UNA GRAN EXPERIENCIA. Por: Yesid Francisco Perea Mosquera

Producto del proceso electoral llevado a cabo el pasado 29 de octubre, el CNE tuvo a bien brindarme la oportunidad para ejercer como escrutador departamental en el Putumayo, en su capital Mocoa; de tal manera que no pude ejercer mi deber ciudadano de votar, por cuanto me encontraba a miles de kilómetros de Quibdó, lugar donde estoy habilitado para depositar mi voto. Como dirían algunos, ese votico se perdió.

Lo más lejano en mis pretensiones era conocer tierras putumayenses, y créanme, fue una experiencia maravillosa, no solo por la oportunidad de conocer este rincón del país, sino además porque nunca había tenido la experiencia como escrutador. Mocoa me sorprendió positivamente, pues encontré una ciudad planificada, con sus calles y carreras bien definidas; con una semaforización importante, sus calles amplias y pavimentadas en su gran mayoría, buen parque automotor y lo más importante, una ciudad pacífica. Hay mucho comercio; usted pasa la vista por una cuadra y sin exagerar, toda está poblada de locales comerciales; me decía un mocoano, el compañero delegado por el Consejo Nacional Electoral, que esa es una forma de complementar los ingresos familiares. Me sorprendió sí conocer que no hay Tribunal Administrativo; la segunda instancia en este tipo de conflictos jurídicos se surte ante el Tribunal de Pasto, y desde esa capital se nutrían los empleos en Mocoa, razón por la cual-me comentaron- se encuentra mucho pastuso al frente de los empleos en la capital del putumayo; hoy se está a la espera de la creación de ese Tribunal en Mocoa, en la intención de que pronto opere allí, con mocoanos en particular y putumayenses en general.

La experiencia para mí fue muy enriquecedora, habiendo tenido la oportunidad de tratar a pocas personas relativamente, pero muy amables ellas; tienen el golpe de los pastusos en la voz y la población afro es muy poca. Fueron muy pocos corraciales los que tuve la oportunidad de ver, a pesar de existir un corregimiento, Puerto Limón, básicamente habitado por personas de etnia negra, quienes se aposentaron allí como consecuencia de la exploración y explotación de minas de oro, según se me hizo saber. Con gusto regresaría a Mocoa, ciudad golpeada por una avalancha traída por un río que lo atraviesa y que, quien no conoce la magnitud de ese desastre de hace unos años, no podría creer que tan mansas aguas y en tan poca cantidad como la que hoy se vé, fuera la causa de más de 200 muertes en la capital del departamento del putumayo.

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