Heliodoro González Coutín, el médico y escritor chocoano, cuya novela fue llevada al cine en la película “La Tragedia del Silencio «

Heliodoro González Coutin (1895-1968) es uno, de los dos chocoanos protagonistas en los inicios de la producción fílmica en Colombia, el otro es Belisario Díaz (1878-1957) que desarrollo su empresa de distribución y realización desde Cartagena, sin dejar sus nexos comerciales con el occidente a través de la conexión del rio Atrato con el mar Caribe, ruta de transporte que hoy subsiste. Algo similar, pero en el campo de la creación realizó González Coutin desde Bogotá, con influencia sobre las primeras filmaciones de tipo documental que se filmaron en la intendencia del Choco.

Médico, poeta, poeta, escritor, músico, crítico de arte, periodista, fueron algunos de los sectores en que incursionó y dejó huella.

Nació en Quibdó, en 1895, en el hogar formado por Heliodoro González, gran, poeta , escritor y periodista chocoano, fundador de los periódicos El Chocoano 1899, El Chiquito 1900,recordado por la investigación y publicación que realizó sobre el fusilamiento de Tomas Pérezmártir de la independencia del Chocó y Mercedes Couttin, fallecida en Bogotá el 18 de octubre de 1943, sus exequias se llevaron a cabo en la iglesia de Lourdes en el sector de Chapinero[1].  Unió su vida a la de Blanca Acevedo, con quien tuvo 4 hijos: Gloria de la Torre, Alfonso González Medico, Raúl González y German González.

La autora de «Mi Cristo Negro “dice que Heliodoro González Couttin perteneció a la masonería, secta implantada en Quibdó por el sirio libanés Amín Meluk, quien en ceremonia especial le entregó el anillo «La Fuerza Misteriosa”. Desde ese entonces la gente comenzó a llamarlo “El masón González». Masón o no, Heliodoro fue un médico humanitario y servicial, generoso y desinteresado[2].

Poeta, escritor bastante cultivado. Además de poeta era músico y médico. Fue quien introdujo el baile de Jazz band al Chocó; el mismo adaptó el aparato. Como médico, era un hombre filántropo. Lo llamaban el masón González. Fue también periodista de «El Tiempo» de Bogotá.

En mayo de 1929 ofrecía a través del periódico ABC sus servicios profesionales de medicina general, con especialidad en tratamientos de la enfermedad de los niños. Más de seis años de práctica en Bogotá, decía el anuncio, que incluía Laboratorio de Biología y Química Medica para el análisis cuantitativo y cualitativo de orina, jugos gástricos y toda clase de exámenes microscópicos. La atención se brindaba en la casa de los herederos de la Sra. Astié en Quibdó. Su llegada a la ciudad fue registrada por la Revista del Chocó, órgano informativo de la Intendencia “Desde hace algunos días se encuentra entre nosotros el distinguido y competente medico chocoano, Dr. Heliodoro González Coutin. Posee el Dr. González Coutin sólidos conocimientos y una larga practica en el delicado ejercicio de su profesión., Su principal teatro de acción ha sido la capital de la República en donde ha logrado cosechar merecidos triunfos[3].

El medico chocoano también estuvo ligado en los inicios del nuevo Hospital San Francisco de Asís, donde le tocó inaugurar la magnífica sala de operaciones, acompañando al doctor Dorance Otalvaro.

A los pocos días de su llegada a Quibdó, el 16 de agosto de 1929 fue nombrado por decreto de la Dirección Nacional de Higiene, como Director de Higiene de la Intendencia del Chocó[4].

Fue jefe del Grupo de Demografía y Sanidad de la intendencia Nacional del Chocó en 1943, cargo desde el cual participó en la redacción de la Geografía Económica del Chocó, capitulo III Demografía, del libro que editó la Contraloría General de la República siendo Contralor Nacional el Chocoano Sergio Abadía Arango. El documento es todo un tratado de análisis estadístico y de salubridad revela por primera vez cifras confiables para el censo de población del Chocó.

Llegó al periodismo como cronista festivo y crítico de arte, sobresaliendo en la censura teatral. «El Tiempo», de Bogotá, acogió gran parte de su producción. Cultivó también la novela corta. En este campo son importantes sus obras: “Trilogía pasional” y “La estéril”, publicadas en la novela semanal de Luis Enrique Osorio, obras éstas que después fueron vertidas a la pantalla con el nombre de “Amor, deber y crimen”. En el folleto “Luz y Sombra”.

Como poeta dicen los expertos, sus mejores son: Canción del Pescador de Estrellas, Risa, Frente al Atrato, El Elogio de tu Voz, Canción del Río Viajero, Canción del Amor Imposible.

“Es un escritor romántico que maneja muy bien la metáfora y las figuras lógicas. En «El Pescador de Estrellas» que traemos como ejemplo, pueden ser observados, con claridad, su dominio de la composición y su maestría en el ritmo atrayente”, escribió Jacinto Murillo El papá de Isadora, de González Coutin, el primer escritor para el cine colombiano.

Como médico e intelectual y figura representativa de su departamento conformó en  febrero de 1929 el Comité Pro Chocó, creado y liderada por Diego Luis Córdoba, » integrado por la juventud chocoana residente en esta capital, y cuyos objetivos exclusivos no son otros (a juzgar por el nombre mismo del comité), que laborar arduamente, con el tesón de los mejores años, por realizar la obra más eminentemente ‘patriótica, es decir, sacar a la región chocoana de la postración en que se encuentra, y ponerla al nivel de la más floreciente sección de la República «, informó Diego Luis Córdoba en nota publicada en el periódico El Tiempo, donde menciona varios de sus integrantes.[5]

Un pionero del cine en el Chocó

Su nombre para grata sorpresa de los chocoanos, figura en letras de oro en la historia del cine colombiano a raíz de la puesta en escena de su novela » La Tragedia del Silencio » 1924, con una cónica película de cine mudo, que fue llevada al cine siendo un éxito rotundo. La película  recorrió las salas de cine de todo el país e incluso llegó hasta el Salón Colombia de Quibdó, en una temporada de Arte Cinematográfico, que trajeron sus cuñados los hermanos Acevedos, tiempo después de realizar la primera película sobre el Chocó en sep. de 1929[6].

En  esa oportunidad llegaron lo último del cine silente colombiano,como : Bajo el Cielo Antioqueño”, la trágica vida del hijo de Napoleón, La Corte de los Milagros, La Virgen del Arroyo y la más esperada “La Tragedia del Silencio; adaptación y argumentación del doctor Arturo Acevedo Vallarino de la novela corta del chocoano Heliodoro González Coutín e interpretada por damas y caballeros de la alta sociedad bogotana, obra en que desfilan al lado de los maravillantes paisajes sabaneros y de la imponente majestad del Tequendama, escenas de un fino sentimentalismo y la inolvidable silueta del Santo Bogotano, el franciscano Padre Almansa.  L’ Aiglon[7].

Este hecho se daba un mes después del anuncio de la película “Chocó” en el A.B.C. e implica como rápidamente los Acevedo fueron estrechando lazos comerciales, culturales y familiares en el campo del cine en el Chocó, pues una de sus hermanas Blanca Acevedo estaba casada con el chocoano González Coutín, quien realizó varios libretos y guiones para sus cuñados cineastas.

Helidoro González Coutin (de gafas)y Álvaro Acevedo montados en un bote y disfrutado una caneca de vino durante el rodaje de la Película Chocó 1929.

La  investigación el Patrimonio Fílmico del Chocó , que recrea la historia del Cine en el Chocó, por sindéresis pudo determinar que fue Heliodoro González Quien aparece durante el rodaje de la película Chocó, la persona que convenció a su amigo y paisano Intendente Jorge Valencia Lozano para que realizara en 1929 la primera película sobre el Chocó, que fue contratada con sus cuñados los Acevedos, filmación histórica que se presentó en el Teatro Faenza de Bogotá y el salón Colombia de Quibdó y que le mostraba al país las fábricas, industrias,hiudroelectricas, empresas mineras y todo el ambiente de bonanza y bienestar, progreso y modernidad que se respiraba en algunas poblaciones como Quibdó ,Istmina.

“Se hará una película sobre el Chocó, título en primera página el ABC…Estará destinada a mostrar al país cuanto valer para Colombia está olvidada Comarca”[8], donde se publicaba las declaraciones emocionadas del Intendente Jorge Valencia Lozano frente a la realización de esta película para la cual no se escatimaron esfuerzos para permitir el desplazamiento desde Quibdó hasta Sautatá en el bajo Atrato, a la Vuelta en Lloro, Istmina, Condoto, Andagoya, Tadó e incluso la costa Pacífica a donde se trasladaron en los hidroaviones de la Scadta.

El médico chocoano entra en contacto con el mundo del cine años atrás al contraer nupcias con Blanca Acevedo Bernal, hija de Arturo Acevedo, cuyos hijos siguieron sus pasos con la realización de las primeras películas en Colombia.  Incluso el menor de los hermanos Armando Acevedo Bernal se vincula años más tarde como operador del cine cultural y camarógrafo al servicio de la Intendencia del Chocó durante varios años, logrando llevar cine cultural con una plata eléctrica a lugares lejanos como el Carmen de Atrato e incluso Bolívar Antioquia, como manifestación de simpatía y cooperación.  registros importantes como los I juegos Atléticos del Chocó en octubre de 1939[9].

Su obra caritativa de médico

Su corta vida transcurrió entre el Chocó y Bogotá. En Quibdó donde se desempeñó como médico y sus servicios eran ofrecidos en publicidad del periódico ABC y como Jefe de Sanidad de la Intendencia del Chocó, cargo al cual renunció, también fue corresponsal del periódico El Tiempo en Quibdó, donde firmaba sus envíos como González.

» Pláceme igualmente comunicarle que finalmente, pongo a usted en conocimiento de que la aludida corporación cuenta entre sus vocales personajes de valor indiscutible, como el escritor atildado y mejor médico doctor Heliodoro González Coutín “dijo el político y Senador liberal ‘

Aviso ofreciendo sus servicios en el periódico ABC mayo 24 de 1929

Como médico se destacó en su labor de galeno y como investigador científico de temas como la lepra, tema sobre el cual fue una autoridad, como se evidencia en sus artículos publicados en la Revista científica Lepra y Tuberculosis, en 7 enero de 1934.[10]

Como médico fue un experto en la lepra, enfermedad sobre la cual investigó y produjo aportes importantes a la ciencia a través de varias publicaciones, la lepra, se hizo presente en su novela y en la película La Tragedia del Silencio. Hizo parte del libro «El primer centenario de enfermos de lepra curados.; por el Dr. A. Benchetrit, con la colaboración de los distinguidos médicos colombianos, doctores Salomón Rojas B., Plinio Cifuentes, Esteban Rodríguez C., Heliodoro González Coutín y Rafael Ibáñez Ferrer[11].

En su trabajo como médico en el Chocó le tocó afrontar la presencia de esa enfermedad, para lo cual durante los inicios de la Intendencia Nacional del Chocó se establecieron lazaretos en sitios alejados y con buen clima, como Bachichí en el Alto Andágueda.

Fue una autoridad también en temas históricos y realizó serios estudios en torno a la existencia de Santa María la Antigua del Darién, según lo testimonio Eduardo Acevedo de la Torre de la Academia Colombiana de Historia.

En marzo de 1940 fue escogido como presidente de la junta organizadora para la celebración del Centenario de la muerte del General Santander a realizarse en Quibdó, como vicepresidente fue escogido Emilio Meluk.

En 1941 y después de más de 18 meses de servicio, renunció al cargo de director de la Unidad Sanitaria y de higiene de la Intendencia del Chocó, donde pudo “Desarrollar una labor de grandes proyecciones, sirviendo con abnegación y desinterés a todos aquellos que fueron a buscar auxilio de sus vastos conocimientos en la difícil ciencia de la medicina, para librarse de las endemias que azotan a nuestro pueblo”, escribió al periódico ABC al destacar en primera página la noticia, lamentando la decisión .

Falleció en Bogotá el 27 de enero de 1969, dijo El Tiempo, “La prensa registra el fallecimiento del gran caballero y eminente galeno doctor Heliodoro González Coutin, perteneciente a destacadas familias de nuestra sociedad, quien desde sus mocedades fue una de las figuras más simpáticas para la ciudad por su gracia, su don de gentes, su exquisito buen humor, sus actividades en las fiestas estudiantiles y las reuniones sociales. se mostró luego como un ciudadano sin igual. como un magnifico profesional y como excelente padre de familia en el hogar que fundó con la clarísima dama doña Blanca Acevedo Bernal.

Los funerales de González Coutín, verificados en San Diego por su concurrencia, mostraron cómo era de querido y admirado en la ciudad, y la prensa envía su moción de pesar a su señora a sus hijos y al doctor Arturo Acevedo V. y a su familia[12].

Con motivo de su muerte el educador, escritor y etnógrafo chocoano Rogerio Velásquez Murillo dedicó estas palabras «Pero si algún osado pide la justificación de este póstumo tributo cualquier chocoano, puede responder: González Couttin fue un callado y fértil trabajador de la Medicina, un caballero del bisturí y el consejo, un galán del diagnóstico, un varón sin segundo de la liberalidad que, sobre la carne morena de la raza trazó las calzadas soberbias del servicio sin retribución. Embelesado en el dolor ajeno, agobiado por su misión de sacerdote, cruzó toda la tierra de Colombia, dando su magisterio sin esperar el suspiro de las aclamaciones, sordo al grito de lo inoperante, ciego para los ademanes de la avaricia que nos cerca

Y agrega con un toque de sarcasmo» Podrá responder también que fue un escritor jugoso, un creador. El periodismo lo volvió crítico de arte teatral, novelista, epigramático, impresionante y alegre, atrevido y dramático. Su pluma, su fantástica, su talla consular de letrado, lo hicieron atravesar todos los rumbos como los tigres perseguidos. Sobre la lujuria de su forma quedó esculpido el retrato moral de los que gozan pecando

Y concluye» Con su pluma, que en él no era un garrote, hizo revelaciones tremendas y gobernó para siempre. Con la siquica envoltura de los débiles, blasonólas costumbres. Con la arcilla de lo menospreciable, con la carroña humana, fijó la alianza del ideal con el ánimo falible, y con el temblor de sus anhelos purificó la culpa de los hombres«.

«Así mismo podrá decir que fue un poeta, un alto poeta. Vivió como un mosquetero, como quiso y lo sentía, como un nauta de la aventura divina que sin el «aparato pictórico de los greguescos y la gorguera, el estricto jubón y el casco irreprochable, sin el terciopelo lúgubre y el fulgor acerado del estoque, vio el mundo con sus propios ojos y bebió del néctar de los coribantes. Bohemio, sencillo, habitado por Dios y ennoblecido por su propio dolor, cargado con los pecados de sentir e interrogar, cambiando argollas con el destino y los acontecimientos, temblando ante el ministerio de las cosas, vidente y loco, pasó por la existencia atando las gavillas simbólicas del verso. Cuando su obra caritativa de médico haya sido olvidada, su labor poética quedará relampagueante en la zarza de las antologías, por lo tierna y humana«.

«Fue un personaje de novela y ha muerto como tal, mirando al más allá como el Quijote de Navarro Ledesma. Atrás quedaron sus ríos, su cielo y su sol, su horizonte y su pueblo que habrá de evocarlo cuando la barbarie de los simples trate de impedirnos pensar en la belleza[13].

La Tragedia del Silencio

Cartel de la exitosa pelicula,cortesia Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano

El cinematógrafo, columna de cine de El Tiempo….habló sobre el rodaje de la película y dio detalles de la filmación, con las complejidades de la época, «Por  falta de algunos elementos especiales se habían suspendido algunos trabajos de filmación de la obra llamada «La tragedia del Silencio», de que es Director el doctor Arturo Acevedo, pero en estos días se reanudarán tales trabajos, en virtud de que ya llegaron dos reflectores especiales, unas lentes finas, varios millares de metros de película, y otros artículos que se habían pedido al Exterior.

Está filmada la mayor parte de las escenas principales de la obra. Unos trabajos fueron hechos; en el edificio de la Academia de la Lengua, antigua casa del señor Caro, en donde se imprimieron cuadros especiales del tráfico de la Avenida de la República.

Algunos actos trágicos se filmaron en la antigua casa del doctor Perera, aquel popular y original ex-cura venezolano que erró su vocación y que en Bogotá se dedicó al estudio del Derecho.

En la casa del doctor Perera, antigua y llena de leyendas, situada en la Avenida, cerca de San Diego, trabajó la trouppe del doctor Acevedo quizás lo mejor de la película.

En estos días se imprimirá una batalla, cuyo simulacro tendrá lugar en la Sabana, cerca del puente de Bosa, donde el dictador Melo libró una gran batalla con su regio escuadrón, cuyos caballos eran todos blancos. Se imprimirá también otra importante escena en el Salto de Tequendama.

Entre el personal de artistas figuran las señoritas Neily e Isabel Vargas, Inés Niño, los señores Hernando Bernal, operador, Alberto López Isaza, Alberto Argáez. Pedro, Pedro Sáder Guerra, Néstor Santacoloma, Alberto Parra y otros. Según se nos informa en esta película se incluirán varios cuadros de arte nacional, de la Sabana de Bogotá y del río«, comentó el Cinematógrafo[14].

«La película finalmente se estrenó en el Teatro Faenza, en Bogotá, en julio de 1924 y el 9 de octubre del mismo año en el Teatro Junín, en Medellín, apenas cinco días después de haber sido inaugurado. La música de la película estuvo a cargo de Alberto Urdaneta Forero”[15].

» La Tragedia del Silencio fue además la primera y única película colombiana del período del cine silente, entre 1894 y 1929, en contar con una partitura musical original, interpretada en vivo durante cada proyección.  Ese detalle, que hoy podría parecer menor, era en 1924 una distinción enorme. Significaba que Colombia no solo había producido imágenes propias, sino que les había puesto sonido, emoción y estructura musical a esas imágenes. Era cine en el sentido más completo que la época podía concebir, ejecutado con los recursos limitados de un país que apenas asomaba la cabeza al mundo moderno»[16].

Para Rito Alberto Torres experto en historia del cine con cerca de 30 años como investigador y subdirector técnico en la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano “González Coutin es el primer argumentista del cine colombiano, todavía no se definían de manera específica los roles de las profesiones de guionista o libretista, es el pionero de la escritura para el cine nacional. Su novela cinematográfica, publicada bajo esa denominación, La tragedia del silencio fue llevada a la pantalla en un largometraje de más de dos horas de duración por Arturo Acevedo Vallarino, en 1924. Se conservan menos de 23 minutos y de la novela cuatro capítulos, publicados en el primer número de la revista Cine Colombia con fecha de impresión de mayo de 1924.

 Esta película es el primer esfuerzo de producción totalmente nacional, fue precedida de una expectativa, de la cual hizo parte la mencionada revista, donde quedo registrada la inauguración de la casa productora, la Casa Cinematográfica Colombia, a cuyo te coctel acudieron el presidente de la República, varios ministros y el máximo representante de la iglesia católica. Este hecho fue una maniobra estratégica de parte de Acevedo Vallarino que propicio el pronunciamiento del presidente, por entonces el conservador Pedro Nel Ospina, quien afirmó en su discurso la frase inaugural para nuestra cinematografía: HEMOS DE TENER ARTE PROPIO “dijo.

 Hernando Salcedo Silva el crítico de Cine, comento “La película bogotana de Arturo Acevedo, fue exhibida en Medellín en 1924, solo cinco días después de la inauguración del Teatro Junín en Medellín. Duque sostiene que esta película motivó con fuerza a los antioqueños a producir películas propias, algo que parece cierto por las formas como la prensa se refirió no solo a la cinta sino a la ausencia de relatos locales. La primera película de largo metraje de los Hermanos Acevedo, dirigida por Don Arturo Acevedo, con fotografía de Hernando Bernal, presenta su tema sobre la tragedia de un leproso tuvo buen éxito, A un joven esposo se le dice erróneamente que tiene una enfermedad terrible, y decide retirarse de su esposa. ”[17].

Pro imágenes en su catálogo de cine colombiano hace esta sinopsis «Debido a una lamentable equivocación con las muestras de laboratorio a un joven esposo se le diagnostica que padece el terrible mal de la lepra. En su angustia decide abandonar el hogar. Un estudiante consuela y corteja a la desolada esposa. Sin embargo, se descubre el equívoco, triunfan la virtud y el matrimonio, y pierde el estudiante[18]«

La película por haber sido todo un éxito y haber inspirado otras producciones ha estado en la retina de los cinéfilos colombianos » En el corazón de La tragedia del silencio late una historia que combina el melodrama familiar con el terror silencioso de una enfermedad. El protagonista es un ingeniero que trabaja para el Ferrocarril Central y que en su tiempo libre desarrolla, junto a un amigo sacerdote llamado padre Alberto, los planos de un orfanato. La tranquilidad de su vida se fractura cuando le informan que padece lepra: le comunica la noticia a su esposa e hija y decide alejarse del hogar para protegerlos. El silencio del título no es solo el silencio técnico de una película muda. Es el silencio que impone el miedo, el que separa a los seres queridos y el que amenaza con destruir lo que más se ama.

Con el protagonista fuera del hogar y aparentemente condenado, un estudiante aprovecha la situación para cortejar a su esposa. Mientras tanto, el ingeniero, en su punto más bajo, está a punto de suicidarse cuando descubre que su diagnóstico era incorrecto: un auxiliar del hospital había confundido sus resultados con los de otra persona.  El error médico como detonante del drama es un recurso narrativo que le da a la historia una dimensión casi kafkiana, donde el destino de un hombre entero depende de una equivocación burocrática que nadie detectó a tiempo y que estuvo a punto de costarle la familia, la cordura y la vida.

Al descubrirse el equívoco, triunfan la virtud y el matrimonio, y pierde el estudiante que intentó aprovechar la desgracia ajena.  El desenlace es típico del melodrama moral de la época, donde el orden familiar siempre debe ser restaurado y el oportunismo siempre debe ser castigado. Pero más allá de su estructura convencional, la película tuvo la audacia de abordar la lepra en un país donde esa enfermedad era un tema cargado de estigma y vergüenza social, lo que le dio una dimensión de riesgo cultural que sus contemporáneos no tardaron en señalar con incomodidad «[19].

“La producción de cine silente  estuvo entre los éxitos más importantes en los años 20, según el público y la crítica, al lado de película como La María, además ambas se exportaron”[20], dijo Jorge Nieto. Fue presentada en la ciudad de Ibagué y de acuerdo a la crítica según El Tiempo » Anoche triunfo lujosamente la interesaba y bella película La Tragedia del Silencio, siendo anónimamente aclamada. como la más perfecta cinta nacional”[21].

«La tragedia del silencio” es el primer largometraje, con talento colombiano y se conserva el primer capítulo en el primer número y único de la revista Cine Colombia de la Casa Cinematográfica Colombia que luego terminaría siendo Acevedo e Hijos Ltda. Sobre su recuperación y conservación dice Rito Alberto Torres, uno de los más importantes biógrafos del cine colombiano “En la versión de una primera restauración que se dio a conocer en 2009, el segmento correspondiente al te coctel está unido con los fragmentos rescatados del largometraje. Otro detalle a resaltar en La tragedia del silencio es la aparición de personas en estado de vulnerabilidad debido a que, en el argumento de la película, el protagonista pasa su tiempo libre elaborando los planos para la construcción de un orfanato. Sin embargo, el tema central es la lepra, cuestión que lleva al personaje al borde del suicidio, al final triunfa el amor matrimonial y no es algo menor, ya que eso, fue primordial para hacer de la película un éxito para la moral y la sociedad colombiana de la época uno de los valores primordiales era el matrimonio”.

La película no pasa de moda y se continúa presentando en algunos eventos, como el Festival Mamut de Medellín 2005, donde presentaron s una acción expandida de su ciclo Música Sonando: la proyección continua de La tragedia del silencio (1924), una joya fundacional del cine colombiano de la que se han recuperado 26 minutos para la pantalla de hoy.

Otra película

 “El amor, el deber y el crimen es la más moderna y, a la vez, la más redonda de las películas colombianas de los años veinte. Está basada en un texto de Heliodoro González Coutin, y de su metraje se conservan 28 minutos.

La película es recordada por la apasionada escena entre Lyda de Casablanca y Pepe Retana en el estudio del pintor, y por ser la primera vez que en Colombia se ponía en escena un asesinato. A esto se le sumaba no tener un argumento costumbrista que solo aspiraba a mostrar “bambucos y alpargatas”, como anotaba un cronista de la época.

El amor, el deber y el crimen, donde es asesinado en lo que parecen los alrededores del Cementerio Central. Fue la cuarta película de la dupla Moreno Garzón y Vincenzo Di Doménico, y lamentablemente la última, y debido a la falta de continuidad se perdieron los avances conseguidos a lo largo de la década. A esto se sumó la perniciosa presencia de Cine Colombia, empresa creada en 1927, que se encargó de comprar y cerrar los laboratorios existentes en todo el país, ya que su negocio era la distribución y la exhibición, y no la producción”[22].

Sobre esta película dice Rito Alberto Torres” La influencia de este pionero no reconocido hasta ahora, en la creación de tramas y asuntos para el cine colombiano se amplía a otro largometraje El amor, el deber y el crimen, el nombre de González Coutin aparece asociado a una polémica por la autoría de la idea original de esta cinta. Lo que no cabe duda es el impulso que le dio a la idea de filmar un documental en el Choco, en 1929, por parte de Acevedo e Hijos.  Al final de cuentas él era parte de la familia Acevedo, al estar casado con Blanca, una de las dos hijas mujeres de don Arturo Acevedo Vallarino. Gracias a su yerno, Acevedo Vallarino escribió el argumento de Bajo el cielo antioqueño, detalle que no se ha destacado lo suficiente”.

Este desconocido personaje para las actuales generaciones fue sin lugar dudas una persona brillante en el campo intelectual en el cual dejó un importante legado en el cine, la poesía y la medicina que fue su principal profesión. Para la historia del cine nacional y los aportes que al mismo realizaron algunos chocoanos es muy importante la obra de Heliodoro González Coutin, un referente por haber sido el primer en abrir las puertas del séptimo arte.

Foto :https://www.geni.com/people/Heliodoro-Gonzalez/291105251630008533


[1] El Tiempo Bogotá 19 de octubre 1943.

[2] Grandes del Chocó:  Volumen 1 d: desde Colón hasta hoy, Efraín Gaitán Orjuela, Editorial Alas Libres, 1995

[3] Periódico ABC mayo 24 de 1929

[4] Revista del Chocó, órgano de Información y propaganda de la Intendencia Nacional del Chocó No 8, agosto de 1929.

[5] El Tiempo, Bogotá febrero 20 de 1929

[6] El Patrimonio Fílmico del Chocó, Gonzalo Díaz Cañadas, noviembre 2006

[7] A.B.C. Diario de la Tarde, Quibdó sep. 28 de 1929

[8] ABC Diario de la Tarde, Quibdó, agosto 23 de 1929

[9] ABC Diario de la Tarde Quibdó agosto 13 de 1939

[10] El Tiempo, Bogotá, enero 7 de 1934

[11] Benchetrit, A. (Aarón), 1886-; Lazareto de Aguade Dios Bogotá, Editorial Minerva; 1933

[12] El Tiempo Bogotá enero 27 de 1969

[13] Guía de Literatura Regional – Autores representativos. César Rivas Lara Universidad Tecnológica del Chocó Diego Luis Córdoba 1986.

[14] El Tiempo, Bogotá, enero 16 de 1924.

[15] Germán Franco Díez, Mirando solo a la tierra: Cine y sociedad espectadora en Medellín (19001930)

[16] La Tragedia del Silencio: crónica de una película que nació entre apagones, lepra y una restauración histórica PorImpacta – Noticias que transforman-4/19/2026 https://www.impactamag.com/2026/04/la-tragedia-del-silencio-cronica-de-una.html

[17] Hernando Salcedo Silva, Cine Colombiano de Ayer: Los hermanos Acevedo, el sr Di Doménico y el Salón Olimpia. El Tiempo agosto 13 de 1970.

[18] https://proimagenescolombia.com/secciones/cine_colombiano/peliculas_colombianas/pelicula_plantilla.php?id_pelicula=6

[19] “La tragedia del silencio”: crónica de una película que nació entre apagones, lepra y una restauración histórica PorImpacta – Noticias que transforman-4/19/2026

https://www.impactamag.com/2026/04/la-tragedia-del-silencio-cronica-de-una.html

[20] Si futuro, El Tiempo, junio 2 1990

[21] El Tiempo Bogotá septiembre de 1924

[22] ¡Usted es el hombre! Cintas y conquistas del primer galán colombiano Por ÓSCAR IVÁN MONTOYA https://universocentro.com.co/usted-es-el-hombre/

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