Las memorias de Ameriquito. «De Costumbres, Hechos y Canciones»

Américo Murillo Londoño (Mis Memorias)

Nuestros campesinos en el Chocó, cuando tomaban la decisión de casarse, pero no había sacerdote en el lugar donde residían entre los preparativos estaba la construcción de una o varias Balsas, para trasladarse por el río, desde el sitio del casamiento, al lugar donde se celebraría la ceremonia. La Balsa, se construía, juntando varias canoas de las más grandes, le colocaban encima tablas, como una especie de plataforma, para la acomodación de los novios e invitados.

El tema musical “La Balsa”, compuesto por mi hermana Zully, se inspiró en aquella costumbre de nuestros campesinos y de las vivencias que tuvo de niña, cuando viajaba junto con mi mamá, las veces que le tocó trabajar en el área rural, en la época de la denominada violencia, a instancias de la guerra entre liberales y conservadores y por aquella circunstancia, a las maestras, esposas de conocidos liberales, las trasladaban al campo, para que renunciaran.

“Viene a mi memoria y doy testimonio

flotando en una balsa, yo vi un matrimonio

una balsa inmensa, venía sobre el río

y alegres corriendo, gritaban los niños

ahí viene la balsa, ahí viene la balsa…”

A propósito de la Balsa, vale recordar, como a principio de los años 50, si bien yo, estaba muy pequeño, ello no era óbice, para estar pendiente de lo que pasaba y escuchar  a los mayores, sobre la manera como se perpetró una matanza (ahora llamada masacre) que manchó de rojo, las aguas del Río Atrato, cerca de la desembocadura del Río Munguidó, en el Gobierno de Laureano Gómez; cuando al Chocó, trajeron desde Boyacá, unos personajes que denominaban “Chulavitas”, una especie de policía secreta, agentes del terror al servicio del gobierno, reclutados con el propósito de hacerle frente a la “Chusma” (hoy llamada guerrilla) y a militantes del Partido Liberal, supuestamente afines con esa causa. Los “Chulavitas”, instauraron en Colombia, el denominado “corte de franela”, que consistía en cortar por la garganta, la cabeza del oponente, con un machete.

En ese entonces, había en Quibdó, un sacerdote español, de apellido Anglés, quien por sus posturas radicales y retrogradas, siempre suscitaba comentarios; por ejemplo, en su presencia no le podían decir San Pacho, a San Francisco de Asís, porque quien lo hiciera se ganaba su glosa, como decimos en el Chocó, y al personaje que se la velaba, con o sin razón, lo boleteaba  (como se dice ahora) en el púlpito de la Catedral, cambiándole el nombre, supuestamente pronunciándolo en latín, pero de tal forma, que todo el mundo sabía de quien se trataba. Por ejemplo, en una ocasión, refiriéndose al doctor Ricardo Eleazar Valencia Vivas, dijo “Ricardorum Eleazorum Valenciorum”, y al señor Aulio Lozano, le dijo “Auliorum Lozanorum”, porque según el padre Anglés, estaban pervirtiendo a la comunidad, dado que les gustaba bailar y cantar un  merengue dominicano, que estaba de moda, que decía “ al oscuro metí la mano, al oscuro metí los pies, al oscuro hice mi lio, y al oscuro lo desaté”.

Para aquellas calendas, previo el “Argollamiento” o esponsales y demás gestiones que se tenían que hacer ante la curia, previos a un matrimonio, venía procedente de Munguidó, con destino a  Quibdó, una Balsa repleta de campesinos, con el propósito de celebrar el casamiento, por ser el sitio más cercano, del mencionado Río, donde había sacerdote. Dijeron las malas y buenas lenguas de ese tiempo, que los “Chulavitas”, fueron informados por el Padre Anglés, que los viajeros de la Balsa, no eran campesinos, sino “Chusmeros” y el resultado fue, que un puñado de hombres, mujeres y niños (no hubo registro del número) murieron acribillados vilmente.

Los cadáveres, flotaron río abajo, nadie se atrevía a recogerlos por temor a sufrir represalias, y a las bocas del Atrato, fueron a parar. Versiones llegaron a Quibdó, que una señora embarazada, que iba sola en una canoa, al momento de los disparos, del susto se le anticipó el parto, y acostada en la champa, con el niño en brazos, se fue aguas abajo y horas después, la canoa arrimó en una orilla, donde ella y su bebé, fueron asistidos por lugareños.

Justo en tiempo de la matanza, procedente de Cartagena, venía por las bocas del Atrato, subiendo para Quibdó, La Espartana, una patrullera, de la Armada Nacional, haciendo un recorrido de inspección, y a su paso se encontró con los cadáveres, que la gente no se atrevió a recoger y menos informar a las autoridades civiles, de los hechos acaecidos en Munguidó. Fue la tripulación de la Espartana, que divulgó en Quibdó, de manera formal ante las autoridades locales, sobre el reguero de muertos baleados, por proyectiles oficiales. 

En aquella época, el cuartel de la Policía, estaba ubicado, exactamente donde hoy están las instalaciones del Sena, la Espartana; fondeó a orillas del Atrato, muy cerca de la Policía, lo que no fue del agrado de éstos, las tensiones entre esas dos fuerzas,  del Estado, se hicieron evidentes y en alguna calle o lugar de Quibdó, hubo un cruce de palabras entre efectivos de la policía y de la armada; al punto que posteriormente se dispararon entre sí, sin hechos que lamentar, entre miembros de la policía, desde su cuartel y los de la Espartana, desde la patrullera.

Por la matanza cometida a nuestros campesinos de Munguidó, nadie respondió, no tuve conocimiento, que al Padre Anglés, lo hubieran reprendido sus superiores; para las víctimas y su familia, no hubo reconocimiento, verdad, justicia, reparación y no repetición; los muertos de Munguidó, se quedaron perdidos y en el olvido, ya nadie los recuerda, a diferencia de la otra matanza, la de Bojayá. Fue sin lugar a dudas la  matanza de Munguidó el primer falso positivo en el Chocó,

Esos actos de barbarie y el absurdo enfrentamiento entre liberales y conservadores, que dividió familias, amigos y dejó miles de muertos, en Colombia, sirvieron de inspiración  a partes de la letra, del tema musical compuesto por mi hermana Zully, de nombre “Mis Recuerdos”, que muchas personas lo denominan “Dejen ahí”, cuando hace referencia al machetico pompo de mango quebrado del abuelo, que le sirvió para defenderse, porque en esos tiempos, andaba en el monte, luchando por su vida, la de su familia y por sus ideales, donde morían godos y liberales, tierra y ríos de su patria, que tanto inocente tiñó con su sangre y aparecían cadáveres entre los sanjones y en los matorrales, y morían godos y liberales .

1 pensamiento sobre “Las memorias de Ameriquito. «De Costumbres, Hechos y Canciones»

  1. Apreciado Américo, felicitaciones por ese estupendo regalo que nos estás haciendo a todos los chocoanos de dentro y fuera de nuestra tierra. Te conocí hace muchos años en el Carrasquilla y por tu participación en La Contundencia. Felicitaciones y no te olvides de nuestros maestros como Humberto Ayala, el famoso y bien recordado BRONCO.

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