La Columna de Odín. La muerte de Mikito.

MANO PELE, CHUSPA AL SUELO

Los lectores del Manduco, entre ellos los de mi columna, estoy seguro que están pendientes de la muerte de MIKITO, la que aplazamos, primero por el reintegro de Ariel el Gobernador, y después por la designación de su gabinete, y como lo dije en la anterior entrega: La política mata lo que sea. Pero permítanme pues, continuar con la historia «De que toda comida no se come», de la que es actor principal Mikito; haciendo un gran esfuerzo de asociación y capacidad de síntesis a ver si en más o menos 1.000 caracteres, los pongo en contexto:
Hace 4 o 5 décadas, yo iba mucho a Istmina «la coqueta», como le decía cuando irrumpí en la política (por la escases de votos); contrario sensu, a la época a la cual me voy a referir; y me quedaba o me hospedaba primero donde el patriarca y comerciante Armando Ríos Palacios, oriundo del Baudó como Machito el padre del “Bagre enjabonado». Era Armando el Papá de Armando Junior, y de la investigadora Alicia Ríos, ambos fallecidos; de “Mello Piquiña” y de Jucelino, los más relacionados. Y cuando ya estaba terminando la carrera de derecho me alojaba donde Don Olegario Castillo “El compita”, como cariñosamente le decíamos; Comerciante, dedicado a la compra de Oro y Platino desde un puesto o cubículo que ubicaba todos los días al pie o entrada de su residencia, padre de Miguel Ángel, Junior o “Legue-Legue” y Jeremías, los más conocidos.
Ambas familias vivían en la calle comercio de Istmina vieja, casi que diagonal, Olegario en la acera izquierda y Armando en la derecha, dándole la espalda a la quebrada San pablo; tenían en común que ambos eran importantes capitanes Lozanistas, habiendo sido Armando, además de Diputado, concejal de Istmina, compañero de Don Jorge Aldemar, Juan Bota, Eloy Valdez, Eladio Mosquera (Padre), abuelo de Harold el excandidato a la Alcaldía de Quibdó. Cuenta la historia que en aquel entonces Armando Ríos a quien era muy difícil que le ganaran una en el concejo porque además de embilletado era grandote, mandó a comer lo que dijo la vieja a sus colegas, porque les dijo en una de esas acaloradas discusiones: «Ustedes son una parranda de ambericuies». Hasta hoy el notablato Cordobista anda buscando en los diccionarios, el significado de la Palabreja.
Don Armando Ríos, era de los comerciantes más reconocidos de la época, solo comparable con Ramon Garcés Doria; su negocio de Abarrotes surtía los Chuzos y pequeñas tiendas o negocios de los caseríos de los ríos San juan y Baudó. Despachaba su clientela desde un escritorio, lleno de facturas, de viandas o portas que contenían el desayuno o el almuerzo, que cuando Armando no alcanzaba a digerir, se quedaban allí, hasta cuando con consentimiento o sin este, Mikito las desocupaba, engulléndose todo su contenido.
Camellón de la República, era el barrio Lozanista por excelencia, allá vivía mucha gente de Las Mojarras y tenían su residencia: Jovina Rojas, los hermanos Rivas, Marcos, Orfilio “Fio-Fio” (quien había sido Tesorero y Personero), y Mikito el acompañante de Armando, entre otros.
La historia de Mikito, no hubiera tenido alguna trascendencia, si el pastel que se comió, y que entre otras cosas iba dirigido a Armando Ríos, no le hubiera causado la muerte por envenenamiento. En efecto ese sábado, antes de bajar las pesadas puertas de hierro de la Bodega, Mikito había apurado a mano limpia el pastel de Puerco envuelto en las grasientas hojas de Bijao. Esa tarde noche, el finado Mikito llegó a su casa de Camellón con un fuerte dolor de estómago, el que mal tratado con lavados de todo tipo, le fue hinchando todo el cuerpo; hasta que días después murió, según dijo el dictamen Médico por envenenamiento.
En el San Juan por comida, no hubo, ni hay problemas; se come mucho queso costeño, y en la subienda «La Gallina Atrateña». Sus gentes, como sus dirigentes son buenos comensales; tanto que son dueños de unos estómagos y esófagos complacientes, que a cada rato se van de lipo por estar hartando tanto, y por ende son comunes los apodos referidos a este tema: «Come solo», «las bastantonas», «los Come vacío», o «las traga entero»; solo a Dios gracia que no se envenenan como el infortunado Mikito por estar comiendo pastel de puerco o todo tipo de comida, porque sus dirigentes solo le jalan al suculento plato de REGALIAS.
Atentamente:
Odín Horacio Sánchez Montes de Oca

3 pensamientos sobre “La Columna de Odín. La muerte de Mikito.

  1. Muy jocoso y anecdótico el artículo del doctor Odin Sánchez, además evocador y nostálgico, sin dejar a un lado la ironía del remate. Me dio mucho gusto leerlo.

  2. Doctor Odin, me dió un paseo por mi pueblo y por mi barrio.
    PD. Se le olvidó Caldo de Queso hermano de las Rojas en Camellón.
    James Prado

  3. Su artículo es agradable, plasma en el relatos memorables de la cotidianidad e ideosincracia de mi pueblo natal y lo hace con un buen estilo narrativo-humorístico. Espero continúe cultivando sus publicaciones con tan peculiar estilo
    CAPRA

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