«Las Memorias de Ameriquito» Viaje de Quibdó a Istmina (Segunda Parte)

Por : AMERICO MURILLO LONDOÑO

Tengo una tía, hermana de mi mamá, que vive en Cartagena, Omaria Dualiby de Agualimpia (Mayí) quien conformó su hogar con Jesús Agualimpia, familiar muy cercano de mi papá, y con quienes conviví, cuando cursé el cuarto año de Bachillerato. En la terraza de la casa, en noches de luna o estrella, nos poníamos a cantar boleros de Los Panchos, el Trío San Juan, los Tres Reyes; también interpretábamos guarachas, en fin, todos los ritmos y canciones que habían estado de moda en esa época. De esas tertulias, rescaté para ser grabadas recientemente con la agrupación musical ¨La Contundencia¨ los temas: La Estera y Polka Bien, que, en su género, es la única polka, que tiene letra. Entre canción y canción, comentábamos anécdotas, historias y chistes.

En una de esas tertulias hogareñas, narró la tía Mayí, que siendo casi una adolescente hizo su primer viaje a Istmina, de visita donde su tía y madrina la señora Eyda Dualiby de Nauffal. Contaba Mayí, que viajaron en una canoa ranchada conducida por tres bogas; dos de ellos con palancas y el tercero, el de la patilla con canalete. Como siempre en esos viajes, los pasajeros llevaban su comida, calculando la cantidad necesaria para 3 días, que contenía por lo general: arroz, carne salada, pescado seco, azúcar, panela, manteca, sal, café y el infaltable queso.

Comentaba también la tía, que ella viajaba recomendada a dos señoras, que venían de Cartagena, con destino Condoto, que los asientos en la champa, eran banquitos, con espaldar; pero que igual, no se sentían sentadas, sino, más bien añangotadas. La tía Mayí asimismo narraba, que subieron desde Quibdó, al despuntar el día, por el Río Quito, y aguas arriba accedieron a la Quebrada San Pablo, que es tributario o afluente del Río Quito; los pasajeros se entretenían con cuentos, chistes, adivinanzas, se entonaban décimas, interpretadas por los bogas, se deleitaban mirando el paisaje y escuchando el canto de los pájaros.

Recordaba Mayí, que en el lugar que pernoctaban, preparaban la cena y concertaban el menú para el día siguiente, muy a las cuatro de la mañana, se levantaban, para preparar el desayuno y la comida, para el resto del día; explicaba doña Mayí, que el almuerzo, lo servían en la champa y era un problema serio, levantarse del banquito, para estirar las piernas, o resolver cualquier necesidad que se presentara, durante el recorrido; ya que no era fácil encontrar casas, donde hacer una parada, durante el recorrido.

Mencionaba la tía, que pasaron, por varios pueblos, entre ellos Paimadó, Managrú y otro que quedaba en una loma, en Boca de Raspadura. Finalmente, en la Quebrada San Pablo, arribaron a un lugar, denominado El Tambo, allí había una bodega, en donde se almacenaba la carga procedente de Quibdó. Hoy el Tambo, no existe, pero se encontraban en ese lugar mulas para transportar la carga y unos personajes denominados ¨Cargueros¨ quienes a su espalda tenían acondicionada una silla, para llevar el pasajero, que no quería o tenía impedimentos para poder caminar. Desde allí del Tambo, se continuaba por un camino, durante 3 horas, que llevaba a los viajeros nuevamente a la quebrada San Pablo, justo en el Barrio Santander (hoy Pueblo Nuevo) para pasar a Istmina, cruzando un puente colgante, que a la fecha tiene una estructura fija en concreto.

Hoy día, los habitantes de Istmina, Andagoya y Condoto, al igual que los de Tadó, tienen la tranquilidad de viajar temprano, desayunar en Quibdó, hacer sus diligencias y regresar el mismo día, a su lugar de origen.

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