La columna de Odín «No me amenacen, no me amenacen……»

MANO PELE, CHUSPA AL SUELO

Recibí varias llamadas de mis habituales lectores por no haberlos complacido el pasado viernes con mi acostumbrada columna, por lo que les presento excusas, en razón a que estuve estos días en el Municipio de Bahía Solano azotando lo que me queda de la tarjeta profesional, asistiendo presencialmente a una diligencia en el corregimiento del Valle, pero aquí les va la entrega del viernes un «Domingo».

Por supuesto que vivimos en Quibdó y el Chocó horas parecidas a los meses previos al canje o mi entrega al Ejército de Liberación Nacional (ELN) en lugar de mi hermano Patrocinio; evento que se dio transcurridos casi 3 años de su penoso cautiverio y por su lamentable estado de salud, cuando me tocó iniciar contrario a las instrucciones de los organismos de seguridad del estado, diálogos con alias «Uriel» y «Santiago» -Comandante y Jefe de Finanzas respectivamente-, terror de los comerciantes y mineros de la subregión del San Juan; diálogos para los que me correspondió internarme en las selvas del Municipio de Istmina, corregimiento de Potedó, caserío en el que a través de un habitante me enteré que allí laboraba «Pacho Pava», de los amigos de la Yesca Grande, a quien solo saludé de lejos, porque cuando se acercaba al puerto o embarcadero, yo me alejaba por el río en la panga que me transportaba.

Conversaciones que ocurrieron en 3 ocasiones, y en lugares diferentes (Potedó, Bocas del Sipí y San Miguel), las que siempre giraron en torno a los temas: Canje y dinero, porque desde el primer encuentro, con voz recia o de mando, el Comandante «Uriel» -abatido hace meses por las fuerzas del orden-, me manifestó que lo de mi hermano se trataba de un secuestro extorsivo, y que la única salida era la consecución y entrega de los recursos por el orden de $ 10.000 millones, monto que los comandantes establecieron, partiendo de la información errada que sobre Patrocinio y la familia le proporcionaban las células urbanas subversivas a saber:

1o. Que antes del secuestro, la oficina de abogados «Sánchez Montes de Oca Asociados», había cobrado una gruesa suma de dinero por concepto de indemnización de algunas víctimas de la «Masacre de Bojayá».

2o. Que Patrocinio había ocupado los cargos de Alcalde de Quibdó y Gobernador del Chocó, y para ellos era imposible que habiendo ostentado esos cargos, no se hubiese “despachado” como se dice en la jerga popular, cuando las personas llegan a los cargos públicos y aprovechan la oportunidad para saquear y quedarse para sí con los recursos del estado.

Estas fueron las razones para que la organización subversiva pensara que el Dr. Patrocinio y sus familiares, supuestamente tuviéramos la capacidad de conseguir la astronómica suma de dinero exigida por ellos. Es decir que para la delincuencia común, que fue quien realizó el secuestro, y el ELN, para la época éramos unos «embilletados» o «platudos», motivo por el cual convirtieron a Patrocinio en una mercancía de alto valor.

Los diálogos tenían como objetivo llegar a acuerdos sobre el monto del rescate, puesto que la exigencia era demasiada alta y difícil de cumplir, de allí mi lloriqueo ante ellos, y el comentario de «Uriel» que con mi actitud también los iba a poner a llorar a ellos, y al parecer la táctica funcionó, porque sustancialmente rebajaron el valor inicialmente solicitado y lo fijaron en una cifra alcanzable, tanto que, con gestos y gestiones como la venta de algunos bienes de nuestros padres, del mismo Patrocinio, el apoyo de muchos chocoanos de buen corazón -incluso de algunos que hoy sufren amenazas y extorsiones-, con rifas como la de un carro que al final se le donó a la Junta de Acción Comunal del Barrio Alfonso López, cuyos habitantes habían sufrido un incendio que acabó con varias de sus viviendas, pudimos reunir los recursos para mi rescate, pues el acuerdo del canje era: ¡Usted se queda acá, hasta cuando traigan la plata!

Desde los diálogos iniciales, ya «Uriel» -haya sido bueno o malo-, en chiste o en serio, enviaba razones a algunos de los que hoy se rasgan las vestiduras porque supuestamente con mis habladas o escritos les estoy poniendo una «lapida» en la espalda, utilizando un lenguaje del bajo mundo, el que también se puede asimilar a: «Bembearlos», «darles dedo», «calentarlos» o » pintarlos», o incitar para que alguien les haga daño a ellos o sus familiares; cosa que no hace parte de nuestra personalidad o manera de ser, pero que tampoco creemos que detrás de esta oleada de violencia, homicidios, atracos, robos, boleteos, amenazas y extorsiones, esté algún grupo político, señalando caprichosamente a sus adversarios, como lo manifestaba un estudioso y respetable asesor de seguridad de la Gobernación del Chocó.

En mi criterio, son los desgobiernos, desde la fecha o periodos en que los quieran ubicar, la inacción de la dirigencia local y regional cualquiera que sea, la falta de formulación, aplicación y ejecución de políticas públicas para atacar problemas como el desempleo, la falta de oportunidades, lo que se convierte en el caldo de cultivo de la aparición de bandas juveniles y organizaciones criminales de todo tipo, y toda una bomba social, que tarde o temprano termina por estallar.

Mientras tanto, acompáñenme a tararear en vos baja la canción ranchera de José Alfredo Jiménez con la que intitulo este escrito: No me amenaces, no me amenaces….

PDTA: No estoy de acuerdo en utilizar las vías de hecho en la lucha contra la corrupción; pero tampoco que a través de ellas, se amedrante a quienes ejercen el necesario control social.

Atentamente,

Odín Sánchez Montes de Oca

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