DR. FRANCISCO JOSÉ CHAUX (1889-1976):HONOR A UN GRANDE DEL LIBERALISMO NACIDO EN EL CHOCÓ Y AL CUAL EL LIBERALISMO LE QUEDÓ DEBIENDO LA PRESIDENCIA DE COLOMBIA.

Delegado por el Cauca.
Escrito tomado del libro «La Convención de Ibagué».

Para las personas ente¬radas de los escritos de Francisco José Chaux, o que siquiera hayan leído su hermoso discurso de Ibagué, bastarán cuatro lí¬neas para completar el co¬nocimiento de la persona¬lidad de este joven aban-derado de la juventud libe¬ral. Porque Francisco José Chaux se transparenta en sus escritos: escribe con sangre, como quería el maestro germano; pone en sus letras la energía de su carácter impetuoso y do¬minante, a la vez que les da cierta ondulación y fastuosidad paga¬na. Educado en el viejo Seminario de Popayán, su alma conserva un fondo de misticismo, que bajo la influencia de Spencer y Bou-troux, se transforma en un liberalismo filosófico, radical y posi¬tivista. Chaux, a la inversa del autor de El Príncipe, profesa el principio de que la política debe ser cátedra de verdad; por eso es sinceramente franco, hasta parecer agresivo en su acometividad de convencido; en la Edad Media hubiera sido un cruzado; hoy es un apasionado paladín de la nueva democracia; por tanto, encauza todos sus esfuerzos a procurar el mejoramiento de las clases hu-mildes, base de la sociedad, ora combatiendo las leyes y preo¬cupaciones de injusticia, ora en lucha victoriosa contra el al¬coholismo, el juego y demás cancros sociales, ora laborando con firmeza por la reorganización del Partido, como único medio de alcanzar la reforma social que imponen la equidad y la política moderna.

En efecto, la juventud liberal en su anhelo constante de perfeccionamiento, piensa con Emile Waxwelier que sólo por me¬dio del progreso en la constitución física del hombre, en la for¬mación y aprovechamiento de sus facultades mentales, en la educación de su voluntad y de su moralidad, se puede llegara la creación del hombre normal, adaptado a las circunstancias efectivas de la existencia, y por consiguiente, capaz de llevara cabo un máximum de trabajo útil. He ahí el verdadero y só¬lido fundamento’ del progreso social. Pasó el tiempo en que la fraseología política suspendía sobre el vacío de reformas im¬provisadas los conflictos de las doctrinas y de los intereses…..Cada vez más, se desea estudiar, sin prejuicios de clase ni departido, la realidad de los intereses sociales, y la protección que a dichos intereses deben la ley y las costumbres. Dejaremos aun lado las viejas fórmulas, y si para mejorar las modalidades de la vida, fuese preciso que intervenga la fuerza coercitiva del Estado, a ella recurriremos con intrepidez y confianza…..La ten¬dencia de los hombres y de los grupos hacia el mayor rendimien¬to social consolida la paz en la medida en que ésta favorece la expansión natural de todas las facultades; de todas las legítimas ambiciones.

De este modo la democracia no es una mera fórmula políti¬ca, no un artículo de reclame electoral, sino algo positivo y ani¬mado, cuya vida proviene del pleno desarrollo de las facultades de cada cual, donde los hombres evolucionan en órbitas trazadas a su medida, adaptadas a su situación y a las condiciones del medio; de suerte que ya no pertenecen a una democracia indi-vidualista, pues se sienten ciudadanos en una democracia social. Ha surgido entre ellos una cohesión, sin la cual no será posible el progreso.

Como César Conto—el gran proscrito,— como Jorge Isaacs y como tantos otros varones ilustres de su parentela, nació Chaux en la liberal Quibdo, ciudad fecunda en oro y en genios. Su abuelo, don Leoncio Ferrer, lo mismo que su tío don Hortensio, del mismo apellido, regaron con su sangre los campos gloriosos de Garra¬pata y de los Chancos y dieron lustre a las Legislaturas del an¬tiguo Estado Soberano del Cauca. A Leoncio, espíritu de selec¬ción, le cerraron las puertas de la Cámara por haber sido elegido sin tener aún la edad del ciudadano. Francisco José, su nieto, en 1917, cuando apenas cumplía los veintiocho años, ya se hacía distinguir en el recinto de los legisladores, por su ilustrada inteli-gencia y por la severidad de su oratoria, que ponía de relieve el temple de su alma. En esta época de decadencia, en que el talento vigilante del doctor Miguel Jiménez López nos descubre a cada paso síntomas de degeneración, la figura vigorosa de Francisco José Chaux es algo que conforta y satisface plenamen¬te nuestro patriótico optimismo.

Chaux se graduó de doctor en Derecho y Ciencias Políticas en la célebre Universidad de Popayán, en el año de 1915, y su tesis reglamentaria fue un verdadero triunfo; le valió un puesto en la Academia Nacional de Jurisprudencia, y lo puso frente a una clientela que él ha sabido merecer y acrecentar.
Dado a los estudios históricos, tuvo la satisfacción de ver pre¬miado con medalla de oro su trabajo: La Voz del Pasado, en el concurso celebrado en Popayán con motivo del centenario del fu¬silamiento de Camilo Torres.

En 1917 fue en el Cauca uno de los más decididos sostene¬dores de la candidatura de coalición de los partidos progresis¬tas. Para su patriotismo y clara inteligencia no podía ser un pro¬blema de adivinación presentir los desastres a que nos ha lleva¬do la administración del señor Suárez, y al liberalismo no le que-daba más que un camino, que siguió resueltamente, nada impor¬ta que una vez más nos venciera el fraude de los adversarios; salvamos nuestra responsabilidad histórica.
Miembro del Directorio del Partido desde el año de 1918, Chaux ha sido infatigable en la reorganización liberal; sobre to¬do, se ha preocupado por higienizar la política, implantando la doctrina de la incompatibilidad entre el cargo de Directores y Miembros de Asambleas liberales y la aceptación de candida¬turas para Diputados, Representantes y Senadores. El doctor Chaux ha tenido la suerte de compartir las labores de la Di¬rección del liberalismo caucano con los doctores Pedro A. Balcázar, Carlos Villamil y Abraham Montezuma, exponentes altísi-mos de la colectividad, con quienes comparte igualmente la hon¬ra de haber reorganizado el liberalismo caucano, estimulando a los copartidarios de los municipios, desarrollando, con magnífico rendimiento, la institución del fondo liberal, y fomentando el boy¬coteo al juego y a las bebidas alcohólicas.

Francisco José Chaux ha triunfado en el legendario solar de los Torres y los López, de Mosquera, Obando y Sarria, porque la tierra payanesa, noble y sabia, exalta las virtudes y el talento, y no conoce de las villanas emulaciones, ni de las intrigas bas¬tardas de los pueblos que se aplebeyan.

Nov 20/2015

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *