Siempre refiero los “seis patrones culturales negativos que los chocoanos debemos cambiar para convertir las riquezas naturales y potencialidades en fortalezas reales de nuestro departamento” que publicó la profesora Victoria Blanquised Rivera de la Universidad Luis Amigó de Medellín: “de lo mínimo, del despilfarro, de la mentalidad cortoplacista, la incredulidad, la actitud negativa frente a la vida y del poco apego a nuestras potencialidades”. A lo que le sumo “el costumbrismo”, que describo en mi libro sobre “Visiones claves para el desarrollo del departamento del Chocó – Colombia”, donde hablo del como …“esas situaciones negativas por “pensamiento, palabra, obra y omisión”, que en algunas ocasiones incluyen el romanticismo, el paternalismo, el culturalismo, etc., que impiden el aprovechamiento de las potencialidades que tiene el departamento del Chocó, y cómo las mismas, se pueden volver una fuente de desarrollo para la región”…
Y es que estos días, mientras desayunaba, miraba un documental en un canal de televisión local sobre las costumbres de una comunidad afro del Pacífico caucano y bailaban el “Juga” (ritmo colombiano que se considera variante del currulao), que consiste en “arrastrar un pie recordando los grilletes de la esclavitud” como parte de su cultura y celebración de sus fiestas tradicionales… Y pensaba, ¿y eso para qué se celebra o conmemora?, ¿para qué se lo transmitimos a las nuevas generaciones?, ¿ese orgullo nuestro para qué?, ¿qué buscamos con mantener unas costumbres que nos hacen daño, que nos recuerdan que fuimos, como que somos y queremos seguir siendo esclavos y trabajan la mente, la psiquis, el subconsciente?, ¿por qué mejor no conmemorar (recalcar) que muchos de nuestros antepasados, como poco lo ha enseñado la historia, fueron reyes, príncipes, ricos, etc., mal traídos en horrendos barcos negreros y esclavizados contra su voluntad? Como lo dice el Joe Arroyo en la canción “Rebelión: …Cuando aquí llegaban esos negreros, Africanos en cadenas, Besaban mi tierra, Esclavitud perpetua… Un matrimonio africano, Esclavos de un español, Él les daba muy mal trato, Y a su negra le pegó, Y fue allí, Se rebeló el negro guapo, Tomó venganza por su amor”…
Eso sí deberíamos recordar con rabia y, sobre todo, querer ser ricos con nuestras potencialidades naturales. Que de verdad sea el objeto de la celebración o conmemoración del próximo “Día de la Afrocolombianidad” y no con vestidos (algunos dicen que “disfraces de afros”) y demás cosas que nos recordamos eso. Por eso pienso que debemos tener mucho cuidado con esas “celebraciones”, que no estemos inconscientemente recordando y festejando alegremente la esclavitud y por eso es que no la olvidamos y la tengamos incrustada en nuestro ser y así actuemos. Debemos borrar cualquier indicio de eso. Que la nueva generación sienta que eso fue malo y, al contrario, debemos resaltar y mantener vehementemente nuestro avance y progreso, nuestra visión empresarial con nuestra sociobiodiversidad.
Al respecto alguien me escribió: “Entiendo tu punto de vista, pero no podemos confundir memoria histórica con esclavitud. Eso no se celebra, se resignifíca. Borrar la historia no libera a nadie, solo lo vuelve ignorante. Lo que mantiene a una persona “atrapada” no es recordar, es no entender lo que recuerda. Si esas expresiones se transmiten bien, no crean esclavos… forman identidad, resistencia y criterio. El problema no es la cultura, es la forma en que se interpreta”. Sabias palabras, de las cuales espero que fortalezcamos la penúltima frase (“forman identidad, resistencia y criterio”).
Pero… otro día, en ese mismo canal, miraba otro documental sobre el Puerto de Tribugá y me llamó la atención que unos foráneos era que exponían y decían que “ni por el p…, aceptaban la obra allá”. Ellos, en sus comodidades citadinas de otros lugares, hablan en nombre de nosotros. ¿Y nosotros qué? Por eso insisto, que esa fecha sea ahora sí el momento de comenzar nuestra verdadera “emancipación”, que realmente seamos libres de pensamiento, de actuación, de decisión, etc. Y, sobre todo, ahora que vivimos épocas de locuras, desenfoque, desesperanza, de discusiones políticas porque un paisano está aspirando a una alta dignidad y a muchos les incomoda, etc. Que generemos una nueva esperanza de vida con nuestras potencialidades, en vez de pensar irnos de la región y dejarle todo a los foráneos que llegan. Porque decimos que “aquí no hay nada que hacer, que somos los campeones nacionales del desempleo, etc.”… pero veo en todos lados que cada día hay más foráneos, hasta de otros países, que se vienen para acá y consiguen. ¿Y por qué vienen si somos el sito con mayor tasa a nivel nacional, no hay nada que hacer y no avanzamos? Aquí vale la pena recordar tres recientes opiniones:
Monseñor Wiston Mosquera: “Nos dividimos muy fácil, pensamos demasiado mezquino y creemos que los de afuera nos van a solucionar los problemas. No confiamos en nosotros mismos»…
Juan Carlos Blanco: ”mantenemos una disputa que no es nada decorosa, que manda un mal mensaje al interior del país, que no somos capaces de administrar nuestros propios problemas… y sabiendo que tenemos potencial… estos nos dejan en un panorama bastante oscuro, bastante preocupante, donde faltan unos liderazgos que nos ayuden a redirigir, a reorientar el rumbo, a dejar de jodernos nosotros mismos, a estar ahogándonos en nuestros propios problemas… En el interior del país, en las entidades públicas se burlan de nosotros, de nuestras situaciones, porque siempre nos estamos atacando y no dejamos que ninguno progrese.… Necesitamos salir de estas situaciones tan complicadas”.
Luis Gilberto Murillo: «debemos salir de estas situaciones, de esos prejuicios, de esos estereotipos… nos ha faltado una agenda común y que todos empujemos, despojando de pequeñeces, para que nos vean unidos y podamos nosotros mismos resolver los problemas, porque cuando estamos allá se burlan de nosotros, nos caricaturizan, nos remedan, y parece que no nos hemos dado cuenta de eso… por eso necesitamos unidad y abrirnos espacios a nivel nacional y entrar a esos escenarios de poder. Dejémonos de pendejadas y trascendamos».
Y hablo de la nueva generación, porque ya creo que nosotros los mayores de cinco años, en general, somos causa perdida. Me recuerdo del escrito del abogado Pedro A. Martínez Mosquera denominado “Chocó: de la generación paradójica a la aturdida”. Por eso tiene mucha relevancia la campaña “1000 días para toda la vida: un mejor futuro nace en la primera infancia” de la Unicef y que copia el ICBF con el programa “1.000 Días para Cambiar el Mundo”. Para ello, desempolvo mi llamado a poner en práctica los Re: redirigirnos, repensarnos, replantearnos, reestructurarnos y recomportarnos.
*Profesional de las Ciencias Biológicas, el Medio Ambiente y del Desarrollo Sostenible






