La columna de Odín. Mi reconocimiento al Ingeniero Darío Cujar Couttin.

MANO PELE, CHUSPA AL SUELO

«El reconocimiento es un estímulo para que florezcan creadores y referentes. “El Chocó es pluriétnico y multicultural, de ahí deben extraerse los valores, sin exclusión». Palabras del Profesor Néstor Emilio Mosquera “Millo”, (De los pocos pensadores chocoanos vivientes), y extraídas del artículo para Chocó 7 días del 6 de octubre del presente año, escrito por Douglas Makario Cujar: «Monumentos históricos y memorias urbanas como estímulo del reconocimiento de hechos y personalidades Chocoanas”. Me gustaría que los lectores de esta colaboración para “El Manduco”, no pierdan de vista las palabras del maestro Millo, a ver si coincidimos en su interpretación, en cuanto su significado me transporta al reciente pasado y a hechos de hace ya varios años, o décadas, de un lado cuando pedíamos que se bautizara con el nombre de Jairo Varela al Malecón de Quibdó, y de otro cuando las aspiraciones de Gustavo Trujillo Rumié, y de Oscar Palacios Sánchez «Ucho» a la Alcaldía de Quibdó, y a la Gobernación del Chocó, procesos durante los cuales estos Quibdoseños “fututos” de nacimiento y crianza, e hijos de padre o madre Chocoanos, con marcada herencia negra, se vieron avocados a recibir comentarios de los que nada que ver con sus orígenes; Su amor y sentido de pertenencia por la tierra que los viera nacer. De Jairo Varela dijeron en ese momento que trataba mal a los negros o paisanos, y de los restantes por su notorio mulataje, que eran no sé de qué carrera primera o mezclados con paisas, y por lo tanto no podían recibir el reconocimiento electoral o el favor del voto de los negros y campesinos. Así lo escuché de un grupo de reconocidos líderes que acompañaban la campaña de Wladimiro Garcés en el río Munguidó cuando enfrentó a Trujillo Rumié a la Alcaldía de Quibdó y de igual manera en el mismísimo casco urbano, en algunos círculos que aún conservan ciertos complejos de lo que fue la carrera primera, a la que no pertenecieron, ni Jairo varela, ni Gustavo trujillo, ni Óscar Bernardo. Darío cujar y su padre viven hoy en la carrera primera, al lado de la bodega de Epifanio Álvarez, de espaldas de donde vivió Stuard Arce, y frente al Malecón, lugar que envidio poder disfrutar, para poder contemplar cómo debe hacerlo él y su querido padre la lenta marcha del majestuoso Atrato en su tránsito a sus diversas bocas, en las tardes-noches sin bullicio, iluminado un poco, por las tenues luces de un extraviado lucero, reflejadas en la cercana boca del Río Quito. Toda una bella experiencia de años que han enseñado a Darío y a los hijos de su vecina “Doña Pepa” a querer al Malecón, y a ser los verdaderos “vigías del Atrato”. Nosotros, unos amigos y yo, quienes vivimos y crecimos en el Quibdó del anillo asfáltico, cuando las casas casi todas eran de madera, conocimos a “los Cujar” en su residencia de la calle 26 o Alameda, en la misma acera de “los Chimilores”, y al lado de Don Jaime Garrido que vivía en la esquina de la tercera, y a quien en esa época, por ganarse un Quinto de Lotería, lo llamaban “el Millonario”; pasando al otro lado de la carrera 3.ª quedaba la Prendería de los Trujillo, y al frente de estos don jorge garcía «Perra Brava», protagonista de un insuceso familiar que marcó la historia de Quibdó. Al costado de “perrabrava” en la esquina estaba Don Telémaco y doña bertha en su casa rodeada de jardines y cercas tratando de evadir el penetrante olor del manjol de la carrera tercera que llegaba al barrio Roma , y al lado, por el costado sobre la tercera con Alameda, el Almacén de «Raca» Raúl Cañadas, abuelo de los Diaz Cañadas, que algunas vivencias han debido haber compartido con Darío Cujar. En la planta baja de la casa de los Cujar, tenía su peluquería “Oscú”, tío de los Cujar Couttin, a donde me enviaba mi padre a peluquearme cuando nuestro peluquero oficial, el «Mocho Tovar» se metía esas tremendas rascas de 3 o 4 días con discursos a bordo en cada esquina y no abría su local ubicado en la carrera 4.ª con calle 29 enseguida de “Mama Ovi”, en la casa donde nacieron los hijos del profesor Conrado y Doña Nubia, ocupada hoy, en un edificio, por las actividades financieras del excontralor Carlos Murillo. Supe del buen rendimiento como estudiante de Darío y su hermano, y de su destacado ejercicio profesional como Ingeniero de Minas de la Universidad Nacional de Medellín, y de su dimensión de intelectual integral cuando colaboró en la construcción de mi agenda legislativa periodo 2006-2010, en vísperas de la cual, concibió el, la idea de la Compensación del Impuesto Predial para los Territorios Colectivos de Comunidades Negras, proyecto que después de haber sido presentado varias veces a consideración del Congreso, finalmente y por iniciativa nuestra, se introdujo mediante una proposición, su texto en el Plan Nacional de Desarrollo, y hoy, gracias a eso, los municipios en cuya jurisdicción existen territorios Colectivos, reciben una contraprestación económica en proporción al número de hectáreas que pOseen. Sin lugar a dudas que este es un gran logro parlamentario que se disputan otros; pero no se puede ocultar que ello obedece al ingenio y preocupación de Darío Cujar Couttin por coadyuvar al mejoramiento de las condiciones de vida de la población Negra. Igualmente, Darío es gestor del Artículo 266 del Plan Nacional de Desarrollo, presentado a consideración del Congreso por la Representante Astrid Sánchez, y por medio del cual se crea la Subcuenta Pacto por el Chocó, para promover el desarrollo sostenible en las 3 Cuencas hidrográficas del Chocó, Atrato, San juan y Baudó, además, hoy es miembro preponderante del equipo técnico de formulación del proyecto de creación de CORATRATO, idea cuestionada sin argumentos y sin razón, por los enemigos del desarrollo del Chocó. Este Ingeniero de Minas, especialista en recursos naturales, ha estudiado, como el que más, la problemática minera y ambiental del Departamento del Chocó. Ya como empleado, servidor público o desde el sector privado como asesor de algunas empresas del ramo, es un trabajador e investigador incansable, cuyos últimos escritos sobre la «Descontaminación del Río Quito y recuperación de su cauce» y sobre el presunto raponazo de las regalías al Municipio del Carmen de Atrato por la explotación de Minerales (Cobre, Oro y plata) por parte de la Minera los Robles, publicado este último hace varios días en el diario El Espectador, han merecido por su importancia, los mejores comentarios de los expertos, porque con las notas de Darío gana el Chocó, en cuanto que en ellos se propone que hacer en ambos eventos. No voy a señalar ni los cargos ocupados, ni los proyectos o estudios realizados por este estudioso profesional Chocoano, para quien hoy van mis humildes reconocimientos, no tanto por lo que ha hecho en el ejercicio de su profesión, sino, por su sencillez, humildad, sensibilidad social, responsabilidad, prudencia, respeto por el prójimo y sentido de pertenencia, valores que muy difícilmente se pueden encontrar juntos en una persona. Ojalá pues en los reconocimientos, nada tenga que ver el color de la piel, porque como decía el Profe Millo: Somos pluriétnicos y multiculturales. No olviden que, en el Chocó hubo y hay una creciente mulatocrácia que mucho le ha aportado a la Chocoanidad, cuya sangre tira, y cuando no es por el Papá, es por la Mamá. PDTA: Alguna vez de estudiante vi llorar como un condenado al Ingeniero Fredy Lozano García (hijo de “Gune” y hermano de “Tito”) cuando le dijeron que él no era negro. Atentamente; Odín Sánchez Montes de Oca

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