La columna de Odín. «Revocatorias en sus marcas».

MANO PELE, CHUSPA AL SUELO

La definición más simple o más entendible de este mecanismo de participación ciudadana, es la que se nos enseña, como un derecho político por medio del cual los ciudadanos le pueden revocar el mandato al Gobernador o Alcaldes elegidos sin que hayan terminado su periodo, y cuyo soporte jurídico se encuentra en el Artículo 103 Constitucional, y en las leyes estatutarias y reglamentarias, 134 de 1994 y la 1557 de 2.015, las que contemplan en su desarrollo, el lleno de algunos requisitos mínimos, que van desde la solicitud de la inscripción de los comités promotores, hasta las audiencias públicas programadas por el CNE, en las que intervienen los solicitantes de la revocatoria , seguidores de la misma, Alcaldes y defensores de su gestión; solicitud que después de la audiencia, debe respaldarse por un número de firmas no inferior al 30% de los votos válidos obtenidos por el Alcalde, y por el 40% de los votos válidos obtenidos en las elecciones pasadas, de los cuales, la mitad más uno de los votos deben ser obtenidos por quienes propenden por la revocatoria.

Cuando escribía estas notas ya iban 34 solicitudes, el 40% de las cuales son de capitales de Departamento, entre ellas Bogotá, Medellín, Bucaramanga, y Quibdó, habiéndose celebrado las audiencias públicas en las 2 ciudades más importantes del país el lunes 25, y estándose celebrando precisamente en el momento de escribir esta nota la diligencia de audiencia de Quibdó; con la presencia de los alcaldes en las 2 primeras, y la notoria ausencia del alcalde de la capital del Chocó. Y si en Bogotá y Medellín llovió, por acá no escampa, porque previo a las audiencias, y en el desarrollo de las mismas, los alcaldes o su delegado en el caso de Quibdó, se dedicaron a responsabilizar de estar detrás de las revocatorias, a quienes perdieron con ellos en las pasadas elecciones de octubre de 2.019; situación que para el caso de Quibdó, parece ser que solo es el afán de politizar el debate, desviarlo, ponerlo en cabeza de “políticos tradicionales”, como si Wladimiro Córdoba, el autor de la Biografía de Martín, y Rufino Córdoba, quien se esfumó a la hora de nona, pertenecieran a la generación de relevo, o fueran estandartes de los grupos alternativos. En resumen, quienes hicieron de defensores técnicos de Martín (todos están en nómina o contratados), se dedicaron a afirmar que todo se trataba de un tema político, a justificar que en materia de infraestructura habían recibido no más que problemas, que todos venían de las administraciones anteriores; que casi el 80% de la violencia urbana es producto de enfrentamientos de bandas, es decir, malandrisaron los homicidios, como queriendo decir que hay muertos malos y buenos, que la mayoría de los 149 del año pasado, como los 11 de lo corrido del año, son malos. Dejo hasta aquí la lectura de la Audiencia del jueves, para que no digan que estoy metido, lo cierto si es que, si esto sigue así, y no aparece el alcalde, no tengo otra como lo he venido diciendo, que la de estampar mi firma y nada más.

En la que si tomo partido desde hoy, así sea desde la distancia, es en la revocatoria solicitada por un grupo de habitantes de Bojayá; importándome un bledo, que se vengan los de siempre con el manido cuento, que es que allá, el Partido de la U de: Astrid, Bernardo, kike y Joaquín, perdió las elecciones, y ahora quieren reeditar las elecciones que ganó el señor Edilfredo Valencia conocido como «Chorro», justificación esta, que no puede estar por encima de las razones que de tiempo atrás se han expuesto, y ratificarán virtualmente el 4 de febrero los voceros de la revocatoria del Alcalde, confirmado recientemente por el Tribunal Contencioso Administrativo del Chocó, a quienes también van dirigidas estas pedradas:

Dicen los textos de las demandas electorales ante el Tribunal, como las denuncias penales, y quejas disciplinarias impetradas ante la justicia ordinaria y la Procuraduría, que el señor «Chorro» se inscribió, y fue elegido, gozando de una pensión por invalidez, según se desprende de la pruebas obrantes en los diferentes plenarios (audios y certificaciones), en los que consta porque el mismo lo dice, que no oye, que es sordo, razón por la cual fue pensionado en 2.015, preguntado por la misma Magistrada Norma: ¿Que si se puede valer por sí mismo?, dice que sí, pero ayudado por un bastón; quienes andan con el dicen, que hay que sacarlo, y llevarlo y cargarlo del carro o panga, lo mismo que del avión cuando va a viajar, pero además se lee en el cúmulo de pruebas, que por cuestiones de salud, y de su propia vida, debe practicarse hemodiálisis tres veces en la semana, y si casi no hay como practicarla en Quibdó, ¿Será que se la practicará en Bellavista?, o si en caso tal se la practicará en Quibdó, ¿Cuantos días a la semana pararía en su sitio de trabajo?.

No se trata pues del incumplimiento del programa de Gobierno, sino de la insatisfacción de la comunidad con la gestión del mandatario, pues en poblaciones rurales como las nuestras, el campesinado por lo general inculto, que se comunica solo con la palabra, quiere que su alcalde lo escuche, y que mamera para este, que sale de vez en cuando a la cabecera municipal, y se encuentre con un alcalde que no oiga, que tenga que escribírsele para poderse comunicar con él. ¿Qué mamera la del campesino, que viajó desde lejos a buscar hablar con su alcalde, pero no pudo, por las razones aquí expuestas?

Así las cosas, en esta oportunidad, no voy a esperar las exposiciones que harán los miembros del comité de revocatoria en la audiencia del 4 de febrero, porque simplemente lo que cabe en este caso, es que el Alcalde «Chorro» se vaya, y que lo remplace otro cualesquiera, así sea de su equipo, del Gobernador o de los embilletados; tienen todas las herramientas legales para declarar su incapacidad para ejercer el cargo, pero a todos ellos les interesa que se quede allí en el cargo sin cuerpo presente, porque físicamente no puede, y porque a Ariel le importa un rábano, pues quiere seguirse burlando del pueblo de Bojayá.

PDTA: Ojo, en este caso hay toda clase de delitos: falsedades, prevaricato por acción y omisión; la Notaria que lo posesionó, los que certifican su situación de salud. Por favor, dejen que «Chorro» se vaya.

Atentamente;

Odín Sánchez Montes de Oca

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