La columna de Odín. «Semana santa, meditación y deseo»

MANO PELE, CHUSPA AL SUELO

Nos llega la semana santa y con ella algunos recuerdos de muchos años atrás, el uno cuando las pasaba en la finca “La Esperanza” de Samurindó, por la cantidad de dulces y viandas que se preparaban y consumíamos en familia: Dulces de piña, marañón, guayaba, papaya, coco; conservas de árbol del pan, sosiega, arroz de leche, claro o guatecoco, colada de maíz o Birimbí, envuelto de maduro, etc. Y otro cuando las pasaba en Quibdó, y la Curia le celebraba a nuestros indígenas la quema del «Judío» entre sábado santo y domingo de resurrección, días en que los indígenas llegaban en cantidades a Quibdó a presenciar la quema del «Jurío», como ellos le decían a un muñeco o mamarracho fabricado con trapos viejos y relleno de pólvora por el señor Roberto Valencia, a quien la curia siempre tenía en cuenta para este evento, padre del profesor de danzas y coros Heriberto Valencia, conocido como “Averichuachi”, y también de Annia Valencia, profesora de la UTCH, y de Arecio, desaparecido hace más de 30 años sin que se volviese a tener noticias de él. El rito, se celebraba en pleno Parque Centenario, en el que los indígenas ataviados con «Pampanillas» coloridas, cuyas telas se compraban en el almacén de Raúl Cañadas, en cuya residencia parte baja se hospedaban algunos indígenas de las cantidades que llegaban para la época, porque otros lo hacían en la casa de doña Lucia Astié, en la carrera primera contigua al Edificio Nacional, suegra del médico y político conservador Luis Felipe Diaz “Pipí”, padre de la comerciante de la tercera conocida como «La Choli», esposa del ex Magistrado Luis Ramón Garcés Herazo. Recuerdo también de estas lejanas épocas, que los indígenas confundían al mítico «judío» con el Dr. Gaspar Murillo, quien antes de su importante carrera judicial fue músico (clarinetero), al que cuando se celebraba esta fiesta, lo cargaban en andas, por algunas molestias en sus pies que le impedían caminar largos trechos, o permanecer mucho tiempo de pie; lo que no puedo confirmar es que, los dolores en los pies obedecían a callos, clavos o Juanetes, que se comentaba tenía el importante ex Magistrado, pero lo cierto es que, cuando lo exhibían en andas tocando su clarinete, detrás de la murga, como en procesión, lo seguían los indígenas señalando y gritando: » ahí va el Jurío», «vean al Jurío».

Es la semana santa el tiempo ideal para que los cristianos, apostólicos y romanos, se acerquen más a Dios y renueven el compromiso de cumplir los 10 mandamientos, entre ellos: no codiciar los bienes ajenos como la mujer del prójimo, no cometer actos impuros, no matar, no robar etc. Conocida en algunos lugares como la semana mayor, es además el espacio propicio para la meditación y reflexión, a la que convocó también para estos días «Dieguito», el hijo de Diego Luis Córdoba, en una brillante intervención en la UTCH, donde se celebraba el 49 aniversario de la creación del Alma Mater, y se hacía el descubrimiento de un busto del padre del Departamento (discutible para algunos investigadores). Glosa paseada contra todos los chocoanos, especialmente contra los Cordobistas, porque al decir de él y a los ojos de todos, se están robando o se han robado el Chocó aprovechándose del nombre de su padre, y a quien convierten en Jefe de debate para ganar elecciones cada 4 años, y con cuyas vísceras (corazón), realizan o practican en campañas todo tipo de ritos y hechicerías como el ancestral «Vudú»; y alerta sobre la posible pérdida o robo hasta del corazón, pues llegada la hora que se requería para que reposará en el mausoleo, no apareció.

En ese llamamiento a la reflexión sobre lo que ocurre en el Chocó, coincidimos con «Dieguito» y hasta con la misma voz independiente del veedor, sobre todo en lo que tiene que ver con la sistemática y creciente ola de corrupción, pero que disiento con este último en el señalamiento que hizo de los «Lozanistas» en su programa del Jueves, pensaría yo que por atender las presiones del por qué no los menciona a ellos en el «robispicio» chocoano, y si estaría de acuerdo en que se revisara hacia atrás, porque desde hace décadas, no vemos sino a los herederos políticos de Diego Luis encartados en los escándalos de corrupción, y porque además el cerco judicial se les está estrechando a muchos de ellos, veamos: Nilton Córdoba en juicio ante la sala especial de Juzgamiento en la Corte Suprema de Justicia por el “Cartel de la Toga”, por el mismo que fue condenado a 19 años el ex Magistrado Ricaurte; el Dr. Ariel Palacios Calderón, con escrito de acusación radicado ante la misma sala especial de la corte por celebración indebida de contratos, contratación sin el lleno de requisitos, tentativa de peculado, conductas sancionables porque todas se ejecutaron; y en tercer lugar Jhoany Carlos Alberto (lean Domingo), imputado por el cartel del gas domiciliario, porque pagó un acta estando suspendida la ejecución del contrato; imputado también en el proceso de la construcción de la sede de la UTCH de Istmina, en donde se solicitó medida intramural contra cuatro exfuncionarios y el contratista, y pago de caución del 10% del valor del contrato en algunos casos, y en otros del valor de las actas firmadas; esto sin contar con las 60 investigaciones que según el valiente veedor, tiene el «Bagre enjabonado» y porque además, no veo «Lozanistas» ni en estas investigaciones, ni los he visto u oído en las de las vías Belén de Bajirá-Riosucio, Istmina-Condoto-Andagoya, la de la Platina, la de Pacurita, la investigación del Aeropuerto de Juradó, del Hospital de Acandí, las de los elefantes blancos de Quibdó, que están en cabeza de las tres últimas administraciones.

Las crudas verdades expuestas por Córdoba Zuleta en la UTCH, advertidas también en algunos medios radiales como Brisas del San Juan y el programa «Tinto Caliente», tiene alborotado el cotarro político regional, porque no es usual que alguien se refiera en esos términos a la dirigencia cordobista de hoy, como máxima responsable del actual estado de cosas del Departamento del Chocó; pero sobre todo en tratándose del mismísimo hijo de Diego Luis. Y no es para menos, hay preocupación en las huestes cordobistas, y cunde el pánico en los «embilletados» -por algunas reuniones que se cuecen-, mientras tanto por el bien del Chocó, en estos días santos desde esta columna, llamamos a la reflexión.

PDTA: Por supuesto que hoy se necesita mucho «huevo» para decir lo que ha dicho el hijo de Diego Luis; claro que para quienes lo conocemos, es reafirmar el brillo e inteligencia de «Dieguito».

Atentamente,

Odín Sánchez Montes de Oca

1 pensamiento sobre “La columna de Odín. «Semana santa, meditación y deseo»

  1. Qué pena con el señor Sanchez pero lo usual en nuestro atribulado departamento, con escasisimas excepciones que confirman la regla, es que se los procesos electorales solo sirven para escoger el depredador de turno. Hay personajes de cinismo y desverguenza monumentales, que no deberían hablar jamás de corrupción porque no tienen autoridad ética para hacerlo. Francisco L. Valderrama A.

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