No tenemos que remontarnos diez, quince o veinte gobernadores atrás para analizar lo que ha ocurrido con la administración del departamento del Chocó, Vámonos por lo corto.
Miremos solamente a los últimos cuatro gobernadores: Efrén Palacios Serna, Jhoany Carlos Alberto Palacios Mosquera, Ariel Palacios Calderón y Nubia Carolina Córdoba Curí, Tres hombres y una mujer.
Los tres primeros dejaron obras, proyectos y actuaciones que hacen parte de la historia reciente del departamento, pero también administraciones rodeadas, en distintos momentos, de cuestionamientos, investigaciones y controversias relacionadas con el manejo de los recursos públicos.
No se trata de desconocer sus realizaciones ni de afirmar que todo lo que hicieron estuvo mal, Mucho menos de señalar que los hombres no pueden gobernar; Se trata de mirar la historia reciente y preguntarnos si el Chocó necesita seguir repitiendo las mismas fórmulas.

Nubia Carolina Córdoba, La primera mujer elegida popularmente para gobernar el Chocó ha tenido un desempeño sobresaliente y, especialmente a raíz del terremoto que golpeó al departamento, consiguió algo que pocas administraciones habían logrado: poner el nombre del Chocó en la agenda nacional e internacional por una razón diferente a la pobreza, la corrupción o el abandono estatal.
Nubia Carolina salió a mostrar el rostro de un Chocó golpeado por la tragedia, pero también el de un departamento que reclama atención, solidaridad y soluciones, Su presencia pública y su capacidad de gestión durante la emergencia proyectaron una imagen distinta del territorio, eso merece reconocerse, pero también merece abrir una discusión: ¿Y si el Chocó sigue por la senda de las mujeres?
No porque las mujeres sean infalibles, no porque todos los hombres hayan sido malos gobernantes, sino porque esta experiencia ha demostrado que las mujeres tienen capacidad para asumir la responsabilidad de gobernar el departamento y para hacerlo con presencia, organización, sensibilidad y liderazgo.
Por eso adquiere especial importancia la aparición de nuevos nombres femeninos en la conversación política del Chocó, como el de Tatiana Valencia Asprilla.
Su trayectoria jurídica y administrativa, su experiencia profesional y su hoja de vida la convierten en una mujer que merece ser escuchada y examinada seriamente cuando el departamento empiece a discutir quién debe suceder a Nubia Carolina Córdoba.
El debate que viene no debería ser simplemente hombres contra mujeres, debería ser capacidad contra improvisación; experiencia contra intereses particulares; gestión contra discursos; transparencia contra las viejas prácticas que tanto daño le han hecho al departamento.
Pero después de tantos años de gobiernos predominantemente masculinos, y después de observar el papel que ha desempeñado una mujer como Nubia Carolina, sería un error político y social cerrar nuevamente la puerta al liderazgo femenino; El Chocó ya abrió esa puerta y ahora corresponde mantenerla abierta.
Y en esa discusión, Tatiana Valencia Asprilla representa una alternativa femenina que el departamento debe mirar con atención, por su trayectoria, su preparación y su experiencia, quizá llegó el momento de entender que el poder también puede administrarse con una mirada diferente.
Quizá llegó el momento de que las mujeres sigan ocupando espacios de decisión en el Chocó, y quizá, por qué no decirlo, el futuro del departamento pueda seguir escribiéndose en femenino.








