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Recuerdos del Quibdó de Ayer (II parte). Por:Américo Murillo Londoño (Mis memorias)

En mi escrito pasado, anotaba como el Quibdó de ayer había cambiado todo, tanto en el tipo de  sus viviendas, calles y costumbres que le permitían a uno recordar y sacar la conclusión que el Quibdó del pasado , así hayan avances tecnológicos, la vida antes era más apacible, tranquila y con menos vivíamos mejor y como para citar o agregar ejemplos apuntábamos como los barrios residenciales habían aumentado; no obstante que la composición numérica de los hogares es inferior a la de antes, y en ello tiene que ver el alto flujo de migración especialmente del área rural, por el desplazamiento forzado, también la presencia de habitantes de otros municipios en busca de mejores oportunidades, mejor calidad de vida, como también el posicionamiento educativo universitario, sin contar los habitantes de ciudadanos de los departamentos circunvecinos, que por múltiples circunstancias se han establecido en la villa de asís. 

El Quibdó de ayer se circunscribía  a lo que hoy denominamos el anillo central, vale decir desde la carrera primera hasta la séptima, conocida como la carretera y de la calle primera en la Yesquita hasta la calle 15, hoy la calle 31, todo a partir de cuando se modificó la nomenclatura de Quibdó, incluyendo a sectores nuevos, como el Niño Jesús, Kennedy (el antiguo paraíso) y toda la zona norte a partir del  antiguo matadero, hasta llegar a Guayabal, el barrio  Tomás Pérez, sólo era un caminito, conocido como Cagantá o la bajada del hospital, el Barrio el Silencio como tal no existía, era una sola carrera, la novena que le decían calla nueva cuando la adecuaron desde la Alameda Reyes, hasta la que es la Calle 30; el Barrio las Margaritas eran unas cuantas casas; en la Carreara Séptima, hacia el Cementerio, San José, partiendo de la calle 30, donde se encuentra la estación de gasolina de Pedro Abdo García, era otro camino, de tal forma que para ir al cementerio o seguir la ruta Quibdó Medellín, había que pasar de la Alameda Reyes,  como también por el sector conocido como el Polvorín,  por donde se encuentra ubicada  la Institución Educativa Matías Bustamante Meza y finalmente pasar por detrás de la Loma de San Judas.

En Quibdó había calles emblemáticas o sectores de ellas, por características muy particulares, tales como “Boca de Cangrejo” en la Carrera Tercera, pasando la Alameda Reyes, en sentido norte. En la Carrera Cuarta entre la Alameda Reyes y Calle 28 (en esa época no existía Calle 27) ese sector era conocido como “Munguidocito” por la notable presencia de familias del Río Munguidó; en la misma vía en sentido norte, ese sitio era conocido como “Pantanito”, por donde vivían la señora Esneda Parra, mamá de la folclorista Madolia de Diego y también cercano a la señora Esneda estaba la residencia de Cicerón Berrío (músico veterano, redoblantero) más conocido como “Terrompo”.

En la Carrera Quinta entre Yescagrande y Pandeyuca, por la casa del señor Isacio Caicedo Blandón y también la vivienda de la conocida Madolina, le decían a ese sector “ El Polvero” ya que había por allí una arena muy fina que con cualquier brisa se levantaba; en esa misma carrera, pasando la Alameda Reyes en dirección norte hasta la Calle 29, ese tramo era conocido como “Tres brincos”, por ese sector recordamos que vivía “Miguel diablura”, “Iván cabeza” la familia Copete Quinto, Los Sánchez Aguilar, la familia Bejarano Sánchez, entre otros. En la Carreara Sexta, entre Yescagrande y Pandeyuca, esa cuadra era conocida y aún se denomina como “Panamacito”.  Consulté varias fuentes de personas que vivieron y otros que habitan en el sector; pero las versiones fueron tan disímiles y por ello omito mencionar alguna.

Vale anotar que el nombre del Polvorín se origina en razón a que por allí estaba ubicada una casa donde se guardaba la pólvora que se utilizaba para disparar un cañón (Goliat) para indicar el inicio de las fiestas de San Pacho. Dicho cañón estaba en la loma de San Judas por el sector del barrio El Silencio. Las personas que tenían plateras colgadas en la pared del comedor de sus casas, tenían que bajarlas para evitar su caída al piso y por ende rompimiento de platos y pocillos, por la vibración y estruendo que se producía al disparo del citado cañón, que era manipulado o accionado por un señor de nombre Santiago Urrutia.

A propósito de la ruta para el Cementerio es del caso acotar, que anteriormente los funerales salían desde la Catedral San Francisco de Asís  hasta el campo santo, acompañado del y /o los sacerdotes, con sus acólitos; pero a partir de aquella época que la zona de tolerancia se trasladó del Barrio La Yesquita Al sitio denominado “Korea” (hoy Barrio La Esmeralda) los sacerdotes no pasaban por ese sector por ser un lugar de pecadores, solamente llegaban hasta la Cárcel Anayanci y de allí se devolvían.

 Anteriormente la honras fúnebres, incluido lectura de resoluciones, decretos y discursos, se hacían en el Cementerio, no en la Catedral como ahora; las visitas dominicales a los seres queridos, eran con mucho respeto y devoción, hoy dependiendo del difunto llevan grabadora y ponen, música de carrilera, reguetón, de salsa o  vallenato y si el muerto o algún familiar cercano suyo le gustaba la chirimía o si fue la voluntad del fallecido que lo enterraran con música, desde la sala de velación  al féretro se le hace su acompañamiento musical. Otra cosa, al Cementerio hoy día se debe ir acompañado, sin joyas o elementos de valor; porque los amigos de lo ajeno bajo amenazas de cuchillo o revolver lo despojan de sus pertenencias.

A propósito de temas religiosos, como no recordar los tiempos de la Semana Santa, donde primaba el fervor, la devoción, el respeto a Dios y al mismo tiempo temor por todas la creencias y mitos alrededor de la vida, sufrimiento y muerte del hijo de Dios, para salvar nuestras almas y redimir nuestros pecados; todo lo anterior a partir del Domingo de Ramos cuando ese día los feligreses llevaban ramas de la denominada “Palma de ramos” y en el interior del país la Palma de Cera, hoy declarado el árbol nacional. En reemplazo de las mencionadas ramas hoy día la Iglesia, permite que a la procesión se lleve cualquier rama diferente, debido a que la Palma de Cera se encuentra en vía de extinción y es prohibida cortarla.

 Los denominados ramos eran llevados a la procesión del Domingo de Ramos (valga la redundancia) para bendecirlos y posteriormente guardarlos en la casa con mucho celo; y en las noches lluviosas con relámpagos y truenos, los devotos estaban prestos a desempolvar dichos ramos para prenderles fuego a unas cuantas ramitas y elevar oraciones con la creencia que con esa acción se conjuraba la tempestad.

La televisión en Colombia se inauguró el 13 de junio de 1954, un año después de haber asumido el poder como Presidente de la Republica Gustavo Rojas Pinilla, pero no funcionaba en el Chocó, los actos litúrgicos de la semana santa eran transmitidos y escuchados en la radio por las emisoras que en la época se sintonizaban más, como Todelar, Nueva Granada y Nuevo Mundo y a partir del lunes se cancelaba toda clase de música bailable y en su lugar primaba la música de cámara o salón y después se pasaba a la clásica, hasta el domingo de resurrección. En la semana santa, en las casas había que hablar con sobriedad, nada de carcajadas ni gritos, no se podía comer carne de cerdo ni de res, tampoco se podía bañar en el río, so pena de convertirse en pescado o sirena, las relaciones sexuales estaban proscritas y a los muchachos malcriados se le aplazaba su pisa de rejo y demás castigos hasta después que se cantara gloria el Domingo de Resurrección.

Video la Fiesta del Judío en Quibdó

Para la época de la semana santa se congregaban en Quibdó, cientos de familias indígenas procedentes de las cabeceras de nuestros ríos, con el auspicio de los sacerdotes claretianos, para esas calendas los varones sólo usaban taparrabos o pampanillas y las mujeres únicamente con parumas y el torso desnudo, no usaban calzado; era normal que los varones se emborracharan y se liaran a puños entre ellos. Había un indígena de nombre Andrés que tenía la reputación de ser el más fuerte, hasta que en una Semana Santa le apareció su coteja, que le propinó tremenda paliza y hasta ese momento le llegó el reinado; también los indígenas a menudo utilizaban la práctica del rapto a mujeres de otra comunidad y se formaba otro problema entre ellos.

El Domingo de Resurrección se exhibía en el Parque Centenario, un muñeco vestido con prendas masculinas que simbolizaba al judío y fariseos que entregaron a Cristo para que fuera juzgado y crucificado. La elaboración del muñeco y su posterior quema ante el público aglomerado en el Parque, estaba a cargo del señor Roberto Valencia y dicho acto representaba el cumplimiento del mandato divino revelador que Cristo era el salvador de la humanidad.

De otra parte debo destacar del Quibdó de antes su actividad deportiva, la cual era frecuente para disfrute de la comunidad en general, y no obstante a que en artículos publicados anteriormente, hemos reseñado algunos personajes que hicieron historia, considero del caso mencionar los inicios del ciclismo, a partir de la década de los años 50, cuando se hacían competencias permanentes en el anillo central de la ciudad y en otras oportunidades desde Quibdó a Tutunendo, donde casi siempre el ganador era William Hormaza Arrunátegui, que era el único que tenía una bicicleta profesional; los demás corrían con bicicletas de turismo, que se podían comprar en la Caja Agraria, que estaba ubicada en la Carrera Primera,  en  frente del Parque Centenario hacia la orilla del Río Atrato.

William Hormaza ciclista chocoano

William Hormaza nació en Quibdó, un 13 de octubre de 1932, hijo de Mariano Hormaza, quien fungió como Alcalde Mayor de Quibdó. William inició sus estudios de primaria en la Escuela Anexa a la Normal de Varones y posteriormente fue matriculado en las escuelas del denominado Barrio Escolar, instalaciones que fueron ocupadas por el Batallón Bomboná, donde ahora funciona el mega colegio; la secundaria de William la cursó en el Colegio Carrasquilla. Junto con William, se animaron en el ciclismo, entre otros, Santos Moreno Blandón, Hito Leoncio Rojas Palacios, Noel Paz (“Papato) Francisco Robledo (“Pacho mino”) y Hernán Osorio, procedente de Medellín, que había llegado a esta ciudad como linotipista de la imprenta, y contaba con algo de experiencia como ciclista aficionado. En 1954 cuando se escogió la delegación del Chocó, para los Juegos Deportivos Nacionales en Cali, sólo se le midieron para competir en esas justas, William y Osorio.

Los ciclistas del Chocó, en Cali se enteraron que las bicicletas para ruta y para pista en velódromo eran diferentes y que cada equipo requería un número mínimo de 4 ciclistas. Las delegaciones de ciclismo tanto de Cundinamarca como la de Antioqueña, se ofrecieron en prestarle al Chocó, los dos ciclistas que faltaban para completar el equipo, pero con la condición que si el ganador era el ciclista Cundinamarqués o el Antioqueño, no era el Chocó el vencedor y la medalla era para ello.

Nuestros ciclistas hicieron su mejor esfuerzo en representar al Chocó, labor que fue reconocida por la afición Caleña y se aprendió la lección que cuando se participa en un torneo, además de estar preparado físicamente para la competición, hay que tener conocimiento de la reglamentación propia de cada deporte.

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