CON LA PROTECCIÓN DEL SEÑOR. Por :Yesid Francisco Perea Mosquera



Cuando creemos que las cosas están mejorando en materia de orden público, aparecen hechos lamentables en cualquier parte del país, tirando por la borda las esperanzas surgidas como producto de anuncios, operativos o realizaciones por parte de personas allegadas a la ilegalidad. Lo último con lo que han arrinconado nuestras esperanzas, se relaciona con el vil asesinato de dos menores de edad, uno de ellos de tan solo 12 años según dan cuenta las noticias, a manos de integrantes, al parecer, de grupos organizados al margen de la ley, en la región del Catatumbo, Norte de Santander.
Aterrizando a nuestra región, también se han presentado situaciones con la fuerza inicial, como para revivir esperanzas; pero luego reaparecen aspectos negativos que derrumban los esperanzadores soportes sobre los cuales estábamos cimentando la visión de mejores días. Con todo, he leído con agrado la solicitud de diálogos realizadas por algunas personas, sumado a la necesidad de que éstas conversaciones estén acompañadas de inversión social en tantos lugares como se reclama en todo el departamento; y me agrada el tema porque, sobre el particular, escribí en meses pasados una columna, en donde pedíamos diálogo e inversión social, involucrando como garantes, entre otras instituciones, al Ministerio Público; tan solo conocí un desteñido comentario oponiéndose a esta posibilidad.
Producto de lo comentado arriba y en atención a la ausencia de hechos para traer paz y tranquilidad a nuestras poblaciones, en días pasados hice alusión a la posibilidad de erigir una gran figura divina, a propósito del Cristo Rey de Río de Janeiro, figura que fuera vista desde todos los rincones de Quibdó, debidamente iluminada para que ni si siquiera la noche nos privara de su visión, a efectos de que regrese la calma, la tranquilidad y el sosiego, dada la violencia nacional, regional y local. Hoy quiero reafirmarme en esa idea, invitando a mis lectores para que aporten los insumos necesarios a efectos de hacer real lo que hoy es un propósito reiterado. Hoy, más allá de que quienes tienen la posibilidad de contribuir con acabar o neutralizar las desigualdades existentes, invirtiendo en todo aquello que necesitamos para que los más necesitados tengan posibilidad de sobre vivir, lo hagan y así ocupar a tantas personas desocupadas y llenas de necesidades puntuales, creo firmemente que, con la presencia de JESÚS, cuya imagen sea observada por todos, en todo momento y desde cualquier lugar, esta ciudad y su gente volverán por las sendas de los buenos caminos, dejando atrás esta mala hora y permitiendo que la armonía y la tranquilidad no sean una utopía, sino una realidad.
Para la inmensa mayoría de quienes habitamos esta parte del país, resulta muy doloroso ver la forma como caen nuestros jóvenes, personas éstas que han optado por la ilegalidad, teniendo, con seguridad, tantos valores como cualquiera de nosotros para evitar esa opción de vida; seguramente si contaran con oportunidades de trabajo, si tuvieran la posibilidad de llevar comida a sus casas trabajando en forma legal, no hubieran acudido a otras formas de subsistencia, llevándose por delante la tranquilidad de un pueblo, cuyo principal activo fueron siempre la alegría, la paz y la tranquilidad. Por eso, busquemos la protección del Señor Jesús, pues en Él lo encontramos todo.

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