Por: Jhon Diaz
La historia de Elkin Arce Mena comienza como empiezan las historias reales del Chocó: entre calles del barrio, afectos sinceros y una formación construida con esfuerzo, valores y amistad.
Hijo de José Manuel “El Coco”Arce y de Mirna Mena, Elkin creció bajo dos influencias que marcarían su destino, de su padre heredó el amor por el fútbol, pues el Coco Arce fue un destacado futbolista en su época en el colegio Carrasquilla, titular de la selección Chocó del año 1962, que salió a jugar a Medellín, un hombre que supo lo que era competir, ganar respeto en la cancha y que terminó siendo de los primeros y mejores árbitros de futbol que tuvo el Chocó; En esas conversaciones de barrio Niño Jesús, en el parquesito, en la calle de “los balcones” en donde crecimos, y en esas memorias de partidos intensos de la copa Coca Cola, que se jugaban en el estadio de “La Normal” en Quibdó, se fue sembrando en Elkin una pasión que no lo abandonaría nunca.

De su madre, Mirna Mena, recibió una herencia igual de poderosa: Los valores. Educadora reconocida y profundamente querida en el barrio Niño Jesús, Mirna fue una mujer entregada a sus alumnos, su comunidad y a su familia, una vida que ha estado marcada por el cuidado, la enseñanza y la formación de sus hijos, inculcándoles principios que no se negocian: respeto, humildad y amistad.
Con esa base, creció Elkin Arce Mena, conocido desde siempre como “Coquito”. Un tipo sencillo, amable, cercano, de esos que no necesitan esfuerzo para caer bien porque su esencia es natural, amigo de sus amigos, de los que no olvidan de dónde vienen ni a quiénes caminaron a su lado en su pueblo natal.
En su juventud, ese liderazgo natural empezó a tomar forma institucional. Elkin llegó a ser presidente de la Liga de Fútbol del Chocó, una responsabilidad que asumió con el mismo compromiso con el que jugaba en la cancha: entendiendo que el fútbol en nuestra tierra no es solo deporte, sino también oportunidad, identidad y futuro.
Antes de que el fútbol le abriera definitivamente las puertas a nivel nacional, su vida también transcurrió en la cotidianidad del trabajo, durante años, fue empleado del hospital San Francisco de Asís en Quibdó, cumpliendo con responsabilidad, sin imaginar que el destino le tenía preparado un giro inesperado.
Y entonces, hace 12 años, llegó la llamada: Un viejo amigo, de esos con los que se comparten glorias pasadas en el fútbol, lo contactó para hacerle una propuesta que parecía lejana: vincularse a la Federación Colombiana de Fútbol, Coquito escuchó, sorprendido, casi incrédulo, pero hay decisiones que no admiten pausa, apenas colgó, tomó el número que le dieron y marcó. Al otro lado de la línea respondió Álvaro González, Presidente de la FCF, y esa conversación cambió su vida.

A partir de ese momento, Elkin Arce Mena inició un camino en el que supo combinar su conocimiento del fútbol con una capacidad administrativa que pocos conocían. No fue cuestión de suerte, sino de carácter, Elkin supo ganarse su lugar, demostrar con hechos, aprender y crecer en un entorno exigente.
Con el tiempo, su nombre empezó a consolidarse dentro del fútbol colombiano, lo que comenzó como una oportunidad se transformó en una trayectoria de logros, tanto en lo administrativo como en lo deportivo. Hoy, hace parte del Comité Ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol, desde donde participa en decisiones clave para el presente y el futuro del balompié nacional, consolidándose como uno de los ejecutivos chocoanos más importantes del país.
Pero si algo no cambió fue su esencia, “Coquito” sigue siendo el mismo, sencillo, amable, cercano, el amigo que escucha, el que responde, el que no se niega, Y quizá por eso ocurre algo particular a su alrededor, quienes lo conocemos desde niño entendemos que su valor no está solo en lo que ha logrado, sino en quién es, pero incluso quienes lo han conocido hace poco buscan acercarse, “chicanean” —como decimos— la posibilidad de entrar en su círculo, con la ilusión, entre risas y complicidad, de algún día recibir esa famosa “boletica” para ver jugar a la selección, y de una vez les auguro: Si es para un partido del mundial, es una misión imposible, pero no importa, sigan “chicaneando”.

Más allá de la anécdota, hay una verdad más profunda: Elkin Arce Mena se convirtió en un símbolo de lo que significa salir del Chocó sin dejar de ser del Chocó de crecer sin perder la humildad, de avanzar sin soltar la mano de los amigos. Su historia no solo habla de éxito, sino de coherencia, porque al final, en medio de cargos, responsabilidades y reconocimiento, Coquito sigue siendo ese mismo hombre del barrio Niño Jesús: leal, cercano y amigo que te abraza cuando te ve.
Y eso, en cualquier escenario, vale más que cualquier título.
Vecino: Que grato ese abrazo acá en Orlando Fl.
Jhon Diaz. Periodista.






