El hecho de desear las mejores cosas para todos los chocoanos en este nuevo año, no implica que siga muy al pendiente de las cosas de común ocurrencia en nuestra comarca, sobre todo en estos meses siguientes, si nos atenemos a la inminente llegada del día electoral.
Una de las cosas que llama poderosamente mi atención, se relaciona con la información trascendida, según la cual, residentes indígenas de la vía que conduce de Quibdó a la capital paisa, estarían reclamando indemnización al Estado colombiano por haber intervenido un sector donde estaría una peña, una roca “sagrada” y la participación del gobierno en ese pedazo de naturaleza virgen implicaría una millonaria indemnización por cuanto se estaría afectando, deduzco yo, aspectos espirituales de esta(s)comunidad(es). No puede ser por Dios, no me cabe en la cabeza que luego de más de 100 años según dicen, que hace se inició la construcción de esa vía, solo ahora, en el 2026, descubran la existencia de una piedra sagrada en determinado sector; para el año 1931 es cuando el gobierno de entonces se interesa en la construcción de algunas vías para este territorio, desde donde se desprende la construcción de la vía mencionada arriba, la cual cuenta con una extensión de 215 kilómetros aproximadamente. Pero es ahora, para este año que inicia, cuando esos indígenas recordaron tener una roca sagrada por la que estarían pidiendo más de mil millones de pesos.
Son posturas inaceptables por parte de los distintos gobiernos, entiéndase nacional, regional y local, no solo por la inverosímil idea, sino porque, de acceder a un propósito de ese calibre, seguidamente estarán reclamando por los ríos y quebradas sagradas, aquellas en las cuales se bañaron sus antepasados, así como también por la selva que bordea el sector. El gobierno nacional ha reducido en grado sumo lo correspondiente al Sistema Nacional de Participación para los municipios chocoanos, como también para la gobernación, haciendo más gravosa la situación presupuestal para los administradores y especialmente para los administrados, lo cual se traduce en la necesidad de ajustar procedimientos a efectos de hacer rendir el presupuesto, para que vengan estos “adelantados” de tiempo atrás, a buscar apropiarse de esos reducidos recursos que deben ser utilizados para el bienestar general.
Por cierto, en un artículo escrito meses atrás, destaqué los avances logrados en un consejo extraordinario de seguridad, en los que se planteó la consecución, entre otras cosas, de botes para navegar el río Atrato y un pelotón militar que habría de ubicarse en la zona utilizada por los indígenas para cerrar la vía, cada que se les viene en gana, en desmedro de toda una población que utiliza esa única vía hacia Medellín para suplir múltiples necesidades; esos militares estarían acantonados en esa zona para evitar los consabidos desórdenes, sin que a la fecha nada haya pasado al respecto. Cuándo entrará en operación el citado pelotón por favor; y una recomendación adicional: ni un peso por la tal roca aquella, si no queremos que nos cobren luego hasta por el oxígeno.