MILCIADES DE DIEGO:El fotógrafo de Cristo Rey Por : Gonzalo Díaz Cañadas- Serie Memorias vivas (4 parte )

“La cosa es muy sencilla: yo aprendí a tomar fotos dormido, soñé que tenía una cámara y que andaba pa´arriba y pa´abajo tomando foto a todo lo que veía, y con la primer platica que me dieron en la planta eléctrica en ese entonces, compré mi primera cámara donde los Bechara, una kodak 127 que me costó tres pesos. Me instalé por primera vez en la carpintería del señor Aureliano Quesada que quedaba en la calle primera al frente de la Policía”.   Don Milciades De Diego. Abril del 2000. 

Corresponde al último vestigio y forjador de la historia de la fotografía en el Chocó, a la única memoria viva que aún sobrevive, en el olvido y la pobreza., un autodidacta de la fotografía, profesión que ejerció con altivez   hasta que lo atropelló la tecnología, las cámaras instantáneas, el color.

Nació el 3 de mayo de 1925 en el río Munguidó, vivió en Quibdó donde se vinculó como empleado en la Planta Eléctrica, tuvo 12 hijos en dos mujeres, su esposa fue Honoria Moreno con quien tuvo 4 de ellos. Milciades de Diego fallece en su habitación del Barrio Cristo Rey a inicios del 2002.

En 1943 el secretario de Gobierno de la Intendencia del Chocó, Ramón Lozano Garcés, lo designaba  por decreto 19 como Jefe de la Comisión de Cedulación de la Provincia del Pacífico.

El inicio de Milciades en la fotografía es muy particular. Él se soñó que tenía una cámara propia e iba caminado y fotografiando todo a su paso. Al día siguiente sacó parte de su sueldo como empleado de la planta eléctrica de Quibdó, bajo el mando del alemán Man donde ganaba $ 45 pesos mensuales y compró su primera Cámara Kodak 127, por $ 3 pesos, en el almacén de los hermanos Bechara Agentes de Kodak para el Chocó.

Aviso venta de cámaras en Quibdó, periódico ABC ,1934

Sólo señalaba que “La fotografía la aprendió solo señala y los primeros rollos los llevaba a revelar al estudio de Adolfo Rengifo en el barrio Yesca Grande”. Su actividad fotográfica callejera la desarrollaba los domingos cuando se iba la gente a pasear por el viejo hospital, un lugar agradable al cual iban los novios y jóvenes a contemplar la vista de Quibdó y la moderna edificación, las gentes aprovechaban para sacarse sus fotografías tendidos en la hierba, con sus amigos y familiares.

Su primer estudio funcionó de manera improvisada dentro de un cuartico en la carpintería de Don Aureliano Quesada, ubicada al frente de la Policía, de allí pasó al Barrio César Conto, donde hoy radica.

Después de más de 30 años de actividades y ante el paso de la modernidad y la tecnología y el color las cosas cambiaron, los químicos y elementos que se requerían para el proceso de revelado y copiado fueron cambiando, la exigencia misma del Estado a través de los documentos públicos de las fotografías en color, contribuyó a que el servicio que tradicionalmente se ofrecía de fotografía para documentos y cédulas en especial se tecnificara.

Esta foto de una construcción de una iglesia en un pueblo del Chocó es de las pocas imágenes de su autoría que pudimos localizar. Su archivo como muchos otros desaparecieron

En su casa del barrio César Conto, con paredes de tablas viejas y tenues como el color de la fotografía antigua cuando se desvanece por el paso de los años, Milciades permanece todos los días sentado viendo pasar la gente y el tiempo. En una de las paredes  de su humilde casa y con  una capa de polvo acumulado cuelgan dos de sus tesoros más valiosos  una foto suya, siendo adolescente  que le hizo  Adolfo Rengifo el maestro y que  le costo $ 7 pesos   y enmarcado también,  el oficio  de enero 15 de 1943 por medio de cual  el secretario de Gobierno de la Intendencia del Chocó, Ramón Lozano Garcés, lo designaba  por decreto 19 como Jefe de la Comisión de Cedulación de la Provincia del Pacífico, trabajo que le permitió recorrer el Bajo Baudó, Dubasa, Acandí, realizando el proceso de cedulación  para cientos de compatriotas.

Milciades del Diego posando para el lente de Gonzalo Diaz Cañadas en su residencia del Barrio Cristo Rey donde durante varias décadas tuvo su estudio ,por donde desfilaron cientos de clientes en busca de una foto.

Hasta hace 5 años aún realizaba algunos trabajos y aún recuerda con nostalgia y recita de memoria los elementos que utilizaba para preparar el revelador hidroquineno, sulfito de sodio, bromuro de potasio que es el que quema la película” exclama al recitar todos los ingredientes con memoria fotográfica, a su vez que observa la moderna cámara Canon automática y digital que cargamos, como esperando la última foto.

 En la sala de su casa aún se conserva cerrado un improvisado cuarto oscuro, unas lámparas y un centenar de fotografías en blanco y negro para documentos que nunca reclamaron y un letrero que dice “Las fotos de hoy son el recuerdo del mañana”. Milciades como parodiando a su tocayo de cien años de soledad, sucumbe sus últimos días en la pobreza, sin ningún tipo de protección, sin una jubilación, ni servicio médico, incluso sin una cámara.

Tomado: Historia de la Fotografía en el Chocó-2007

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