Las memorias de ameriquito «Barreras geográficas» (sexta parte), viaje de Quibdó a Pié de pató.

Por: AMÉRICO MURILLO LONDOÑO


En 1985, el Doctor, Mario Eliécer Díaz García, era el Director del Departamento Administrativo de Salud del Chocó (Dasalud) y al mismo tiempo Director de la Cruz Roja, Seccional Chocó, lo cual le permitía a través de esta organización, jalonar proyectos relacionados con la prestación de servicios de salud y con organizaciones de carácter internacional, tales como con la Cruz Roja de Holanda y Médicos sin fronteras de Francia. Para ese entonces, el suscrito, era su asesor jurídico en Dasalud y miembro del grupo de colaboradores de La Cruz Roja.
Con la Cruz Roja de Holanda, se logró que en ese país un grupo considerable de niños, que vendían cajas de fósforos, ahorraran lo que recibían como pago y con lo recogido compraron un barco pequeño, al cual bautizaron con el nombre: “Humanidad”. En este barco, médicos y enfermeras, prestaban su servicio social obligatorio (año rural). El barco recorría los corregimientos del Municipio de Quibdó, ubicados en áreas fluviales del Río Atrato, tales como Las Mercedes, Tanguí, Tagachí y Beté. Ésta labor social fue de suma importancia para los pobladores de esta zona, puesto que no tenían necesidad de desplazarse hacia la capital, porque el barco se desplazaba por toda el área en forma permanente.
La Cruz Roja del Chocó, tuvo un papel protagónico en Armero, cuando el Volcán Nevado del Ruiz, hizo erupción; fue allí cuando el Doctor Díaz, entabló relaciones con el equipo de Médicos sin Fronteras de Francia, que también se encontraba en ese lugar, con ocasión de la tragedia. Los médicos de esa organización acordaron apoyarlo en todo lo relacionado con atención primaria en salud y en la vacunación de los niños de la zona del Baudó, principalmente en Pie de Pató. En 1986, los Médicos sin Fronteras de Francia, llegaron a Quibdó, y con ellos trajeron una planta de energía, solar que fue instalada en el Centro de Salud, en Pie de Pató. El centro de salud fue reparado por las malas condiciones locativas; los franceses también construyeron, la casa pasaje para el personal médico y paramédico, puesto que estos no contaban con una casa, en buenas condiciones donde hospedarse.
La comitiva para el viaje a Pie de Pató, estaba conformada por los franceses: Hellen Wver, coordinadora del Programa de Médicos sin fronteras y Francisco Díaz (de origen español) y por Dasalud, el Doctor Mario E. Díaz García, Camilo Torres Gamboa, dos enfermeras y el suscrito. Salimos de Quibdó una mañana, como a eso de las ocho por la carretera a Istmina, llegamos al sitio denominado la Y, para a seguir por la carretera a la cual los chocoanos llamamos La Panamericana, hasta llegar a Puerto Pervel, también conocido o como La Punta o Puerto Machete, en un trayecto en el cual gastamos dos horas y media. De ese punto, el mismo día seguimos por el Río Pató, en canoa, tres bogas, dos de ellos con palancas y uno con canalete, con destino al pie del istmo; para cruzar la Serranía del Baudó, y llegar a la población de Pie de Pató; pero en el viaje cuando habíamos avanzado como una hora y media, nos cogió un fuerte aguacero, que ocasionó una creciente súbita en el río, que obligó que la corriente devolviera la canoa sin control, porque las palancas no tocaban fondo.
Los pilotos de la champa, hábilmente maniobraron y lograron que la canoa arrimara a la orilla, donde había una casa que estaba desocupada porque en esos momentos sus moradores no se encontraban. La casa era tipo palafito construida en Palma de chonta, paredes y piso, tenía dos habitaciones que sus puertas estaban aseguradas con candados y había un espacio que servía de sala y cocina donde estaban las ollas y cucharas de mate, lámparas de kerosene y unas cuantas velas. Como estábamos empapados por el aguacero, nos cambiamos de ropa para calentarnos el cuerpo y tomamos Ron Medellín 8 años (de moda en esa época).
En la parte trasera de la casa, vimos unas matas de banano, cuyos racimos estaban “jechos”, a punto de corte. Los bogas, llevaban entre sus provisiones, quícharo y bocachico seco. Los bogas cortaron de los racimos de bananos, unos gajos, con la cáscara del banano pusieron a remojar los pescados a efectos de rebajarles la sal y después hicieron un “tapao” que nos supo a bocado de cardenal. Por la noche, encendimos lámparas y velas, la casa se inundó de insectos voladores nocturnos (avichuchos), dormimos a suelo pelado y por almohada, los maletines o morrales.
Al día siguiente, reanudamos el viaje y observamos en los árboles de las orillas, la señal del barro que dejó la creciente en ellos, que alcanzaba una altura de 10 metros, llegamos al pie del istmo, en un lapso de más o menos, cuatro horas y media. Subir el istmo, fue bastante complicado, para los que no estábamos acostumbrados a caminatas largas y menos en altura; pero más terrible la bajada por el camino que en sus partes, anchas podía medir un metro y no se alcanzaba a divisar el fondo del precipicio porque estaba cubierto de neblina y hubo tramos que para bajar, era a través de un tronco de balso, con escalones labrados, que servía de escalera. Por el camino escuchábamos muy cerca, el sonido producido por motosierra y pasaba el tiempo y no encontrábamos a los que operaban la motosierra; nuestras camisas y las blusas de las mujeres estaban empapadas de sudor, hacía un bochorno insoportable, pensábamos y expresábamos en voz alta, si era peor la subida o la bajada de la serranía, si continuar la marcha o devolvernos.
Cuando divisamos la población, particularmente pensé, “ahora llego y me tomo dos cervezas; una tras otra “. En el camino al pueblo, le pregunté a un muchacho que se cruzó en mi camino, que dónde vendían cerveza; el joven me señaló una casa y me expresó “allí se las venden”. Cuando llegué a la puerta del establecimiento, dije, “necesito dos cervezas, y observo que el dueño del negocio se acerca al armario, baja dos cervezas, marca póker, que estaban al clima ; y ante mi reclamo del porqué las cervezas no estaban frías, me dijo: “doctor es que aquí hace años no hay energía eléctrica”, y sin dudar ni poner problemas, me tomé mis dos cervezas, así al clima… que Posteriormente nos enteramos, que en Pie de Pató había un señor de nombre Félix Cantalicio Romaña, que en su negocio tenía una planta eléctrica, la cual encendía las 6 de la tarde y apagaba a las 10 de la noche allí; era donde había., la posibilidad de tomar cerveza frías

Debo acotar, que ninguno de nosotros utilizó el servicio de paseros o cargueros, quienes en sus usuales sillas, en la espalda, llevaban pasajeros flojos para caminar o que tenían alguna situación de discapacidad. A nuestra llegada a Pie de Pató, la gente nos preguntaba, qué cómo había estado el viaje, y ante nuestra lamentadera, por lo pesado del viaje, nos decían, ¨eso que ustedes vivieron, es lo mismo que a diario padecemos nosotros para llegar a Quibdó¨.

Este viaje, se puede hacer en un día, siempre y cuando no se presente ningún inconveniente.

Vale anotar, que hay otra ruta para llegar al Baudó, por el río Munguidó; que tiene la misma travesía inicial, para viajar de Quibdó a Nuquí, la cual es, salir en canoa por el río Atrato, subir por el río Munguidó llegar al río Suruco, hasta su cabecera, luego bajar a Yucal, de donde se puede ir a Chachajo, por camino o por el río Baudó. De Chachajo, se coge motor fuera de borda, hasta Pie de Pato. Este viaje puede durar dos días.

Cuando trabajé en la Caja de Compensación Familiar del Chocó (Comfachocó) conocí de primera mano, que ese era el viaje, que a menudo hacía mi compañera Senaida Palacios Abadía, mi compañera de labores, a Chachajo su tierra natal.

Hoy día, se puede ir de Quibdó a Pie de Pató, así, pasando por La Pepé a Puerto Meluk, por carretera y de aquí, se toma un motor fuera de borda, hasta Pie de Pató. Este viaje puede durar un día, siempre y cuando, al llegar a Puerto Meluk, se tenga disponible y lista la embarcación; de lo contrario se debe salir al día siguiente.

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