Mis Memorias, Barreras Geográficas II parte, juradó-Quibdó

Americo Murillo Londoño

En tiempos de mi niñez, cuando iniciaba mis primeros años de bachillerato, tuve una tía, Narcisa Machado de Garcés, quien trabajó durante muchos años como docente en Juradó; razón por la cual su presencia en Quibdó, era esporádica en vacaciones de finales de año, de tal forma que para tener su grata presencia en casa, teníamos que esperar, el paso de dos o tres años, como mínimo y todo ello, en razón a lo distante que está Juradó de Quibdó.
Los habitantes de Juradó, para su desplazamiento, tenían dos opciones, a saber:

  1. La vía por mar, que era salir rumbo a Buenaventura, en un barquito, que su tamaño, a veces era más pequeño, que aquellos que viajaban de Quibdó – Cartagena y otras veces de igual calado, cuyo itinerario, duraba por lo menos 4 días, dependiendo de las condiciones del tiempo, como lluvia y/o el viento en contra. La llegada de los barcos a Juradó, procedentes de Buenaventura, era incierta y por ello, en casos de urgencia o ante la necesidad, de estar en forma presencial en Quibdó, para algún tipo de diligencia, en determinada fecha, se optaba por la opción de viajar un trecho por camino y otra parte, por el Río Truandó. La falta de puntualidad de las embarcaciones, originaba, a que en muchas ocasiones. el comercio presentara desabastecimiento, de algunos productos y alimentos de la canasta familiar.
    Recuerdo, que, a mediados de enero de 1978, viajé a Juradó, desde Bahía Solano, en compañía del Doctor Diego Córdoba Zuleta, su señora y sus dos hijos, y para sorpresa nuestra, en ninguna tienda o cantina, había gaseosas, o licores; ni siquiera en el bailadero del pueblo, de nombre “El Comején”. Sólo encontramos en una casa, donde vendían uno que otro medicamento, una botella de vino Sansón, que estaba reservada por un cliente, que necesitaba preparase unos remedios caseros agregándole Kola Granulada JGB, Vitacerebrina, vino de carne hierro y Complejo B para la anemia, desaliento y dizque para la virilidad, según información, que nos suministró el dueño del negocio. Diego y yo presumimos que el menjurje no era para ningún cliente si no para él. En resumen, todo el licor, inclusive el regional (biche) lo habían consumido los Juradoseños, en las fiestas decembrinas y de año nuevo.
    En el viaje hacia Buenaventura, además de pasajeros, se transportaba carga, como: arroz trillado, cacao, coco, ñame, etc. Desde el Puerto de Buenaventura, se continuaba el viaje, por tren, durante un día, pasando por Cali, hasta Medellín; de allí, se reanudaba el viaje por carretera, durante 12 horas, saliendo a las 4 de la mañana, del sector conocido como Guayaquil, hasta Quibdó, llegando a las 4 de la tarde, en la empresa de nombre, Expreso Suroeste.
  2. La vía de caminos y Ríos. La población de Juradó, se encuentra ubicada, a orillas del mar, en medio del río, que lleva su mismo nombre (Juradó) y el Río Partadó. Los habitantes de esa población, para llegar a Quibdó, salían por el Río Partadó, aguas arriba hasta su cabecera, para llegar a un sitio denominado Aguas Calientes; porque en ese lugar, fluyen aguas termales, ese trayecto, duraba un día y se pernoctaba en la finca de don Hernán Gutiérrez, de origen bagadoseño. Al día siguiente, muy temprano, hacían otro recorrido, a pie, durante todo el día, por un camino en medio de la selva húmeda tropical, hasta llegar al sitio denominado Nercua, donde pasaban la noche, en la casa de un señor de apellido Padrón. Se continuaba el trayecto, por el Río Truandó, en un Chingo (champa) hasta llegar al Río Atrato, arriba del Municipio de Riosucio, a la espera, del paso de alguna embarcación, procedente de Turbo, o Cartagena, con destino a Quibdó.
    En el trayecto que se hacía por el camino, los viajeros se encontraban con animales salvajes, con toda clase bichos, arañas, mosquitos, y matas de lamedera, que le dejaban saraviadas la piel a los caminantes, y en la parte del recorrido, que se hacía por el río, no era extraño encontrarse en la playa, en sus orillas, con caimanes asoleándose, los que, al escuchar el ruido del canalete y las voces de los viajeros, se zambullían en el agua.
    Un viaje en esta ruta, realizaron desde Quibdó a jurado, las hermanas Mariela Arce Cuesta y Josefina Arias Cuesta, también sobrinas de mi tía Narcisa, y en esa oportunidad, como Josefina tenía escasos dos años, un indígena, que servía de guía, la llevó en su espalda, metida en un canasto.
    Hoy me pregunto: ¿Será que estas dos damas, Mariela y Josefina, estarán dispuestas, a embarcarse nuevamente, en un viaje a Juradó, en esas peripecias?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *