Endemias del pasado en el Chocó: La Tuberculosis. Mis Memorias II Por: Américo Murillo Londoño

Por: Américo Murillo Londoño

El otro tema abordado, en la Emisora Q. Radio, fue el de la Tuberculosis, que ocasionó, muchas muertes en el Chocó; estaba asociada a la desnutrición, por la pobreza extrema, en que vivía, una gran parte de la población. Dicha patología se produce por una bacteria conocida como el Bacilo de Koch, en reconocimiento a su descubridor, el Dr. Robert Koch, nacido en Alemania. El contagio de la enfermedad se producía, cuando el enfermo, tosía, estornudaba o cantaba, cerca de una persona sana.

 La tuberculosis o Tisis, que ahora, médicos y enfermeras, denominan TBC, se propagó en el Departamento, y la cura en principio no fue fácil; ya que por ser una enfermedad que avergonzaba a las familias que tenían a uno de los suyos contagiado, prácticamente lo escondían, lo ubicaban en el cuarto de san alejo, con puertas y ventanas cerradas, le separaban plato, pocillo y cuchara, para que no contagiara a los demás. En esas condiciones, el enfermo no respiraba aire puro, ni recibía los rayos del sol, que producían efectos terapéuticos, por la generación de vitamina D.

Cuando era de conocimiento público, que en determinada familia, uno de sus integrantes padecía de tuberculosis, las amistades se distanciaban y el trato era de lejitos; las personas mayores, comentaban de la gente que tenía la enfermedad, que a ellos, se les agudizaba el sentido del oído, que escuchaban a grandes distancias.

La cosa fue tan complicada en el Chocó, que tuvimos dos dispensarios antituberculosos; uno en Quibdó, en el Hospital San Francisco de Asís (en la parte de atrás) en su sede inicial, donde posteriormente se establecieron los Colegios Armando Luna Roa y el Manuel Santacoloma. El otro dispensario, funcionó, en el Corregimiento del Siete (Carmen de Atrato) al otro lado de la vía, que conduce a Medellín.  Los pacientes del Siete, se recuperaban primero que los de Quibdó, en razón a que sus instalaciones eran más amplias, no estaban encerrados, respiraban aire puro y recibían la brisa fresca de las aguas del Rio Atrato, contaban con un huerto sembrado de verduras y legumbres, para el consumo de los pacientes, tomaban leche y consumían carne fresca de vaca.

Sanatorio en el 7 , Carmen de Atrato

Recuerdo de las enseñanzas en la escuela primaria, que el tribuno del pueblo, Don Antonio Nariño, sufrió TBC y que lo curaron a punta de leche de cabra. Haciendo memoria, traigo a cuento la época de la niñez, cuando para ingresar a la escuela primaria, era requisito indispensable para matricularse, acreditar haberse realizado el examen de Rayos X, que se hacía en el Hospital San Francisco de Asís; las placas de tórax, las tomaba el Dr. Luis Felipe Díaz Paz, a quien la comunidad y sus familiares llamaban “Dr. Pipí”, por aquello de Felipe, expresión que difería totalmente de la que hoy día, le dan a esa palabra.

Dr. Luis Felipe Díaz Paz , el Dr Pipí

El Dr. Pipí, también hacía exámenes de tórax, en su consultorio particular, ubicado a la fecha de hoy, entre las carreras 2ª y 3ª, con Calle 24, donde está el Palacio de Justicia, frente al Banco BBVA; allí acudían los hijos de quienes vivían cercanos al consultorio y tenían como pagar el valor del examen. En el Hospital San Francisco de Asís, la cosa era a otro precio, gratis, pero todo un viacrucis, la subida era por la calle principal de Tomás Pérez, que no tenía ese nombre, todo el mundo denominaba a ese sector, “la subida al hospital” y no era barrio de Quibdó, ni siquiera una calle, más bien un camino, lleno de pozos, con pocas casas y al final, se encontraba uno con la loma, donde estaba ubicado el mencionado hospital. Al pie de la subida pasaba una quebrada, para cruzarla era sobre tres guayacanes, que hacían las veces de un puente, donde a la gente le tocaba tener buen equilibrio, como en una cuerda floja de circo.

La escalada por esa loma, era otra tragedia, no había gradas de cemento, sino unos escalones labrados en el barro, con pala o barretón y si había llovido, grave la cosa, era el único acceso al Hospital y al pabellón antituberculoso; por allí subían y bajaban cargados a los enfermos y a los muertos también. La Calle 30, a partir de la Carrera 7ª, en la Estación de Gasolina de Don Pedro Abdo García, no tenía vía de acceso para llegar a la Oficina del Tránsito, era otro camino con “changuatales”. Con posterioridad al inicio de los trabajos tendientes a la construcción del Aeropuerto el Caraño, se procede con la adecuación de dicho tramo.

Antiguo Hospital San Francisco de Asís

El último paso para la realización del examen de tórax, era, que a la brava se lograba hacer una fila para las mujeres y otra para varones, no se tenía el concepto de pico y tarjeta de identidad (la cédula era a los 21 años) y en el pasado como hoy, la mayoría de la gente no entiende o no tiene claro el concepto del orden, ni respeto a la fila; de tal suerte, que se formaban unas “garullas” y unos “namu namu” … madrazo por doquier y por lo menos tres tapizas y un ojo “colombino”.

Quibdó en dias de pandemia por Tuberculosis…quedate en casa.

Vale anotar como recorderis, que para desplazarse desde la Catedral de San Francisco de Asís, al Cementerio San José, el recorrido era por la Alameda Reyes, siguiendo por las Margaritas, pasando luego por “Korea”, después bautizada como la Esmeralda y finalmente seguir por detrás de la loma de San Judas, llamada por algunos como “la calle  del crack”… Así era el Quibdó de antes.

Es del caso poner de presente, que nuestro ordenamiento jurídico laboral, tiene previsto, que los trabajadores de Rayos X y los que se desempeñan en la lucha, contra la tuberculosis, por los riegos que enfrentan, tienen derecho a vacaciones remuneradas, cada seis meses, y que debe considerarse como enfermedad profesional, para efectos de derechos e indemnizaciones, aquella patología que se adquiera, como consecuencia  de su trabajo, tendiente a combatir endemia o pandemia, así no se encuentre clasificada, en el listado de aquellas relacionadas como enfermedades profesionales.

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