ELN UN GRUPO QUE SE FORTALECE DESDE SUS TRINCHERAS EN EL CHOCÓ CON LA DESIDIA DEL ESTADO

El Chocó desde su creación como departamento ha padecido innumerables dificultades que han impedido su desarrollo, esto, a pesar de su favorable ubicación geográfica y su basta y diversa riqueza natural; que hoy lo han llevado a ser considerado pulmón del mundo y bastión en la lucha contra el cambio climático.
Tras poco más de 70 años desde haber sido elevado a la categoría de departamento, hemos observado que los chocoanos han tenido que librar una ardua lucha en contra del abandono estatal, quien como si de un hijo no deseado se tratase, ha incumplido con sus obligaciones del debido cuidado que caracteriza a los buenos padres; al punto que para lograr el poco desarrollo de que hoy goza, han tenido que acudir a las vías de hecho, como lo han sido los paros cívicos, el primero en 1967, tan solo 20 años después de su creación y el ultimo en el 2017; convirtiéndose estos, en los únicos canales para que desde el gobierno central se atiendan las grandes necesidades del pueblo chocoano.
Ahora bien, como si lo anterior no fuera suficiente, para el Chocó su estratégica ubicación geográfica no ha sido una bendición que lo ayude a alcanzar el desarrollo, sino por el contrario, una maldición que ha traído un sinnúmero de grupos al margen de la ley (ELN, FARC, Paramilitares, Bacrim, delincuencia común, etc.), quienes cada día se pelean el territorio para hacerse a las principales rutas de narcotráfico hacia Centro y Norte América, dejando en el medio de esa violenta disputa a la población civil, quienes han tenido que desplazarse para salvaguardar su vida, perdiendo de paso todas sus pertenencias. El principal y más fuerte de estos grupos es la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, más conocido por sus siglas como el ELN, que en este territorio opera a través del Frente de Guerra Occidental, en cabeza del comandante Uriel, y quien de acuerdo con el relato de algunas de sus víctimas, es un guerrillero sanguinario, despiadado e intransigente, quien no da su brazo a torcer. Entre sus actividades se cuentan principalmente el tráfico de armas y drogas, el secuestro de personas, la instigación, persecución y asesinato de líderes sociales y defensores de derechos humanos, y el más grave, la violación, reclutamiento y muerte de menores, ya sea por acciones directas o indirectas. Se trata pues de una guerrilla que no tiene respeto alguno por el Derecho Internacional Humanitario (DIH) ni los derechos humanos, al punto que el gobierno nacional hace varios años lo declaro como un grupo terrorista, recibiendo el apoyo incondicional de Estados Unidos, pais que ha padecido las devastadoras consecuencias del tráfico masivo de drogas hacia su territorio.

Hace unos años, cuando el ex presidente Juan Manuel Santos firmó el acuerdo de paz con las guerrillas de las FARC, vimos cómo se abría una puerta de esperanza, pues al tiempo que se alcanzó ese importante logro en la historia de nuestro país, otra comisión se encontraba adelantando diálogos con la guerrilla del ELN, diálogos que parecían estar adelantados, pero que desafortunadamente tras la llegada del presidente Iván Duque, se fueron al traste, y han desembocado en el recrudecimiento de la guerra.
Hoy el panorama en materia de seguridad, tras el fracaso en las conversaciones con el ELN, es totalmente desalentador, pues la fuerza pública no ha logrado derrotarlos, y, por el contrario, su fuerza efectiva a incrementado, esto, guardando directa relación con el reclutamiento de menores, quienes bajo todo tipo de promesas y/o amenazas son forzados a abandonar sus familias para hacer parte de las filas de esta guerrilla. Esto es una verdadera lastima, pues se trata de niños que en su mayoría no tienen pleno conocimiento de todo lo que representa la vida bajo esas condiciones; menores a los que su inocencia, su sexualidad y todos sus sueños han sido arrebatados de manera abrupta, sin dejarles ninguna oportunidad de escapar al horror de la guerra.
Si todo eso ha ocurrido durante tanto tiempo, hoy, cuando nos encontramos confinados por cuenta de los decretos presidenciales que declararon la emergencia sanitaria y económica para enfrentar la pandemia mundial del Covid 19 (Coronavirus), y cuando tantas familias han mermado notablemente sus ingresos y las ayudas humanitarias del gobierno son mínimas o simplemente no llegan a todos los rincones, mucho menos al Chocó; la exposición a ser reclutados será mucho mayor, y ese es un objetivo claro del comandante Uriel, quien ha ordenando a sus hombres, salir a patrullar día y noche las selvas y pueblos del Chocó para fortalecer su presencia y su estructura, lo cual resulta muy preocupante, pues de parte de la fuerza pública y demas autoridades no se advierten ningún tipo de decisiones al respecto.

Mientras tanto, el Estado infame, la sociedad indiferente y una guerrilla que hace décadas perdió su horizonte, siguen viendo al Chocó como un balón sin dueño al que todo el mundo puede usar y abusar.

Por: Andrés Palacios R.D, Columnista y miembro de la ONG Ayuda en Acción.

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