La Columna de Odín. EL ARBOL DE JICACO

MANO PELE, CHUSPA AL SUELO

Es un árbol como el Pichindé de las orillas del río, que crece en las playas del Pacifico, cuya sombra producida por sus frondosas ramas, eran utilizadas por los vecinos y turistas en alguna época, para hacer el amor.
El Domingo pasado estaba escuchando a «Tanislao», abozado de nuestra Cantautora Zully Murillo, cuando aprovechando el ocio de la pandemia y de pura coincidencia terminé hablando telefónicamente con el amigo y reconocido personaje Nuquiseño Ramon “Flaco” Ramírez, quien hizo REYISMO conmigo, pero terminó haciendo MAYISMO. El cual era asiduo visitante de la residencia de “Pepe” Cañadas, en cuanto Ramon estaba por Quibdó me cuentan, celebraban unas agradables veladas de Chistes, anécdotas e historietas, amenizadas por Ramon, a las que asistían entre otros: Mariano Moreno, “El Compa” Bonilla, “Guillermito” Valencia, El Finado “Kiki” Mayo, “Augucho” Londoño y otros, que meneaban al estilo MAYISTA el vaso de Whisky con hielo o de Ron Medellin 8 años.
Empezamos hablando de la época de los «Chicaneros» o grupo de apoyo cercano al dirigente Reyes Murillo Sánchez, del que hacían parte además de Ramon: Vicente Rengifo, Santos Asprilla, Bernardo Murillo, y el extinto Alejandrino Gamboa, progenitor del actual Alcalde de Nuquí, y terminamos hablando y recordándonos de personajes que interactuaron en la década de los años 60: Libardo Hinestroza Sarrias, Santos López Murillo, los hermanos Cruz Prado y Alonso Klinger, y Américo Murillo padre de Zully Murillo, “Ameriquito”, Alexis, Nicolas «Joromito» y “Leonorcita”, y de quien se conocían alegres y picantes anécdotas, entre ellas una sobre los orígenes de la vena musical de sus herederos, la que según Alirio “Chandú”, hijo del Profesor Marlon, y sobrino de la educadora Leonor, a la sazón primos de los Murillo Londoño, sostenía que dicha vena provenía del apellido Londoño y no del Murillo, a lo que Don Américo se le emputó a Chandú, poniéndolo en su puesto y diciéndole que sus hijos eran Murillo, reiterándole o dándole a entender, que esa vena artística provenía del apellido Murillo. Con el Dr. Américo hijo, nos hemos reído en varias ocasiones de esta pequeña historia, por el afán que tenía Chandú de tener para la música, el mismo oído que se les conoce y tienen casi todos los hermanos Murillo Londoño.
Pero volviendo al tema de la conversación con Ramon “Flaco”, con su acostumbrada facilidad para recrear distintos sucesos de Nuquí -El Jardín de Colombia- como el aún le dice a su pueblo, me contaba la anécdota del abuso sexual en menor de edad y alumna de la escuela del corregimiento de Panguí, cometido por el Profesor Aparicio. Contaba Ramon que, al conocerse los hechos de la violación, escandalizarse la noticia por las quejas o noticia criminal puesta por los padres de la víctima, el Juez del Municipio Don Américo Murillo, a través de su secretario Audiver Acosta, libró las correspondientes boletas de citación para que acudieran a su despacho el implicado y los padres de la víctima como voceros de esta. No sin antes recordar “Flaco” Ramírez, que eran las épocas del MAGISTET DIXIT, de la elevada credibilidad y respeto por la palabra y personalidad del Maestro, y que, para las gentes de esos pueblos, lo que decía el docente era la última palabra.
Llegada la hora de la diligencia y después de escuchar a los padres de la menor, Don Audivert Acosta, secretario del Juzgado, le toma el Juramento de rigor al presunto victimario, le pregunta sobre los generales de ley, y acto seguido para que el señor Juez iniciara el correspondiente interrogatorio, le dice con una ritualidad: «Señor Juez, es todo suyo» en otras palabras: “Don Américo, acábelo”.
En aquella época el transporte de Panguí a Nuquí y viceversa se hacía comúnmente en bote de vela, o por el corredor de playa en marea baja que daba al otro lado de Nuquí, que separaba el río que lleva su nombre. Ruta que habían tomado los del litigio, y que en cualquier trecho según el relato del Profesor Aparicio pudo haberse cometido el abuso en una tarde de paseo escolar.
El profesor Aparicio, en su adornada defensa aprovechó para ensalzar la personalidad del Juez, en una actitud de típica lambonería, insinuando que todo lo sucedido había sido producto del consentimiento; hasta cuando ya para finalizar su florido discurso, le manifestó: «Señor Juez, y bajo la sombra de un frondoso árbol de Jicaco allí la Poseí». Después de unos minutos de expectante silencio, Don Américo, el Juez de la causa en tono serio y ceremonioso sentenció: “Entonces mi apreciado Profesor Aparicio, como allí en ese árbol de Jicaco la poseíste, te vas para Quibdó, pero para la Carcel”.
En esa época los sentenciados en las jurisdicciones municipales eran remitidos a la cárcel ANAYANCY de Quibdó, lugar en donde el Profesor Aparicio purgó 8 años de prisión, pese a ser el distinguido educador, de poseer un fluido y florido lenguaje con el cual no pudo doblegar la recia e insobornable capacidad de impartir justicia de Don Américo Murillo, capacidad que tanto se requiere hoy en la lucha contra la CRIMINALIDAD.

Atentamente
ODIN SANCHEZ MONTES DE OCA

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