Wasfi Mabardi, sufrió algunas lesiones que lo obligaron a trasladarse a Panamá. en donde fue sometido a una delicada operación quirúrgica ocasionada por el accidente ocurrido a un avión de la Scadta[3], El Tiempo registra su regreso a bordo del vapor «Santa Clara» , acompañado de su sobrina doña Alexandra Mabardi.

Dos años después el señor Mabardi quien era un viajero frecuente por su actividad comercial en el Chocó y el Valle, sufre en agosto 12 de 1936, otro siniestro aéreo en Pángala Chocó, cuando viajaba en un vuelo chárter en el avión «Córdoba » en viaje extraordinario de Andagoya a Buenaventura, donde perece don Wasfi Mabardi, el copiloto Joseph Engler y se salva el aviador alemán Günther Fríes que formó parte de la historia de la aviación comercial en Sudamérica, específicamente vinculado a la pionera aerolínea colombiana SCADTA (Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos), la cual operó activamente entre 1919 y 1940. 

El avión expreso por don Wasfi Mabardi quien transportaba 30 libras de platino, salió de Buenaventura y llegó a Andagoya sin novedad alguna, tomó al señor Mabardi y emprendió el viaje de regreso funcionando la máquina normalmente. 

[1] El HERALDO año VIII No 452, agosto 12 de 1936

Cuenta el piloto que encontró mucha niebla en todo el bajo San Juan, hasta el punto de verse precisado a buscar un acuatizaje forzado, de emergencia, lo que al fin logró hacer rompiendo las espesas capas de niebla y caer en la boca de la quebrada de Pángala, pero que, al descender, parece que perdiera un flotador porque el avión apenas tomó agua, se inclinó sobre el ala derecha, sufriendo en el descenso un fuerte golpe el mecánico y el piloto heridas en la frente y en las narices. 

«Momentos después el piloto reaccionó y vio que el pasajero señor Mabardi abría la portezuela izquierda y salía de la cabina del avión, en momentos precisos que algunos moradores de aquel sitio se aprestaban a socorrerlos. Vio cuando el señor Mabardi hacía señales y no supo explicarse, si por angustia, desesperación o a consecuencia de algún fuerte golpe sufrido, fue lo cierto que el señor Mabardi, en vez de esperar se arrojó precipitadamente, desapareciendo entre las aguas, antes que los salvadores llegarán allí con sus canoas. En cambio el piloto permaneció en su cabina de comando y sólo salió de ella cuando el agua empezaba a inundarla, y se subió sobre el cuerpo de la nave de donde fue recogido por los que venían en auxilio «relató el comerciante David Tuaty al Heraldo de Istmina», quien agregó «Supe también, antes de salir de Buenaventura, que la Scadta había contratado un barco especial con buzos y marineros para recabar de las aguas el avión hundido»[4].

Se pierde la maleta 

A los pocos días del accidente las informaciones desde recibida de Buenaventura dan cuenta de que la maleta de viaje perteneciente al señor Wasfi Mabardi pasajero del avión «Córdoba», la cual fue debidamente sellada por la alcaldía de Condoto, contenía treinta libras de platino, desapareció misteriosamente en los precisos momentos en que se rescataba el avión caído en las aguas. Aun cuando la Scadta negó rotundamente tener conocimiento de que se transportaba platino a bordo del «Córdoba»; la investigación, a cargo del juez Gil Lemos, ha aclarado con documentos, que el pasajero Mabardi sí dio aviso oportuno a la empresa aérea y pagó el flete respectivo, por el transporte del preciado metal que nunca apareció. 

Frente a la muerte de Wasfi Mabardi el HERALDO de Istmina en voz de reconocimiento, escribió” Hoy hemos de anotar con no menos angustiado sentimiento el final siniestro de la existencia laboriosa de ese otro amigo igualmente estimaba y estimado que llevó el nombre que corona estas líneas. Fue Wasfi Mabardi calificado representativo del comercio sirio del Chocó y en sus afanes de honesta prosperidad tendía ya sus actividades de hombre de negocios hacia el Valle del Cauca, en donde, asociado a distinguidos familiares y paisanos, hacía sensible en influencia en aquellos mercados. En Condoto e Istmina, lugares de su más constante permanencia, fue elemento de propulsión para los comerciantes en pequeño, antes que el competidor utilitarista y apremiante para su clientela qué era numerosa. Con táctica más inglesa que judía, se hacía sentir en el comercio por su espíritu amplio para las transacciones, hasta el punto de dejar en camino de prosperidad a no pocos iniciados a sombra, Como amigo fue Wasfi Mabardi tipo de atrayente selección, y en Condoto se despidió siempre de él, el visitante llevando las mejores impresiones de su atenta y generosa acogida«[5].

Condenada la Avianca por perjuicios en un siniestro de aviación

Tras la trágica muerte y la pérdida del maletín con el platino se tejió una leyenda en torno al valioso cargamento, extrañamente desaparecido.

Ante esta situación los herederos, socios y descendientes de Wasfi Mabardi entablaron demandas jurídicas que demoraron décadas en prosperar finalmente a favor de los denunciantes, cuando fue condenada la Avianca por perjuicios en este siniestro de aviación.

El Tribunal Superior de Barranquilla falló en el sonado juicio de Farid Cajale contra la Avianca, siendo magistrado ponente el doctor Juan David Montes, y sin que se hubiera presentado ningún salvamento de voto. La Avianca fue condenada en abstracto a pagar a Farid Cajale perjuicios morales y materiales por la muerte trágica del señor Wasfi Mabardl, quien pereció ahogado el 6 de agosto do 1936, al producirse un accidente de aviación cerca de Buenaventura, en el sitio denominado Pángala, donde se hundió el avión «Córdoba», de propiedad  de la entonces llamada Scadta[6].

En el mismo fallo se condena a la Avianca a pagar al mismo señor Cajale $ 19.800.00, valor de tres mil castellanos de oro que Mabardi llevaba en un maletín de mano en el momento del siniestro y que no pudo ser hallado cuando se sacó el avión del fondo del rio San Juan.

La demanda la presentó Mabardi por suma mayor de doscientos mil pesos. En el fallo el Tribunal dice que el caso fortuito debe probarse por quien lo alega, y que la Avianca no ha probado que el accidente hubiera sido producido por un caso fortuito. Como seguramente la Avianca apele, el negocio subirá a la Corte Suprema en Casación.

Posteriormente la empresa apelo y denuncio a los abogados por una supuesta falsedad en el poder otorgado por Matilde Mabardí, certificado por la alcaldía de Buenaventura, lo cual finalmente fue desvirtuado el julio de 1947.La sección de extranjeros y la misma alcaldía de Buenaventura certificaron más tarde que evidentemente Matilde Mabardi había entrado al país en 1936 y se encontraba en Buenaventura cuando otorgó cesión de sus derechos.

El Juzgado noveno de instrucción criminal no halló fundamento alguno en la denuncia entablada contra los hermanos Alejandro y Farik Cajale, acaudalados y conocidos comerciantes radicados en el país desde hace más de 2 años. Al mismo tiempo se descubrió y quedó probado que la base de la acusación era un certificado falso expedido por una alcaldía de Buenaventura

Los señores Cajale, Alejandro y Farik, habían comprado los derechos herenciales incluyendo la posible indemnización por la muerta de Mabardi, posteriormente se comprobó que el pasivo dejado por Mabardi era considerable y su cancelación por parte de los Cajale sobrepaso a lo pagado por los derechos.

También en este proceso se dio Cesión de derechos Herenciales de Zacarías Cassab, socio de los Cajale a Jorge Cassab en el juicio contra la empresa de aviación Avianca. Según consta en la Notaria de Istmina Federico Valdés. 1943 02-04

Este era el cargo central y por lo tanto, el juzgado comprobó la inexistencia del delito Imputado.

El juez noveno de instrucción en vista de esta conclusión envió el negocio al juzgado 39 superior, despacho del conocimiento, para que resuelva si es el caso de aplicar el artículo 153 sobre cesación del procedimiento por inexistencia del delito imputado[7].

Se ordena captura de los abogados

Como se recordará hace algún tiempo se produjo un hecho escandaloso: en forma anónima que no ha sido esclarecida satisfactoriamente, se ordenó la captura de los hermanos Cajale; el Juez superior intervino y evitó que se consumara la detención arbitraria ya que se violaban las normas del procedimiento. 

Don Farik Cajale, noticiado de lo ocurrido, abandonó sus negocios y se vino a Bogotá; durante veinte días rogó y suplicó para que se le recibiera declaración y desde entonces se encuentra en la ciudad listo a cualquier llamamiento. Pero en ningún momento existió ni remoto indicio como para ordenar la detención de los hermanos Cajale; por el contrario, se comprobó que la acusación carecía de fundamento.

Los hermanos Cajale sostienen un pleito civil que puede servir como nítido ejemplo de lo que es el procedimiento civil; naturalmente no se trata de incuria de los funcionarios sino de las normas legales anticuadas que exigen urgentes reformas.

En dicho pleito los hermanos Cajale han invertido, para sostenerlo, veinticuatro mil pesos; y el tribunal condeno a pagar indemnización por 19.000 pesos. Es decir, que, debido a la lentitud procesal, producto de las normas legales vigentes, en esta clase de negocios siempre se pierde, aunque se ganó la litis y, hasta cierto punto, sería mejor no litigar.

Casi 10 años después del accidente aéreo y la muerte del pasajero y la pérdida del maletín cargado de platino, del desgaste de los abogados y equipo jurídico, la empresa Avianca a pesar del fallo adverso insistía con argucias para dilatar el proceso en el tiempo.


[1] El Tiempo 22 de noviembre de 1928. 

[2] El Tiempo 5 de septiembre de 1934

[3] El Tiempo 16 de noviembre de 1934

[4] El HERALDO año VIII No 452, agosto 12 de 1936. 

[5] El HERALDO año VIII No 452, agosto 12 de 1936

[6] El Tiempo, agosto 19 de 1944

[7] El Tiempo 17 julio 1947

Comparte este artículo

Deja un comentario