Las memorias de ameriquito. «Barreras geográficas». (Quinta Parte)

Por: AMERICO MURILLO LONDOÑO

Viaje de Quibdó a Nuquí.

La primera salida que hace mi papá, Américo Murillo Copete, de su tierra natal Tadó, es hacia Quibdó, con la aspiración de estudiar bachillerato en el Colegio Carrasquilla, Recuerdo que me mencionó los nombres de algunos de sus compañeros de curso, en otros estaban: Miguel A. Caicedo, Francisco Cuesta Velásquez, Crispín Vicente Perea, Máximo Perea, Julián Moreno Palacios, Enrique Couttin Garcés, Ariel Rodríguez Astié (Michindopo) Elías José Valencia Mendoza (Chochero).
En el Colegio Carrasquilla, se cursaba hasta quinto de bachillerato; así que, quienes tenían sus padres con recursos económicos, los enviaban en su gran mayoría a la ciudad de Medellín, para cursar el sexto año y obtener su diploma de bachiller. Los padres de mi papá, también tadoseños carecían de recursos y no pudieron enviarlo a otra ciudad, a terminar el bachillerato; por eso le tocó trabajar y tuvo la fortuna de emplearse en la oficina del Dr. Gabriel Meluk Aluma (mi padrino de bautismo) con quien se formó empíricamente, en derecho penal, civil y laboral; este hecho le permitió posteriormente desempeñarse a cabalidad, como Secretario de Juzgado, hasta ser nombrado Juez Promiscuo Municipal, en Lloró, Bellavista, y Nuquí; Juez del Circuito en Istmina, Juez Laboral (e) en Quibdó, y Juez de Instrucción Criminal de Acandí.
Vale anotar, que el Doctor Gabriel Meluk Aluma, fue uno de los abogados más prestigiosos que tuvo el Chocó, fogoso defensor de la chocoanidad, cuando la fallida desmembración de nuestro departamento. Fue elegido Senador de la República, en la lista de unidad, que por el Partido Liberal, conformaron los docotres Diego Luis Córdoba y Adán Arriaga Andrade. El paso del doctor Meluk Aluma, dejó huellas imborrables en el parlamento y fue catalogado como uno de los mejores congresistas de Colombia, poniendo en alto la inteligencia de los Chocoanos.
Cuando a mi papá le correspondió trabajar en Nuquí, en esa población no operaba aún, el transporte aéreo; por lo que su desplazamiento fue por río y trocha, como lo hacía la gran mayoría de los Nuquiseños, que no podían costearse el viaje por la ruta Buenaventura, con destino Cali, Medellín, hasta Quibdó. Sólo algunos años después, se vincula el transporte aéreo a través de la Empresa Seraco, que tenía unas avionetas anfibias, que amarizaban en el Golfo de Tribugá.
Vale anotar, que en los años 40 y 50, para ciertos lugares del Chocó, el servicio de correo postal era prestado por personas naturales, que además de llevar la correspondencia, oficial y particular, por ríos y trochas, transportaban, inclusive, el cigarrillo, tabaco, y licores, para los Colectores, quienes eran los encargados de su distribución y venta en el área rural, como también pagar el sueldo a los maestros. Nuquí, no era la excepción y el señor que llevaba el correo a ese municipio, se llamaba Juan Palacios, más conocido como “Juan Murrapo” Existe en el Chocó, una especie de palmera, conocida como murrapo y cuentan las malas lenguas, que el señor Juan, en tiempos de la violencia, huyendo de la guerrilla, se trepó en una palma de murrapo; el quid del asunto, es que la mencionada palma, alcanza a medir hasta 30 metros, es delgada y tiene más espinas que la palma de chontaduro.
Traigo a colación en esta historia, a Juan Murrapo, porque fue el guía y acompañante de mi papá, en su primer viaje a Nuquí, por la ruta del Río Munguidó, que era salir desde Quibdó, en canoa, por el Río Atrato, subir por la desembocadura del Río Munguidó, pasando por La Comunidad, Puerto Aluma, Altagracia, Bella Luz, el Tambo, y Campo Bonito, donde se pernoctaba. De este lugar se continuaba el viaje hasta llegar a la desembocadura del Río Suruco, de este punto se subía hasta la cabecera del mismo río, para llegar al caserío denominado La Divisa, donde también se pernoctaba, allí se conseguía y podía contratar cargueros o paseros. Al día siguiente se cogía camino hasta llegar a Yucal, sitio donde había que embarcarse en canoa, en la Quebrada Amparraidá, donde bajando por su cauce, se desembocaba en el Río Baudó, para en un trayecto de seis horas, llegar a la población de Chachajo.
De Chachajo, durante un trayecto de cinco horas en canoa, llegaban a Cugucho, de allí cogían camino y en dos horas, se pasaba por la Quebrada Agua Blanca, y de ésta, se embarcaban en canoa para llegar a Tribibugá; y luego de una caminata de dos horas por la playa, se llegaba finalmente a Nuquí.
En el recorrido por esos caminos y trochas, solían encontrarse perdices del tamaño de una gallina, avispas, iguanas, paletones, lagartijas gigantes (chochoras) arañas, culebras, hormigas congas, de color negro, pozoñosas, y de mayor tamaño que las arrieras.
También es del caso, advertir que para viajar de Quibdó a Nuquí, existía otra ruta, que era viajar desde Quibdó, en champa por el Río Quito hasta llegar al Río Paimadó, de este punto, por camino se llegaba a Pié de Pató, de allí se embarcaban en el Río Náuca, hasta llegar a un istmo que, al cruzarlo, se caía a la cabecera del Río Nuquí, donde en chingo o canoa, viajaban a Nuquí. Este recorrido se hacía en tres o cuatro días.

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