SAUTATÁ: LA UTOPÍA AZUCARERA QUE FLORECIÓ EN LA SELVA DEL ATRATO. Por : Gonzalo Díaz Cañadas 

La historia del ingenio que soñó con industrializar el Chocó y terminó convertido en ruinas bajo la sombra del Darién

A quienes hoy recorren el Parque Nacional Natural Los Katíos les resulta difícil imaginar que, entre aquella inmensa selva húmeda donde rugen los monos aulladores, vuelan las guacamayas y descienden los ríos que alimentan el Atrato, existió alguna vez una de las empresas agroindustriales más ambiciosas de Colombia. Allí, donde la naturaleza parece haber recuperado cada centímetro de terreno, se levantó durante la primera mitad del siglo XX una ciudad empresarial llamada Sautatá, un poblado surgido de la voluntad de unos inmigrantes sirio-libaneses que se propusieron domesticar la selva y convertirla en una potencia agrícola.

La historia de Sautatá parece extraída de una novela de aventuras. Tiene exploradores, visionarios, inversionistas extranjeros, locomotoras, hidroaviones, conflictos laborales, crisis financieras y un final tan dramático como simbólico. Es, en muchos sentidos, la historia de los grandes sueños de progreso que alguna vez alentaron al Chocó y que terminaron derrotados por las dificultades estructurales que han acompañado históricamente a esta región.

Todo comenzó a finales del siglo XIX, cuando Miguel Abuchar, un inmigrante nacido en Siria y nacionalizado colombiano, decidió establecerse en una extensa propiedad situada sobre la margen izquierda del río Atrato, a pocas millas del mar Caribe. Allí encontró un territorio dominado por pantanos, bosques y ciénagas. Lo que para muchos era un paraje inhóspito, para él representaba una oportunidad.

Tres décadas después, durante una entrevista concedida a un periodista que viajaba en uno de los vuelos inaugurales de la Scadta hacia Panamá, Abuchar recordaba aquellos años iniciales. Contaba cómo había sido considerado un loco cuando decidió construir caminos en medio de los pantanos y rellenar con piedra los terrenos inundados donde más tarde circularían locomotoras cargadas de caña. «Mi mayor placer ha sido el trabajo», decía con orgullo, mientras observaba las tierras que había transformado con sus propias manos.

Lo que surgió de aquel esfuerzo fue extraordinario para la época. En pleno corazón del Bajo Atrato apareció una moderna empresa agroindustrial integrada por ingenio azucarero, aserradero, destilería de alcoholes, ganadería, cultivos de cacao, café, arroz, banano, caucho y plátano. Una red férrea de aproximadamente dieciocho kilómetros comunicaba los cañaduzales con la factoría principal, mientras locomotoras de vapor transportaban diariamente la cosecha.

En 1924, el periódico ABC de Quibdó describía a Sautatá como una población de calles amplias y ordenadas, dotada de planta eléctrica, escuelas, viviendas para trabajadores, servicio médico y una infraestructura industrial que sorprendía incluso a visitantes extranjeros. En sus mejores años llegaron a trabajar allí más de setecientas personas, mientras cerca de mil doscientas dependían directamente de la empresa para su subsistencia.

La magnitud del proyecto llamó la atención de inversionistas de Puerto Rico, uno de los centros azucareros más avanzados del Caribe. Gracias a esta alianza fue posible instalar maquinaria moderna capaz de triturar alrededor de cuatrocientas toneladas de caña por día y producir entre cuatrocientos y quinientos sacos diarios de azúcar. La producción era embarcada por el río Atrato hacia Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, desde donde abastecía buena parte de la Costa Caribe colombiana.

No era exagerado afirmar que Sautatá representaba una revolución económica para el Chocó. Por primera vez una empresa regional competía con éxito en mercados nacionales mediante productos elaborados industrialmente. La prensa de la época llegó a sostener que cuando el ingenio alcanzara su máxima capacidad Colombia podría reducir considerablemente sus importaciones de azúcar.

La prosperidad fue tan notable que en 1929 la Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos, Scadta, escogió a Sautatá como escala estratégica de su nueva ruta internacional entre Barranquilla y Panamá. La noticia fue celebrada por las autoridades chocoanas como un acontecimiento histórico. Los hidroaviones alemanes descendían sobre las aguas del Atrato y conectaban el remoto poblado con el mundo exterior. Para muchos habitantes del Chocó, aquel hecho simbolizaba la entrada definitiva de la región a la modernidad.

Pero detrás de la imagen de progreso comenzaban a acumularse problemas que terminarían por comprometer el futuro de la empresa.

La ubicación geográfica que inicialmente parecía una ventaja se convirtió gradualmente en una carga económica. Los costos de transporte eran elevados, los créditos bancarios resultaban difíciles de obtener y las fluctuaciones del mercado azucarero afectaban la rentabilidad. A ello se sumaba una realidad que acompañó durante décadas a muchas iniciativas empresariales del Pacífico colombiano: la escasa presencia estatal y la inexistencia de infraestructura adecuada para sostener procesos industriales de gran escala.

La situación se agravó tras la muerte de Miguel Abuchar. Su liderazgo había sido determinante para mantener cohesionada la empresa y conservar una relación relativamente estable con los trabajadores. Sin él comenzaron a aparecer tensiones que desembocaron en uno de los episodios más delicados de la historia de Sautatá.

En abril de 1935 estalló una protesta obrera que alcanzó repercusión nacional. Los trabajadores denunciaban atrasos salariales, deficientes condiciones sanitarias y el funcionamiento del sistema de comisariato, mediante el cual recibían pagos en vales o monedas de aluminio que únicamente podían utilizar en las tiendas de la propia empresa. La prensa nacional registró incluso amenazas de incendiar las instalaciones del ingenio.

El gobierno reaccionó enviando tropas del Ejército y de la Policía Nacional transportadas en hidroaviones desde Cartagena. Aunque la crisis fue contenida sin mayores consecuencias, quedó al descubierto la fragilidad social y financiera de la empresa.

A comienzos de la década de 1940 la situación era crítica. El ingenio acumulaba deudas y enfrentaba crecientes dificultades operativas. En informes oficiales de la Intendencia del Chocó se advertía que una empresa llamada a convertirse en una de las más importantes de América estaba a punto de desaparecer por falta de apoyo financiero oportuno.

El Gobierno Nacional intentó rescatarla a través del Instituto de Fomento Industrial (IFI). Se aprobaron inversiones, se promovieron nuevas sociedades empresariales y se realizaron estudios técnicos que demostraban la extraordinaria fertilidad de las tierras de Sautatá. Algunos especialistas calculaban que la producción anual podría alcanzar hasta ciento ochenta mil sacos de azúcar si se ampliaban las instalaciones existentes.

Sin embargo, los esfuerzos llegaron demasiado tarde.

La competencia de los ingenios del Valle del Cauca, mejor conectados con los mercados nacionales, las dificultades administrativas acumuladas, la insuficiencia de capital y los cambios económicos derivados de la Segunda Guerra Mundial terminaron por hacer inviable el proyecto. En 1944 la empresa entró formalmente en bancarrota.

Todavía hubo intentos de reactivación bajo la administración del Consorcio Industrial del Darién, que renovó cultivos y evaluó la posibilidad de reiniciar la producción azucarera. Pero las condiciones ya no eran las mismas. La economía nacional había cambiado, las rutas comerciales se transformaban y los centros productivos del país se desplazaban hacia otras regiones.

Finalmente, las locomotoras dejaron de sonar, los molinos se detuvieron y la selva comenzó lentamente a reclamar lo que alguna vez le había sido arrebatado.

Con el paso de las décadas, las instalaciones quedaron abandonadas. Parte de la maquinaria fue desmontada y trasladada a otros ingenios del país. Algunas versiones sostienen que equipos provenientes de Sautatá terminaron incorporados a industrias azucareras del Valle del Cauca, aunque este aspecto continúa siendo objeto de investigación histórica.

La naturaleza hizo el resto.

En 1973 el territorio pasó a formar parte de las áreas protegidas administradas por el Estado colombiano y posteriormente fue integrado al Parque Nacional Natural Los Katíos. En 1994 la Unesco declaró este espacio Patrimonio de la Humanidad debido a su excepcional biodiversidad y a su importancia biogeográfica en el intercambio de especies entre Centro y Suramérica.

Hoy sobreviven apenas algunos vestigios dispersos entre la vegetación. Ruinas de edificaciones, restos de antiguas vías férreas y fragmentos de la memoria de quienes escucharon contar la historia de aquel lugar donde alguna vez funcionó una verdadera ciudad industrial en medio de la selva.

Sautatá fue mucho más que un ingenio azucarero. Representó la demostración de que el Chocó podía pensar en grande. Fue el primer gran experimento agroindustrial del departamento, una empresa que conectó al Bajo Atrato con los mercados internacionales y que durante varias décadas simbolizó la posibilidad de construir riqueza a partir de la agricultura y la transformación industrial.

Su desaparición no borró su legado. Por el contrario, convirtió a Sautatá en uno de los capítulos más fascinantes de la historia económica del Pacífico colombiano y en un recordatorio de que muchos de los grandes proyectos concebidos para el Chocó han oscilado siempre entre la promesa del progreso y las dificultades de una región que aún espera la realización de muchos de sus sueños.

Fuentes y referencias consultadas

  1. Hurtado, G. O. (1937). Documentos para la Historia del Chocó. Gaceta del Chocó.
  2. Contraloría General de la República. (1943). Geografía Económica del Chocó.
  3. González Escobar, L. F. (2010). Sirio-libaneses en el Chocó: cien años de presencia económica y cultural.
  4. Archivo histórico del periódico El Tiempo (1924-1947), noticias sobre el Ingenio Azucarero de Sautatá, Scadta, conflictos laborales y procesos de reorganización empresarial.
  5. Archivo del periódico ABC de Quibdó (1924-1929), reportajes especiales sobre la Empresa Agrícola de Sautatá.
  6. Revista del Chocó (1909-1940), informes económicos y administrativos de la Intendencia del Chocó.
  7. Echeverry, D. (1941). Informe del Intendente Nacional del Chocó al Ministerio de Gobierno.
  8. Archivo General de la Nación. Fondos Intendencia Nacional del Chocó.
  9. Documentación histórica del actual Parque Nacional Natural Los Katíos.
  10. Declaratoria de Patrimonio Mundial de la UNESCO sobre Los Katíos (1994).

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