El Viacrusis de Luis Gilberto Murillo.

Redacción El Manduco.

“Durante mi primera administración en la Gobernación del Chocó, el Mono Díaz decía que era un viacrucis, porque cada mes, los enemigos de mi triunfo me demandaban por alguna cosa”, relató en una entrevista con Qradio Luis Gilberto Murillo, chocoano, 2 veces exgobernador, exministro, excanciller de Colombia y hoy candidato a la Presidencia de la República.

Sus palabras no solo evocan una etapa particularmente compleja de su trayectoria pública, sino que también retratan con crudeza las tensiones que enfrentan los liderazgos emergentes en territorios históricamente marginados como el Chocó. 

Más que una metáfora, el “viacrucis” al que hace referencia Murillo se convierte en una narrativa política que expone la resistencia, la persecución jurídica y los obstáculos sistemáticos que han marcado su camino en el ejercicio del poder.

Durante esta época de Semana Santa, el candidato Luis Gilberto Murillo decidió regresar a su tierra para compartir con su familia y parte de su equipo de campaña en el departamento del Chocó, Su agenda incluyó presencia en Quibdó y recorridos por distintos corregimientos y poblaciones, entre ellos Raspadura, donde visitó la imagen del Santo Ecce Homo, interactuó con la comunidad y sostuvo reuniones tanto con sus equipos políticos locales como con líderes, amigos y ciudadanos que respaldan su proyecto.

En medio de este recorrido, también atendió espacios en medios regionales como Citará TV y Qradio, donde aprovechó los micrófonos para “refrescarle la memoria” a quienes, desde distintos sectores, han cuestionado su legado en el departamento.

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He hecho mucho por el Chocó en el poco tiempo que me dejaron gobernar…”, sostuvo, insistiendo en que su paso por la administración departamental estuvo condicionado por ataques sistemáticos que limitaron su permanencia y su capacidad de ejecución.

En esa misma línea, Luis Gilberto Murillo extendió su defensa al plano nacional e internacional, destacando su gestión como ministro, embajador y canciller, y subrayando acciones como la mesa minera para el Chocó, su papel en la negociación del paro cívico de 2016, La ejecución de obras financiadas con los US400 millones que gestionó para el Proyecto Todos Somos Pazcifico y la implementación de mecanismos ambientales que hoy generan beneficios en los territorios.

Ya en Quibdó, el tono de su mensaje adquirió un matiz más directo frente a las críticas persistentes de sus propios paisanos, Murillo explicó las limitaciones que se viven en los cargos nacionales y defendió la coherencia de su compromiso con el departamento, insistiendo en que su vínculo con el Chocó no ha sido circunstancial, sino constante.

Sin embargo, el momento más revelador de su visita se produjo en Raspadura, durante su paso por el Santo Ecce Homo, donde no solo escuchó a la gente, sino que también enfrentó de manera directa los cuestionamientos. Allí, Luis Gilberto Murillo dejó ver una faceta más frontal, menos diplomática y más política:

Lo que he logrado, lo he hecho solo, porque me han dejado solo, ahora le pido a la gente del Chocó que no me deje solo, que me acompañe en esta aspiración a la Presidencia de la República”, respondió airado ante el reclamo de un ciudadano.

Esa frase sintetiza, en buena medida su narrativa: un liderazgo que se presenta como aislado frente a estructuras de poder tradicionales, pero que ahora busca respaldo colectivo para dar el salto definitivo.

El cierre de su intervención fue aún más directo, casi como una exhortación a romper con las dinámicas que, según él, han frenado históricamente al departamento: “Dejémonos de pendejadas, dejémonos de pequeñeces y trascendamos”.

Más que una consigna, la frase funciona como un llamado a la acción política, pero también como una interpelación cultural, social y racial a sus propios coterráneos.

Así, el “viacrucis” de Luis Gilberto Murillo deja de ser únicamente un relato de persecución o dificultad personal, para convertirse en una narrativa de confrontación, reivindicación y búsqueda de legitimidad, una apuesta que no solo pretende reescribir su historia en el Chocó, sino también proyectarlo como una figura capaz de encarnar las demandas de las regiones históricamente excluidas en Colombia.

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