La columna de Odín. «Don Jorge” o “el profe Jorge”, Rector de la Escuela Normal

MANO PELE, CHUSPA AL SUELO

Desde la llegada de la Pandemia, como medida de auto cuidado, le huyo al tumulto y a las aglomeraciones, por eso este lunes que pasó, y ante el triste fallecimiento del Profesor Jorge Valencia Diaz, o “Don Jorge” como otros le decían, subí a su residencia en el barrio del Niño Jesús con el objetivo de presentarles mis condolencias a sus hijos. Allí me encontré con las mujeres y con el hijo menor, pues Jorge con quien estudiamos hasta tercero de Normal, ante el deceso de su padre, le tocó trasladarse de Cali a Quibdó, y a esas horas de la mañana no había llegado, lo que me obligaría a regresar en las horas de la tarde en cuanto llegara para entregarle personalmente mi más sentido pésame. Esa información me la entregaba la Dra. Lucy Valencia Valencia, hija de nuestro rector y de Doña Imelda, fallecida hace muchos años, también nuestra maestra en la primaria de la escuela anexa, y quien ante la pregunta de que si lo iban a llevar a cámara ardiente a la escuela normal, me dijo que ellos iban a cumplir con su última voluntad, que era de que no lo pasearan tanto, que no lo llevaran a la institución a la que le había servido por tantos años con tanto esmero y abnegación, ni al Club de leones, ni a la Academia de historia, organizaciones de las que había sido miembro destacado.
Yo que tanta lidia le di durante mi paso por la madre de los Institutores, sí que no estaba dispuesto a cumplir con la última voluntad del Profe, porque el único homenaje que yo le podía hacer era contar y pasearlo en esta columna del Manduco por las distintas facetas y anécdotas con que Luis Tancredo Álvarez y yo, le hicimos sacar una que otra carcajada hace un año larguito, durante su penúltimo cumpleaños.
La promoción de maestros de 1973 se educó bajo su rectoría, y las sabias enseñanzas de Luis Carlos Mayo Córdoba, Conrado Moreno Mena, Héctor Moya Guerrero, Plinio Palacios Muriel, Camilo Caicedo, Efraín Córdoba, Enriqueta Chalá de Perea, Nicomedes Mena Mayo, Francisco Diaz Bello, Ramon Olier Murillo, “Chucho” Perea entre otros, de donde creo que fuimos de las últimas promociones en contar con una planta profesoral de lujo como esta. Eran conmigo en el último año entre 110 o 115 alumnos, divididos en tres Sextos, el A, el B y el C, en los 2 primeros estaban los de Quibdó y algunos apellidos conocidos; y en el C, estaban los mayorcitos, algunos de la orilla, Cajulos, comúnmente llamados «Gurugurus». Allí sobresalían nombres como los de “Lucho” Lemus y “Poncho” Useche (ambos fallecidos), Carlos Hernán Palacios, Luis Tancredo Alvares, Camilo Torres, (integrantes con el suscrito del «Club la Calle»); “Pacho” Álvarez, Evaristo Rojas, Milton Fabian Mosquera, Omar Asprilla, y del C hacían parte además de Lucío Valencia uno grandote, a quien el profesor Efraín Córdoba quería convertir a la fuerza en basquetbolista, con tan mala suerte, que el Loro viejo, es muy difícil que aprenda a hablar; Mariano Moreno, Oswaldo Valencia, Isauro Palacios Hinestroza (Hijo de la tía Nonca), Néstor García, Fabio García, y Gonzalo Pino entre otros.
Del Profe no podíamos quejarnos, era un hombre tranquilo, recto, conciliador y equilibrado, pero que actuaba con rigor cuando le tocaba sofocar los intentos de indisciplina tanto de alumnos como de Profesores, o las enemistades entre estos como las surgidas entre Nicomedes y Diaz Bello, la que habían trasladado de la «Curva campesina» hasta las instalaciones de la Normal; o como cuando nos echaban del Colegio, y Doña Ilia Hinestroza de Palacios, madre de Valentín Palacios (pobre pelaito) y hermana de Juan B. Hinestroza, confrontaba al Profe Jorge diciéndole que era una sanción injusta en cuanto que algunos profesores nos tenían inquina, porque según ella, nosotros éramos unas «Lumbreras», o como cuando designó a Conrado Moreno para que vigilara mi asistencia a las clases de Educación Física, para comprobar si el Profe Efraín Córdoba me estaba quebrando por Lozanista (mi padre) o por vago.
Claro que sí, Don Jorge era un hombre intachable, pero políticamente tenía su corazoncito, quien me hizo caer en cuenta fue el recordado profesor Héctor Moya Guerrero, «Totol» para sus amigos; quien enterado de las visitas que a menudo realizaban, «Certin» (Daniel Palacios Martínez) junto a Don Pedro Abdo al pagador Alejandro Mosquera, durante mucho tiempo pagador de la Escuela Normal, y que según me decía Moya Guerrero poniéndose la mano en la boca como para que otros no escucharan, “véalos: allá están encerrados en la pagaduría repartiéndole las becas a los Cordobistas». Eran las épocas de los Auxilios Parlamentarios, y el «Maraquero», como le decían en el argot político al Dr. Daniel, los direccionaba a la Escuela Normal donde estaban sus amigos: Don Jorge y Don Alejandro, para que se hiciera fácil su distribución, o el retorno al de la gestión. Y es que no era, ni es malo, con el transcurrir del tiempo tal práctica no es que haya cambiado mucho. Lo cierto es que se notaba el Cordobismo, tanto que el Profe Moya (contrario político), de militancia pasiva cuando los veía decía: «véalos, esos tipos son malos, por eso yo solo me tomo mis traguitos en la tienda de Tomas Salas (Cra 3ª.), o en el Marañón (frente a la Funeraria la Esperanza) porque son capaces de envenenarlo a uno”.
La Normal no le realizó ceremonia de grado a la promoción del 73, no recuerdo porque razones el Profe Jorge llegado el momento nos tiró, por decir de alguna manera los diplomas, y avanzados como éramos al decir de la tía Ilia, nos organizamos, y designamos a Mariano Moreno como Presidente de una “Junta progrado”, y realizamos su ceremonia en el Club Social que quedaba en una propiedad de Balbino Arriaga, ubicado donde hoy queda la «Bomba» o “estación de gasolina de los Zora”. Para desquitarnos, a dicha ceremonia solo invitamos al «Tigre», Luis Carlos Mayo Córdoba, para que incluso nos hiciera entrega de los respectivos diplomas.
El día de su penúltimo cumpleaños Tancredo y yo, le confesamos al profe pilatunas guardadas por más de 45 años, en una de las cuales la gracia consistió en que uno de nuestros compañeros, de nombre y apellido de prócer, al finalizar la faena de la travesura se nos presenta mostrando las magulladuras en los hombros producto del esfuerzo que había aportado para ayudarnos a coronar la vuelta, a lo que le dijimos que a los cobardes, y a los que no llegaron a la final, no se les podía premiar.
PDTA: No fui al velorio, ni al sepelio del profe, no tanto por eludir el tumulto o la aglomeración, si no, por no encontrarme con los » Gurugurus» viejos y portando paraguas al estilo normalista antiguo.
PDTA 2: Un amigo y condiscípulo que le envié el borrador de este escrito, me dijo «No te olvidés del pernil de cerdo que se robó un profesor en plena fiesta y tiraron por la ventana de la rectoría que daba al Patio-solar de atrás de la Normal”.

Atentamente,
Odín Sánchez Montes de Oca

4 pensamientos sobre “La columna de Odín. «Don Jorge” o “el profe Jorge”, Rector de la Escuela Normal

  1. Excelente nota apreciado Odín. Me gustan mucho éstas manifestaciones costumbristas, simples, realistas y bien contadas.
    Sabía que tenías algo más y gracias por dejarlo notar.
    Hay mucha gente rescatable entre nosotros, los normalistas, por el ejemplo, la empatía y la ecuanimidad, que caracterizó a Jorge Valencia Díaz; también fue mi Rector y estoy muy agradecido.
    Buen viaje a su encuentro con el Creador.

    La trascendencia justifica la vida!

  2. Odín, me hiciste recordar los gloriosos tiempos de nuestra Escuela Normal Superior. Muy merecido el homenaje que haces a Don Jorge. Fue un excelente docente y rector, que tuvo como coequipero al recordado Arnulfo Herrera.
    Tuve la dicha de compartir con Don Jorge en marzo pasado en Nuquí y el viaje de regreso a Quibdó. Me queda el eterno recuerdo de la foto que nos tomamos allá.
    Dios lo acoja en su gloria.

  3. Doctor ODIN, mis felicitaciones por esa maravillosa y muy sentida Columna, en honor a un egregio Educador el profesor Jorge Valencia. Desde la Ciudad Bonita, Bucaramanga, tuve la oportunidad de leer tan hermosa joya, enviada por mi primo Nestor Emilio Mosquera ( Millo ), y que me trajo recuerdos gratos de mi NORMAL Y TODOS SUS EXCELENTES EDUCADORES.
    PROFESORES, tales como Hector Moya, Conrado Moreno, Miguel Caicedo y otros mas, drjaron hullass en nuestras formaciones. Dios tenga a su lado al profesor Jorge, como su asesor.

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