MIS MEMORIAS, Barreras Geográficas (Primera Parte)

AMERICO MURILLO LONDOÑO

La dispersión de los pueblos del Chocó, sus condiciones topográficas e hidrográficas, constituyeron barreras o limitantes para el desplazamiento de sus habitantes, que con mucho sudor y sacrificio superaron, en aras de acceder a la educación, en los distintos planteles educativos de Quibdó. En las décadas de los años 30 a los 50 inclusive, para cualquier estudiante de Tadó, Istmina, Andagoya, o Condoto, viajar hasta Quibdó, era toda una odisea y más complicada la situación, para los de Juradó, Cupica, Bahía Solano, o el Valle, pues les tocaba transitar por selva espesa y húmeda, topándose en el camino con cualquier clase de culebras, o el olor característico de su almizcle, observar en el camino huellas de animales salvajes, enfrentar el pantanero si había llovido o estaba lloviendo, espantar mosquitos, jején y tábanos, etc. Dado que anteriormente, el desplazamiento era por ríos y selva, en champa o camino; ahora en esta época, por aquello de la construcción de vías carreteables y pistas de aterrizaje para aviones, la cosa es más fácil para los del San Juan, pero menos expedita, para los del Pacífico.

Viaje desde Tadó.

Mi Papá, Américo Murillo Copete, nacido y criado en Tadó, me comentaba sobre su primer viaje y los sucesivos a Quibdó, para estudiar en el Colegio Carrasquilla, lo hacía en compañía de su primo Jesús Agualimpia Mosquera. Éstos, con sus maletines y respectivos fiambres, en los que no podía faltar, el pan, panela y panochas, traídas del Tamaná; para el viaje, los primos tenían dos alternativas:1) Si había disponibilidad de canoas y el río no estaba muy crecido, que les permitiera a los bogas salir sin riesgos, lo hacían por las Sardineras, que era una especie de puerto o arrimadero, para cruzar hacia Santa Lucía, donde cogían un camino que los conducía hasta las Ánimas; de este punto seguían por otro camino para Cértegui, hoy La Variante, y de allí tomar una champa para llegar al Río Quito, rumbo a Quibdó. 2) La otra alternativa era, si no había posibilidad de partir por la Sardinera, tomar un camino, para luego de varias horas, incluida subida y bajada de lomas, llegar a un caserío a orillas del Río Cértegui, de nombre Ibordó, donde abordaban una champa como pasajeros, con destino al Corregimiento de Cértegui, donde había parada obligada, para recoger a otros pasajeros, que también tenían como destino Quibdó; en ese periplo coincidían muchas veces, con los hermanos Tomás de Aquino y Rómulo Moreno, Manuel Arcindo Palacios y Arnoldo Palacios, entre otros, todos naturales de esa población.

Continuando el viaje, río abajo, desembocaban en el Río Quito, para pernoctar en Paimadó. Al día siguiente, se reanudaba la marcha, pasando por las poblaciones ribereñas de la época, para caer en el Atrato, con destino final Quibdó. El regreso de los estudiantes desde Quibdó aTadó, como es natural, era más demorado, puesto que había que remontar la corriente; en razón a ello, era poco probable que los estudiantes, regresaran a Tadó, en tiempo de vacaciones de Semana Santa, e inclusive hasta las de mitad de año.

Hoy día, los Tadoseños tienen la comodidad y ventaja, de viajar temprano, a desayunar en Quibdó, hacer sus diligencias y regresar sin prisa el mismo día.

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